El cruce del mar · el Señor pelea por nosotros
Historia bíblica para contar en familia · Éxodo 14:10–31 · edades 4–12 · 10 min
La historia
El pueblo de Israel había sido esclavo en Egipto durante muchos años. Dios oyó su clamor y, por medio de Moisés, por fin los sacó de allí. Miles de familias caminaban por el desierto, con niños, ancianos y animales, y acamparon junto al mar. Pero, en el palacio, el faraón cambió de idea. Tomó seiscientos carros de guerra escogidos y todo el ejército de Egipto y salió tras ellos.
Los israelitas alzaron los ojos y vieron la polvareda: los egipcios venían marchando tras ellos. Delante, el mar. Detrás, los carros de guerra. Tuvieron mucho miedo y clamaron al Señor. Y también se quejaron con Moisés: «¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto?». El miedo hacía que hasta la esclavitud pareciera mejor.
Moisés respondió: «No temáis. Estad firmes y ved la salvación que Yahvé obrará hoy a favor vuestro». Y añadió una frase para guardar en el corazón: «Yahvé peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos». Entonces Dios le dio a Moisés una orden sorprendente: «Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha». ¿En marcha hacia dónde? ¡Hacia el mar!
Esa noche, la columna de nube, que siempre iba delante del pueblo, cambió de lugar y se colocó detrás de ellos, entre los dos campamentos. Del lado de los egipcios, era oscuridad. Del lado de Israel, iluminaba la noche. Así, ninguno de los dos grupos pudo acercarse al otro en toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar un fuerte viento del oriente toda la noche. El mar retrocedió y el fondo se volvió tierra seca. Y el pueblo entró por en medio del mar: «las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda». Imagina a los niños tomados de la mano de sus padres, mirando hacia arriba, viendo paredes de agua a los dos lados, y los pies pisando suelo seco.
Los egipcios entraron tras ellos, con caballos y carros. Pero de madrugada el Señor confundió al ejército, y las ruedas de los carros se soltaron y se atascaron. Los mismos egipcios gritaron: «¡Huyamos de delante de Israel, porque Yahvé pelea por ellos contra los egipcios!». Cuando el pueblo terminó de cruzar, Moisés extendió la mano otra vez, y al amanecer el mar volvió a su lugar y cubrió al ejército que los perseguía. Nunca más esos carros amenazarían a Israel.
«Así salvó Yahvé a Israel aquel día». El pueblo miró hacia atrás y vio la gran obra que Dios había hecho. Entonces esas personas, que la víspera temblaban de miedo, temieron al Señor con reverencia y creyeron en él y en Moisés, su siervo. En el capítulo siguiente, cantan y danzan de alegría. El mismo mar que parecía el fin de la historia se convirtió en el camino de la libertad.
