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Contexto histórico

El reino de Herodes

Un rey constructor y su dinastía

Herodes el Grande reinó sobre Judea con el respaldo de Roma, reconstruyó el Templo y dejó una dinastía cuyos reyes atraviesan los Evangelios y el libro de Hechos.

Un idumeo hecho rey por Roma

Herodes no venía de la antigua familia real. Era hijo de Antípatro, un idumeo, de un pueblo del sur que había sido incorporado al judaísmo por la fuerza por el gobernante asmoneo Juan Hircano, hacia el 125 a. C. El padre ascendió sirviendo a Roma, y el hijo aprendió la lección. En el 40 a. C., con los partos ocupando Jerusalén, Herodes huyó a Roma, donde el Senado, con el apoyo de Marco Antonio y Octavio, lo proclamó rey de Judea. Tuvo que conquistar su propio reino: solo tomó Jerusalén en el 37 a. C., con ayuda de legiones romanas. Para ganar legitimidad se casó con Mariamne, princesa de la dinastía asmonea, la familia que había encabezado la revuelta de los macabeos. Cuando Octavio venció a Antonio, Herodes cambió de bando con habilidad y conservó el trono. Reinó hasta su muerte, en el 4 a. C. según la mayoría de los estudiosos, siempre en equilibrio entre dos públicos: el emperador, a quien le debía todo, y un pueblo que nunca lo aceptó del todo.

El rey constructor

Herodes dejó en piedra la huella más visible de su época. Hacia el 20 a. C., en el decimoctavo año de su reinado, comenzó a reconstruir el Templo de Jerusalén (Josefo, Antigüedades 15.380). Amplió la explanada con gigantescos muros de contención hasta formar una plataforma de unas 14 hectáreas; el Muro Occidental, donde hoy oran los judíos, es parte de ese muro. En la costa levantó desde cero la ciudad de Cesarea, con un puerto artificial, el Sebastos, hecho con un concreto que fraguaba bajo el agua, tecnología romana de punta. Construyó palacios fortaleza en el desierto, como Masada, sobre un peñasco junto al mar Muerto, y el Herodión, cerca de Belén, una colina modelada artificialmente donde quiso ser sepultado. Reconstruyó Samaria con el nombre de Sebaste y levantó, junto al Templo, la fortaleza Antonia, bautizada en honor de Marco Antonio. Financió incluso obras y juegos fuera de su reino. Las construcciones daban trabajo a miles, pero costaban impuestos pesados.

Poder, miedo y familia

El mismo hombre era implacable ante cualquier amenaza al trono. Hizo ahogar en una piscina de Jericó al joven sumo sacerdote Aristóbulo III, hermano de Mariamne; después ejecutó a la propia Mariamne, en el 29 a. C., y años más tarde a los dos hijos que tuvo con ella, Alejandro y Aristóbulo, estrangulados hacia el 7 a. C. Pocos días antes de morir, mandó matar también a su primogénito, Antípatro. Josefo cuenta que, ya enfermo, ordenó encerrar a hombres importantes en el hipódromo de Jericó para que los mataran el día de su muerte, asegurando luto en el país; la orden no se cumplió (Antigüedades, libro 17). Es en este marco donde Mateo narra la matanza de los niños de Belén. Ninguna fuente fuera de la Biblia la menciona, pero Belén era una aldea pequeña, y muchos estudiosos calculan que pocos niños fueron afectados, un episodio pequeño frente a los crímenes que registra Josefo. El retrato de Mateo encaja con el de un rey que veía rivales por todas partes.

La herencia dividida

A la muerte de Herodes, Augusto repartió el reino entre tres hijos, sin dar a ninguno el título de rey. Arquelao recibió Judea, Samaria e Idumea como etnarca. Empezó mal: según Josefo, en la Pascua siguiente a la muerte de su padre, sus soldados mataron a unas 3 mil personas junto al Templo. Tras años de quejas de judíos y samaritanos, Augusto lo depuso en el 6 d. C. y lo desterró a Vienne, en la Galia; Judea pasó a tener un prefecto romano. Mateo cuenta que José, al volver de Egipto, tuvo miedo de Arquelao y se fue a Galilea. Filipo recibió los territorios al noreste del mar de Galilea, con población en buena parte no judía, y gobernó hasta el 34 d. C. con fama de moderado. Reconstruyó Paneas como Cesarea de Filipo, donde Pedro confesaría a Jesús como el Cristo, y elevó Betsaida a ciudad con el nombre de Julias. Es el tetrarca Filipo que menciona Lucas.

Antipas, el “zorro” de Galilea

El Herodes que aparece en el ministerio de Jesús es Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea del 4 a. C. al 39 d. C. Reconstruyó Séforis, a pocos kilómetros de Nazaret, y hacia el 20 d. C. fundó una nueva capital a orillas del lago, Tiberíades, en honor del emperador. Se casó con Herodías, que había sido esposa de un medio hermano suyo; Marcos lo llama Filipo, Josefo lo llama simplemente Herodes, y muchos estudiosos piensan que se trata del mismo hombre. Para ello repudió a su primera esposa, hija del rey nabateo Aretas IV, que más tarde le infligió una derrota militar. Josefo confirma que Antipas arrestó y ejecutó a Juan el Bautista en la fortaleza de Maqueronte, por miedo a que su influencia provocara una revuelta, y dice que muchos vieron en la derrota un castigo por la muerte de Juan (Antigüedades 18.116-119). Jesús lo llamó zorro. En el 39 d. C., Calígula lo desterró a la Galia, y Herodías se fue con él.

Los Agripas y el fin de la dinastía

Un nieto de Herodes, Herodes Agripa I, creció en Roma cerca de la familia imperial. Amigo de Calígula y después de Claudio, recibió poco a poco todo el antiguo reino de su abuelo y reinó sobre él del 41 al 44 d. C. Fue él quien mandó matar a Jacobo, hermano de Juan, y arrestar a Pedro (Hechos 12). Su muerte en Cesarea, durante unas fiestas en honor del emperador, la narran Hechos y también Josefo: vestido con un manto de plata que brillaba al sol, fue aclamado como dios, no rechazó la adulación y murió tras cinco días de dolores (Antigüedades 19.343-350). Su hijo, Agripa II, gobernó territorios al norte y tenía autoridad sobre el Templo, incluso para nombrar sumos sacerdotes. Hacia el 59 d. C. escuchó a Pablo en Cesarea junto a su hermana Berenice. En el 66 intentó convencer a Jerusalén de no rebelarse y, en la guerra, se puso del lado de Roma. Con su muerte, hacia el 93 d. C. o poco después, la dinastía de Herodes llegó a su fin.

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