La merienda del niño · cinco panes, dos peces y una multitud
Historia bíblica para contar en familia · Juan 6:1–14 · edades 3–12 · 10 min
La historia
Jesús cruzó el mar de Galilea, y una multitud enorme lo siguió. Esas personas habían visto las señales que Jesús hacía sanando a los enfermos y querían estar cerca. Jesús subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta que recordaba cómo Dios liberó a su pueblo de Egipto.
Jesús alzó los ojos y vio a toda esa gente que llegaba. Era muchísima gente. Entonces le hizo una pregunta a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar pan para que coman estos?» El evangelio cuenta que Jesús dijo esto para ponerlo a prueba, porque él mismo ya sabía lo que iba a hacer.
Felipe hizo las cuentas y se asustó. Un denario era el pago de un día de trabajo. Respondió: «No les bastaría con doscientos denarios de pan, para que cada uno reciba un poco». Haría falta más de medio año de salario, y aun así cada persona recibiría solo un pedacito.
Entonces Andrés, hermano de Simón Pedro, trajo una noticia: «Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué son éstos entre tantos?» El pan de cebada era el pan más sencillo, comida de gente pobre. Y los peces eran pequeños. Era la merienda de un niño, tal vez preparada en casa esa mañana, en medio de miles de personas con hambre.
Pero Jesús no despreció la merienda pequeña. Dijo: «Haced que la gente se siente». Había mucha hierba verde en aquel lugar, y la gente se fue acomodando; solo de hombres había unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes y dio gracias a Dios. Después los repartió a los discípulos, y los discípulos a la gente sentada. E hizo lo mismo con los peces. Pasaba de mano en mano, de mano en mano... ¡y no se acababa! Cada uno comió cuanto quiso.
Cuando todos estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pierda nada». Ellos pasaron entre la gente juntando los trozos. ¡Y llenaron doce cestas! Sobró mucho más de lo que el muchacho había traído al principio.
Al ver la señal, la gente dijo: «Este es verdaderamente el profeta que viene al mundo». No sabemos el nombre de aquel muchacho. No sabemos si le resultó fácil entregar su merienda. Pero sabemos que lo poco que había en sus manos, puesto en las manos de Jesús, alimentó a una multitud.
1Después de estas cosas, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, que también se llama mar de Tiberíades. 2Le seguía una gran multitud, porque veían las señales que hacía con los enfermos. 3Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. 4Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. 5Entonces Jesús, alzando los ojos y viendo que se acercaba a él una gran multitud, dijo a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar pan para que coman estos?» 6Decía esto para ponerle a prueba, pues él mismo sabía lo que iba a hacer. 7Felipe le respondió: «No les bastaría con doscientos denarios de pan, para que cada uno reciba un poco». 8Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9«Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué son éstos entre tantos?» 10Jesús dijo: «Haced que la gente se siente». Había mucha hierba en aquel lugar. Así que los hombres se sentaron, en número de unos cinco mil. 11Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban sentados, asimismo de los peces cuanto quisieron. 12Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pierda nada». 13Así que los recogieron y llenaron doce cestas con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los que habían comido. 14Al ver la gente la señal que Jesús había hecho, dijeron: «Este es verdaderamente el profeta que viene al mundo».
Lo que dice la Biblia
- v. 9: Andrés encontró a un muchacho con cinco panes de cebada y dos peces, pero pensó que era demasiado poco para tanta gente.
- v. 11: Jesús dio gracias y repartió los panes y los peces, y todos comieron cuanto quisieron.
- v. 13: sobraron doce cestas llenas de trozos.
Lo que aprendemos
Jesús no necesitaba la merienda del muchacho para hacer el milagro, pero eligió usar lo que alguien tenía. Dios suele trabajar así: recibe lo poco que tenemos y lo convierte en mucho más de lo que imaginamos. La historia muestra también el cuidado de Jesús por quien tiene hambre, y hasta por las sobras: nada se pierde. Más adelante, en el mismo capítulo, Jesús explica la señal diciendo: «Yo soy el pan de vida». Él mismo es el alimento que sostiene de verdad.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Cuántos panes y cuántos peces tenía el niño? ¡Vamos a contarlos con los dedos!
- ¿Quién le dio comida a toda esa gente?
Para niños
- Andrés pensó que la merienda era demasiado poco. ¿Alguna vez pensaste que lo que tienes es demasiado pequeño para ayudar a alguien?
- ¿Por qué crees que Jesús mandó recoger las sobras?
Para adolescentes
- Felipe hizo las cuentas y vio lo imposible; Andrés encontró lo poco que había. Ante un problema grande, ¿sueles reaccionar más como Felipe o como Andrés?
Para adultos
- ¿Qué recurso pequeño tienes hoy, como tiempo, un don o dinero, que parece demasiado poco, pero que podría ponerse en las manos de Jesús?
Actividad
Pongan en una canasta cinco panes o galletas y dos pececitos dibujados en papel. Cuéntenlos juntos. Después, cada persona elige algo pequeño que tiene, como un juguete, un rato libre o un dibujo, y dice cómo puede ofrecerlo para ayudar a alguien esta semana. Terminen dando gracias y compartiendo una merienda entre todos.
Para memorizar: Juan 6:35
Oración
Jesús, gracias porque tú cuidas de quien tiene hambre. A veces lo que tenemos parece poco. Hoy ponemos en tus manos nuestro poco: nuestro tiempo, nuestros dones, nuestra merienda. Úsalo para bendecir a otras personas. Amén.