10Cuando el faraón se acercó, los hijos de Israel alzaron los ojos y vieron que los egipcios marchaban tras ellos, y se llenaron de gran temor. Entonces los hijos de Israel clamaron a Yahvé, 11y le dijeron a Moisés: “¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto? ¿Por qué nos has hecho esto, sacándonos de Egipto? 12¿No es esto lo que te decíamos en Egipto: ‘Déjanos en paz, para que sirvamos a los egipcios’? Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto”. 13Moisés dijo al pueblo: «No temáis. Estad firmes y ved la salvación que Yahvé obrará hoy a favor vuestro; porque a los egipcios que habéis visto hoy, nunca más los volveréis a ver. 14Yahvé peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos». 15Yahvé dijo a Moisés: «¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. 16Y tú, levanta tu vara, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por en medio del mar en seco. 17He aquí que yo endureceré el corazón de los egipcios, y ellos entrarán tras vosotros. Y me glorificaré en el faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería. 18Y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando me haya glorificado en el faraón, en sus carros y en su caballería.» 19El ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se apartó y se puso detrás de ellos; y la columna de nube se apartó de delante de ellos y se colocó a sus espaldas, 20poniéndose entre el campamento de Egipto y el campamento de Israel. Para unos era nube y tinieblas, mientras que para los otros alumbraba la noche; de modo que en toda la noche no se acercaron los unos a los otros. 21Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahvé hizo retirar el mar mediante un fuerte viento del este que sopló toda la noche, y secó el mar, y las aguas se dividieron. 22Los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda. 23Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos hasta la mitad del mar: todos los caballos del faraón, sus carros y su caballería. 24Y aconteció a la vigilia de la mañana, que Yahvé miró hacia el ejército de los egipcios desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército egipcio. 25Atascó las ruedas de sus carros, de modo que avanzaban con pesadez. Entonces los egipcios dijeron: «¡Huyamos de delante de Israel, porque Yahvé pelea por ellos contra los egipcios!» 26Yahvé dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre su caballería.” 27Moisés extendió su mano sobre el mar, y al amanecer el mar volvió a su estado normal. Los egipcios huían al encuentro del mar, pero Yahvé derribó a los egipcios en medio del mar. 28Las aguas volvieron y cubrieron los carros, la caballería y todo el ejército del faraón que había entrado en el mar tras ellos. No quedó ni uno solo de ellos. 29Pero los hijos de Israel caminaron en seco por en medio del mar, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda. 30Así salvó Yahvé a Israel aquel día de la mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31Israel vio el gran poder que Yahvé había desplegado contra los egipcios, y el pueblo temió a Yahvé; y creyeron en Yahvé y en su siervo Moisés.
Lo que dice la Biblia
- v. 13–14: «No temáis. Estad firmes y ved la salvación que Yahvé obrará hoy a favor vuestro» y «Yahvé peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos».
- v. 21–22: Dios usa un fuerte viento del oriente toda la noche, e Israel pasa en seco entre muros de agua.
- v. 31: el pueblo ve la obra de Dios, teme al Señor y cree en él y en Moisés.
Lo que aprendemos
Dios no sacó a Israel del peligro sin pasar por él: abrió un camino en medio del mar. El pueblo tenía miedo y se quejaba, y aun así Dios lo salvó; la salvación fue obra de él, no mérito de ellos. Estar quieto no es quedarse parado: Dios mandó ponerse en marcha. La Pascua y el éxodo apuntan a Jesús, que nos libera de una esclavitud más profunda, la del pecado y la muerte. El miedo no desaparece de una vez, pero la fe crece cuando miramos lo que Dios ya hizo.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Qué vio el pueblo a los dos lados cuando cruzó el mar?
- ¿Quién abrió el camino en el mar?
Para niños
- El pueblo tenía miedo y hasta se quejó. Aun así, Dios los salvó. ¿Qué muestra eso sobre Dios?
- Moisés les dijo que estuvieran quietos, pero Dios mandó ponerse en marcha. ¿Cómo encajan las dos cosas?
Para adolescentes
- Cuando el miedo aprieta, ¿por qué a veces el pasado malo parece mejor que el futuro incierto?
- ¿Cuál es el mar que tienes por delante ahora, y qué significaría dar el próximo paso confiando en Dios?
Para adultos
- ¿En qué situación de la familia estamos atrapados entre el mar y el ejército?
- ¿Dónde necesitamos dejar de intentar controlarlo todo y dejar que Dios pelee por nosotros, sin dejar de hacer nuestra parte?
Actividad
Extiendan dos sábanas o toallas azules sostenidas por dos adultos como muros de agua. Los niños cruzan por el medio cargando algo de la casa, como hacían las familias. Del otro lado, todos dicen juntos: ¡El Señor peleará por ustedes!
Para memorizar: Éxodo 14:14
Oración
Señor, tú abriste un camino en medio del mar. Cuando tengamos miedo y no veamos salida, recuérdanos que tú peleas por nosotros. Danos valentía para dar el próximo paso. Amén.