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Historia para contar

Habla, Señor · el niño que aprendió a escuchar

Historia bíblica para contar en familia · 1 Samuel 3:1–10 · edades 4–12 · 10 min

La historia

Samuel era el niño que su madre, Ana, le había pedido a Dios en oración. Siendo todavía pequeño, se fue a vivir a la casa del Señor, en Silo, para servir junto a Elí, el anciano sacerdote. Pero eran tiempos silenciosos. La Biblia dice: «En aquellos días la palabra del Señor escaseaba y no eran frecuentes las visiones». Parecía que Dios casi no le hablaba a su pueblo.

Cierta noche, Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos ya estaban débiles, y casi no veía. La lámpara de Dios aún no se había apagado, y el niño Samuel estaba acostado en el templo, cerca del arca de Dios. Todo estaba en silencio, con olor a aceite quemándose y sombras bailando en la pared.

Entonces el Señor llamó a Samuel. El niño respondió: «Aquí estoy». Se levantó, corrió a donde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Pero Elí, soñoliento, respondió: «Yo no te he llamado; vuelve a acostarte». Samuel volvió a la cama.

El Señor volvió a llamar: «¡Samuel!». Y allá fue otra vez el niño, corriendo hacia Elí. Y Elí, de nuevo: «Hijo mío, yo no te he llamado; vuelve a acostarte». El texto explica por qué Samuel se confundía: «Samuel aún no conocía al Señor, ni se le había revelado todavía la palabra del Señor». Él servía en el templo, pero todavía no había oído la voz de Dios.

Por tercera vez, el Señor llamó, y por tercera vez Samuel corrió hacia Elí. Entonces el anciano sacerdote se dio cuenta: ¡era Dios quien estaba llamando al niño! Elí podría haber sentido celos o haber mandado a Samuel a dormir. En cambio, le enseñó: «Ve y acuéstate. Si te llama, dirás: ‘Habla, Señor, que tu siervo escucha’». Y Samuel volvió a su lugar.

Entonces sucedió algo solemne. La Biblia dice que el Señor se presentó y llamó como las otras veces: «¡Samuel! ¡Samuel!». Dios lo llamó por su nombre, dos veces. Y Samuel respondió: «Habla, que tu siervo escucha». Fíjate en un detalle: nervioso, quizá temblando, hasta olvidó una palabra de lo que Elí le había enseñado. Pero su corazón estaba listo para escuchar, y eso fue lo que importó.

Lo que Dios dijo esa noche fue difícil: era un mensaje serio sobre la casa de Elí, cuyos hijos hacían el mal. Por la mañana, Samuel tuvo miedo de contarlo, pero Elí insistió, y Samuel le dijo todo, sin esconder nada. Desde ese día, Samuel creció, el Señor estaba con él, y todo Israel reconoció que era profeta. El tiempo del silencio había terminado, porque un niño aprendió a decir: habla, que estoy escuchando.

1El joven Samuel servía al Señor a las órdenes de Elí. En aquellos días la palabra del Señor escaseaba y no eran frecuentes las visiones. 2Cierto día, Elí estaba acostado en su habitación (sus ojos empezaban a debilitarse y no podía ver). 3La lámpara de Dios aún no se había apagado, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el arca de Dios. 4El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». 5Corrió a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Elí dijo: «Yo no te he llamado; vuelve a acostarte». Y él se fue a acostar. 6El Señor volvió a llamar: «¡Samuel!». Samuel se levantó, fue a donde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Respondió él: «Hijo mío, yo no te he llamado; vuelve a acostarte». 7Samuel aún no conocía al Señor, ni se le había revelado todavía la palabra del Señor. 8El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Él se levantó, fue a Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Entonces Elí comprendió que el Señor llamaba al joven. 9Por eso Elí dijo a Samuel: «Ve y acuéstate. Si te llama, dirás: «Habla, Señor, que tu siervo escucha»». Samuel se fue y se acostó en su sitio. 10El Señor se presentó y llamó como las otras veces: «¡Samuel! ¡Samuel!». Entonces Samuel dijo: «Habla, que tu siervo escucha».
1 Samuel 3:1–10 · SBLM

Lo que dice la Biblia

Lo que aprendemos

Dios habla a los pequeños y llama a cada uno por su nombre. Samuel no reconoció solo la voz de Dios: necesitó a un adulto que lo ayudara a entender, y eso muestra el valor de los padres, abuelos y mentores que apuntan a Dios en lugar de a sí mismos. Escuchar también exige valentía, porque a veces Dios dice lo que es difícil. Hoy Dios nos habla principalmente por la Escritura y, de modo pleno, por Jesús, la Palabra que se hizo carne (Hebreos 1:1–2).

Preguntas para conversar

Para los pequeños

Para niños

Para adolescentes

Para adultos

Actividad

Jueguen a reconocer voces: con los ojos cerrados, el niño escucha a cada persona de la familia decir su nombre y adivina quién fue. Después conversen: ¿cómo aprendemos a reconocer la voz de alguien? Terminen leyendo un versículo en silencio, antes de dormir.

Para memorizar: 1 Samuel 3:10

Oración

Habla, Señor, que estamos escuchando. Enséñanos a hacer silencio, a abrir tu Palabra y a reconocer tu voz. Gracias por las personas que nos ayudan a conocerte. Amén.

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