Cuando solo uno cree
Una enseñanza para parejas · 1 Corintios 7:12–16
12Pero a los demás, yo, no el Señor, os digo: Si algún hermano tiene una esposa incrédula, y ella se contenta con vivir con él, que no la deje. 13La mujer que tiene un marido incrédulo, y éste se contenta con vivir con ella, que no deje a su marido. 14Porque el marido incrédulo se santifica en la mujer, y la mujer incrédula se santifica en el marido. De lo contrario, vuestros hijos serían impuros, pero ahora son santos. 15Pero si el incrédulo se aparta, que haya separación. El hermano o la hermana no están sometidos en tales casos, sino que Dios nos ha llamado en paz. 16Pues ¿cómo sabes, esposa, si salvarás a tu marido? ¿O cómo sabes, esposo, si salvarás a tu esposa?
Contexto
Los corintios le habían preguntado a Pablo sobre varias cuestiones del matrimonio. Algunos cristianos casados con personas que no creían en Jesús se preguntaban si la fe los obligaba a separarse, como si el cónyuge contaminara la casa. Pablo distingue lo que Jesús enseñó directamente de lo que él mismo orienta como apóstol, y aquí responde a un caso que Jesús no había tratado.
Lo que enseña la Biblia
La respuesta de Pablo va a contramano del miedo: si el cónyuge no creyente consiente en vivir juntos, no lo abandones. Y da la razón: «el marido incrédulo se santifica en la mujer». Eso no quiere decir que sea salvo automáticamente; quiere decir que la casa no queda impura. La presencia de quien cree hace de ese hogar un lugar donde Dios está actuando, incluso en la vida de los hijos.
Pablo, sin embargo, es realista. Si el no creyente decide irse, quien cree no está atado, porque «Dios nos ha llamado en paz». Y pregunta: ¿cómo sabes si podrás salvar a tu cónyuge? Nadie convierte a nadie. Eso le quita a quien cree un peso imposible y lo devuelve a su lugar correcto: fidelidad, oración y confianza en Dios.
Pedro, escribiendo a esposas cuyos maridos no obedecen a la palabra, dice que pueden ser ganados «sin palabra», al observar la conducta pura y reverente de ellas (1 Pedro 3:1–2). En la práctica: menos sermón y más vida; respeto a la conciencia del otro; participar en la iglesia sin convertir la fe en disputa; honrar al cónyuge delante de los hijos. Nada de esto, sin embargo, pide que alguien acepte humillación o violencia para mantener la paz.
En la práctica
Esta semana, cambia un intento de convencer por un gesto concreto de amor que tu cónyuge valore. Ora por él o por ella por su nombre, todos los días, sin anunciar que estás orando.
Para conversar
¿Qué podemos hacer juntos, creyendo o no, que nos acerque y respete la conciencia de cada uno?
Oración
Señor, tú conoces mi casa y amas a mi cónyuge más que yo. Quita de mí la prisa y el peso de convertir a alguien. Haz de mi vida un testimonio manso y verdadero, guarda nuestra paz y actúa en el tiempo que solo tú conoces. Amén.
Conoce también: Pablo.