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Contexto histórico

Los Esenios y Qumrán

Los Manuscritos del Mar Muerto

Un grupo judío riguroso que esperaba el fin de los tiempos, y la biblioteca escondida en cuevas junto al Mar Muerto, con copias de la Biblia mil años más antiguas.

Un pastor, una cueva y unas vasijas de barro

En el invierno de 1946 a 1947, según el relato más conocido, unos pastores beduinos buscaban un animal perdido en las laderas junto a la orilla noroeste del Mar Muerto. Uno de ellos, Muhammad edh-Dhib, lanzó una piedra por una abertura de la roca y oyó romperse cerámica. Dentro de la cueva había vasijas cilíndricas con rollos de cuero, algunos envueltos en lino. Los primeros siete manuscritos pasaron por comerciantes de antigüedades de Belén, por un arzobispo sirio ortodoxo de Jerusalén y por estudiosos que al principio dudaron de su antigüedad. En 1947, el profesor Eleazar Sukenik, de la Universidad Hebrea, reconoció que eran textos de la época del Segundo Templo, de unos dos mil años. Comenzaba el mayor hallazgo de manuscritos bíblicos de los tiempos modernos, a pocos pasos de las ruinas de Jirbet Qumrán, a unos 20 kilómetros al este de Jerusalén.

Once cuevas y una biblioteca

Entre 1947 y 1956, beduinos y arqueólogos localizaron once cuevas con manuscritos. La Cueva 4, justo al lado de las ruinas, guardaba unos 15 000 fragmentos, restos de cientos de rollos. En total se conocen partes de unos 900 manuscritos, la mayoría en hebreo, una parte en arameo y pocos en griego, copiados entre el siglo III a.C. y el siglo I d.C. Cerca de una cuarta parte son libros bíblicos; los demás incluyen comentarios, oraciones, himnos, reglas de comunidad, calendarios y obras conocidas por otras tradiciones, como Enoc y Jubileos. Entre 1951 y 1956, el dominico Roland de Vaux excavó Jirbet Qumrán y encontró un conjunto de edificios con salas de reunión, cisternas, piletas con escalones, un taller de cerámica y hasta tinteros. Concluyó que el lugar fue destruido por los romanos hacia el 68 d.C., durante la guerra judía; es plausible que los rollos se escondieran poco antes.

Una Biblia mil años más antigua

Antes de 1947, los manuscritos completos más antiguos de la Biblia hebrea eran códices medievales, como el de Alepo, del siglo X, y el de Leningrado, de 1008. En Qumrán aparecieron fragmentos de todos los libros del Antiguo Testamento, excepto Ester. Los más copiados fueron Salmos, Deuteronomio e Isaías, justamente los libros que el Nuevo Testamento más cita. El gran rollo de Isaías de la Cueva 1 contiene los 66 capítulos del profeta en unos 7 metros de cuero y suele fecharse en el siglo II a.C. Comparado con los textos medievales, muestra diferencias de ortografía y algunas variantes, pero el contenido es esencialmente el mismo tras más de mil años de copias. Otros manuscritos revelan que circulaban formas distintas del texto, algunas cercanas a la traducción griega, la Septuaginta. Para quien lee la Biblia hoy, Qumrán da testimonio del cuidado en la transmisión y ayuda a los traductores en pasajes difíciles.

Quiénes eran los esenios

Los esenios no aparecen en el Nuevo Testamento, pero tres autores del siglo I los describen. Filón de Alejandría y Josefo cuentan más de cuatro mil miembros, repartidos por ciudades y aldeas de Judea. Josefo, que dice haber probado la vida del grupo en su juventud, describe una disciplina severa: unos tres años de prueba antes de la admisión plena, bienes en común, ropas blancas, baños de purificación antes de comidas tomadas en silencio, juramentos solemnes de guardar las enseñanzas y obediencia a los superiores (Guerra de los judíos 2). Guardaban el sábado con más rigor que cualquier otro grupo judío. Muchos vivían sin casarse, aunque Josefo menciona una rama que se casaba. Plinio el Viejo habla de un pueblo solitario, sin mujeres y sin dinero, que vivía entre palmeras en la orilla oeste del Mar Muerto, por encima de En-Guedi (Historia natural 5.73). Esa nota fue la que llevó a los investigadores a pensar en Qumrán.

Hijos de la luz a la espera del fin

Los textos propios de la comunidad, como la Regla de la Comunidad y el Documento de Damasco, revelan un grupo que se veía como el verdadero Israel de los últimos días. Sus miembros se llamaban hijos de la luz y esperaban una batalla final contra los hijos de las tinieblas, descrita en el Rollo de la Guerra. Recordaban a un fundador, el Maestro de Justicia, perseguido por un adversario llamado Sacerdote Impío, quizá uno de los sumos sacerdotes asmoneos. Seguían un calendario solar de 364 días, distinto del que se usaba en el Templo, y por eso consideraban defectuoso el culto de Jerusalén. Esperaban no uno, sino dos ungidos, uno sacerdotal y otro real, además de un profeta. Para explicar la vida en el desierto, la Regla cita Isaías 40:3: preparar en el desierto el camino del Señor, que ellos entendían como estudiar y cumplir la Ley. Practicaban una pureza rigurosa y comidas comunitarias, y excluían de las asambleas santas a quienes tuvieran defectos físicos.

¿Eran esenios los de Qumrán? Un debate abierto

La mayoría de los especialistas identifica a los habitantes de Qumrán con los esenios, o con una rama de ellos. Los motivos son fuertes: la ubicación que describe Plinio, la vida comunitaria, los bienes compartidos, los baños rituales, el rigor en el sábado y el énfasis en la providencia de Dios, todo parecido a lo que relata Josefo. Pero hay diferencias, y la palabra esenio nunca aparece en los manuscritos. Algunos estudiosos señalan que ciertas leyes de pureza de los rollos coinciden con posturas que la tradición rabínica atribuye a los saduceos. Otros han propuesto que Jirbet Qumrán fuera una fortaleza, una casa de campo o un taller de cerámica, y que los rollos vinieran de bibliotecas de Jerusalén, escondidos durante la guerra. Estas alternativas son minoritarias, pero piden cautela. Lo más seguro es decir: la biblioteca perteneció a un movimiento judío sectario muy parecido a los esenios, y muchos rollos reflejan ideas compartidas por otros judíos de la época.

Juan el Bautista y Jesús: vecinos, no discípulos

Juan el Bautista predicó y bautizó en el desierto de Judea y junto al Jordán, a pocas horas de camino de Qumrán, y Lucas dice que vivió en el desierto hasta comenzar su misión (Lucas 1:80). Como la comunidad, aplicó a sí mismo Isaías 40:3, anunció un juicio inminente y usó el agua como señal de purificación. Por eso muchos se preguntan si Juan pasó por Qumrán. Es una hipótesis posible, pero sin pruebas, y las diferencias son grandes: Juan hablaba a multitudes, bautizaba una sola vez, recibía a publicanos y soldados (Lucas 3:12-14) y no se retiró a una comunidad cerrada. Con Jesús pasa algo parecido. Como los rollos, habla de un reino que viene y cita Isaías 61. Pero, mientras la comunidad prohibía sacar un animal de un pozo en sábado y apartaba a cojos y ciegos de la asamblea, Jesús sana en sábado y manda invitarlos al banquete.

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