Una sumisión que empieza mutua
Una enseñanza para las esposas · Efesios 5:21–24
21Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
Contexto
Esta instrucción no empieza en el v. 22. Nace del v. 18, sed llenos del Espíritu, y desemboca en el v. 21: todos sometiéndose unos a otros en el temor de Cristo. En el griego original, el v. 22 ni siquiera tiene verbo propio; toma prestado el verbo del v. 21. Pablo escribe a casas en las que la mujer casi no tenía voz, y aun así se dirige a ella directamente, como a alguien que elige delante de Dios.
Lo que enseña la Biblia
Antes de decir una palabra a las esposas, Pablo habla a toda la iglesia: «Someteos unos a otros en el temor de Dios». La sumisión, en la Biblia, no es inferioridad; es la disposición libre de poner el bien del otro por delante del propio. Jesús es el mayor ejemplo: se sometió al Padre sin ser menos que el Padre. Por eso, la sumisión no es algo que el marido exige, es algo que la esposa ofrece, como al Señor.
Y ese como al Señor también marca el límite. Ninguna esposa debe obedecer lo que Cristo prohíbe: mentir, encubrir un delito, aceptar humillaciones, participar en lo que la degrada. El en todo del v. 24 cabe dentro de un amor que se parece al de Cristo. Tanto es así que, en el v. 25, Pablo exige al marido un amor que llega hasta la cruz, y en el v. 33 pide a la esposa respeto, no miedo.
En la práctica, la sumisión mutua aparece en decisiones conversadas, en escuchar antes de discrepar, en apoyar en público y discrepar con respeto en privado. Para la esposa casada con alguien que no cree, o que está lejos de este ideal, el llamado sigue siendo el temor de Cristo: ella responde primero a Dios.
En la práctica
Elijan una decisión pendiente de la casa y conversen hasta que los dos hayan hablado y se hayan sentido escuchados, antes de decidir.
Para conversar
En nuestra casa, ¿qué significa, en la práctica, someternos el uno al otro en el temor de Cristo?
Oración
Señor Jesús, tú te hiciste siervo sin dejar de ser Señor. Enséñame a honrar a mi marido por amor a ti, con libertad y no con miedo. Danos un hogar en el que los dos se sometan el uno al otro y en el que tú seas el centro. Amén.