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Historia para contar

Un bebé en el pesebre · la buena noticia llega primero a los pastores

Historia bíblica para contar en familia · Lucas 2:1–20 · edades 3–12 · 10 min

La historia

En aquellos días, el hombre más poderoso del mundo, César Augusto, emperador de Roma, mandó contar a todas las personas de su imperio. Era un censo: cada uno tenía que ir a la ciudad de su familia para dar su nombre. Entonces José salió de Nazaret, en Galilea, y subió a Belén, el pueblito de David, porque era de la casa y familia del rey David. Con él iba María, comprometida con él para casarse, esperando un bebé.

El camino era largo, lleno de subidas y piedras. Imagina los pies cansados y el polvo en las sandalias. Y fue justamente en Belén, mientras estaban allí, que llegó el día. María dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales, bien apretadito, como hacían las mamás en aquel tiempo, y lo acostó en un pesebre, el comedero donde comen los animales, porque no había sitio para ellos en la posada.

Muy cerca de allí, en los campos oscuros, había pastores. Pasaban la noche despiertos, cuidando las ovejas, con el frío en la cara y las estrellas allá arriba. Los pastores no eran gente importante; eran trabajadores sencillos, con olor a oveja en la ropa. De repente, un ángel del Señor apareció, y la gloria del Señor brilló alrededor de ellos, una luz tan fuerte que parecía que la noche se había vuelto día. ¡Se llenaron de miedo!

Pero el ángel dijo: «No temáis, porque he aquí que os traigo una buena noticia de gran alegría que será para todo el pueblo.» Y siguió: «Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.» El ángel hasta les dio una pista para encontrar al niño: un bebé envuelto en pañales, acostado en un pesebre. ¡Qué señal tan rara para un rey! Nada de palacio, nada de corona, nada de cuna de oro.

Entonces, de repente, el cielo se llenó. Una multitud del ejército celestial apareció con el ángel, alabando a Dios y diciendo: «Gloria a Dios en las alturas, en la tierra la paz, la buena voluntad hacia los hombres». Cuando los ángeles volvieron al cielo, el campo quedó en silencio otra vez. Los pastores se miraron y se dijeron unos a otros: «Vamos ahora a Belén a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.»

Y fueron a toda prisa, en la oscuridad. Encontraron todo exactamente como el ángel había dicho: María, José y el bebé acostado en el pesebre. Después de ver al niño, los pastores contaron a todo el mundo lo que habían oído sobre él, y todos los que lo oían se asombraban.

María, en cambio, se quedó calladita. Guardaba todas estas palabras, meditándolas en su corazón, como quien guarda un tesoro en una cajita. Y los pastores volvieron al campo, a las mismas ovejas y al mismo frío. Pero ya no eran los mismos: iban por el camino glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.

1En aquellos días, salió un decreto de César Augusto para que se inscribiera todo el mundo. 2Esta fue la primera inscripción que se hizo cuando Quirinius era gobernador de Siria. 3Todos fueron a inscribirse, cada uno a su ciudad. 4También José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, porque era de la casa y de la familia de David, 5para inscribirse con María, que estaba comprometida con él como esposa, estando embarazada. 6Mientras estaban allí, le llegó el día de dar a luz. 7Dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. 8Había en la misma región unos pastores que permanecían en el campo y velaban de noche por su rebaño. 9He aquí que un ángel del Señor se puso junto a ellos, y la gloria del Señor los rodeó, y se asustaron. 10El ángel les dijo: “No temáis, porque he aquí que os traigo una buena noticia de gran alegría que será para todo el pueblo. 11Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. 12Esta es la señal para vosotros: encontraréis un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. 13De repente, apareció con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios y decía 14«Gloria a Dios en las alturas, en la tierra la paz, la buena voluntad hacia los hombres». 15Cuando los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos ahora a Belén a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.» 16Llegaron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17Al verlo, difundieron ampliamente el dicho que se les había dicho sobre este niño. 18Todos los que lo oían se asombraban de lo que les decían los pastores. 19Pero María guardaba todas estas palabras, meditándolas en su corazón. 20Los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.
Lucas 2:1–20 · SBLM

Lo que dice la Biblia

Lo que aprendemos

Dios eligió venir al mundo de una manera que nadie esperaba: como un bebé pobre, en un pueblo pequeño, acostado en el comedero de los animales. Y la primera noticia no se le dio al emperador, sino a pastores que trabajaban de madrugada. Esto muestra que Jesús vino para todo el pueblo, empezando por los que se sienten demasiado pequeños. El texto también muestra dos buenas respuestas a Dios: los pastores fueron deprisa y contaron; María guardó y se quedó pensando. Nuestra familia necesita las dos.

Preguntas para conversar

Para los pequeños

Para niños

Para adolescentes

Para adultos

Actividad

Armen un pesebre con una caja de zapatos, papel picado en lugar de paja y un trapito. Envuelvan una muñeca o un rollito de papel en la tela, como hizo María. Después, apaguen la luz: alguien sostiene una linterna y lee los versículos 10 y 11 como el ángel, mientras los demás, los pastores, van deprisa hasta el pesebre.

Para memorizar: Lucas 2:11

Oración

Dios Padre, gracias porque Jesús vino como un bebé, pequeño y cerca de nosotros. Enséñanos a correr hacia él como los pastores y a guardar sus palabras en el corazón como María. Llena nuestra casa de tu paz. En el nombre de Jesús, amén.

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