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Historia para contar

El sepulcro vacío · venid a ver: ha resucitado

Historia bíblica para contar en familia · Mateo 28:1–10 · edades 4–12 · 10 min

La historia

Después de aquel viernes tan triste vino el sábado, el día de reposo. Y muy temprano el domingo, cuando el cielo empezaba a aclarar, dos mujeres salieron de casa: María Magdalena y la otra María. Iban a ver el sepulcro donde habían puesto a Jesús. Su corazón todavía estaba pesado.

¡De repente, la tierra tembló! Fue un gran terremoto. Un ángel del Señor bajó del cielo, removió la enorme piedra de la entrada del sepulcro y, imagínate, se sentó encima, como diciendo: esta piedra ya no manda. El rostro del ángel brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Los guardias que vigilaban el sepulcro temblaron de miedo y se quedaron como muertos.

Pero a las mujeres el ángel les habló con cariño: «No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor».

Fíjate en la invitación: venid, ved. La piedra estaba fuera de su lugar, y las mujeres podían mirar con sus propios ojos. El lugar donde habían puesto el cuerpo de Jesús estaba vacío. Dios no les pidió que creyeran con los ojos cerrados; las llamó a ver. Jesús había avisado muchas veces que iba a resucitar al tercer día. Ahora la promesa se había cumplido delante de ellas, justo allí, a la luz de la mañana.

Enseguida vino una misión: «id pronto y decid a sus discípulos». Cuéntenles que ha resucitado y que va delante de ellos a Galilea. Las mujeres salieron corriendo del sepulcro, con temor y gran gozo al mismo tiempo. ¿Alguna vez sentiste eso? El corazón latiendo fuerte de susto y de felicidad, todo junto.

En medio del camino, una sorpresa todavía mayor: el propio Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Alegraos!» Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y lo adoraron. Era él mismo, vivo, con pies que se podían abrazar. No era un fantasma, ni un sueño, ni solo un recuerdo bonito.

Jesús repitió lo que el ángel había dicho: «No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán». ¡Mis hermanos! Pocos días antes, los discípulos habían huido y dejado solo a Jesús. Y ahora él los llama hermanos. Las primeras mensajeras de la mejor noticia del mundo fueron dos mujeres corriendo por el camino al amanecer.

1Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: «No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho». 8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. 9Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: «¡Alegraos!» Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10Entonces Jesús les dijo: «No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán».
Mateo 28:1–10 · SBLM

Lo que dice la Biblia

Lo que aprendemos

La resurrección es el corazón de la fe cristiana: Jesús venció la muerte de verdad, con su cuerpo, y cumplió lo que había prometido. Dios invita a mirar y comprobar, y después envía a contar. El miedo y la alegría pueden ir juntos; la fe no exige que dejemos de sentir miedo. Y Jesús resucitado llama hermanos a los que le habían fallado. Para quien se equivocó, en nuestra casa o fuera de ella, siempre hay camino de regreso.

Preguntas para conversar

Para los pequeños

Para niños

Para adolescentes

Para adultos

Actividad

Sepulcro vacío: acuesten una caja o un vaso de lado para que sea el sepulcro y usen una tapa o una bola de papel como piedra. Adentro, pongan un pañito doblado. Un niño rueda la piedra, todos miran y dicen juntos Mateo 28:6. Después, cada uno elige a quién le va a contar esta buena noticia durante la semana.

Para memorizar: Mateo 28:6

Oración

Señor Jesús, ¡tú estás vivo! Gracias porque la muerte no pudo retenerte. Quita el miedo de nuestro corazón y llena nuestra casa de alegría. Haz de nosotros mensajeros de tu buena noticia. Amén.

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