Pan que cae del cielo · el maná y el verdadero pan de vida
Historia bíblica para contar en familia · Éxodo 16:2–21 · edades 4–12 · 10 min
La historia
El pueblo de Israel había cruzado el mar Rojo en seco, cantando y bailando. Pero, un mes después, estaba en medio del desierto. Arena, piedras, sol. Y la panza rugiendo: ¡grrrr! Entonces empezaron a quejarse contra Moisés y Aarón. Decían que en Egipto, por lo menos, se sentaban junto a las ollas de carne y comían pan hasta saciarse. ¡Qué memoria tan corta! Se habían olvidado de que en Egipto eran esclavos.
¿Y Dios? Dios oyó la queja. Pero, en lugar de darse por vencido con ellos, respondió con una promesa: «He aquí que yo haré llover pan del cielo para vosotros». ¡Llover pan! Imagina la cara de los niños. Dios explicó la regla: cada uno saldría y recogería solo la porción de cada día. También era una prueba, para ver si el pueblo confiaría en él un día a la vez.
Esa tarde, bandadas de codornices, unos pajaritos gorditos, se posaron en el campamento: ¡frrrr! Hubo carne para la cena. Y a la mañana siguiente, cuando se secó el rocío, el suelo del desierto estaba cubierto de algo pequeño, redondo y blanquito, parecido a la escarcha. El pueblo miró y se preguntaron unos a otros: «¿Qué es esto?» Moisés respondió: «Es el pan que Yahvé os da para comer».
El pueblo empezó a llamarlo maná. Era blanco, como semilla de cilantro, ¡y sabía a galletas con miel! Cada uno recogía la medida de su familia. Unos recogían más, otros menos, pero a la hora de medir pasó algo curioso: al que recogió mucho no le sobró, y al que recogió poco no le faltó. Dios estaba cuidando de cada tienda.
Pero había una regla: no guardar nada para el día siguiente. Algunos listillos no obedecieron y escondieron un poco. A la mañana... ¡puaj! El maná estaba lleno de gusanos y olía mal. El pan de Dios no era para acumularlo con miedo, sino para recibirlo con confianza, cada santo día. Y, cuando calentaba el sol, lo que quedaba en el suelo se derretía.
El sexto día, la regla cambiaba: recogían el doble, porque el séptimo día era el sábado, el día de descanso. ¡Y esta vez el maná guardado amanecía fresquito, sin mal olor y sin gusanos! Aun así, algunos salieron a buscar en sábado y volvieron con las manos vacías. Dios estaba enseñando al pueblo a trabajar, a descansar y a confiar. Y alimentó a Israel así durante cuarenta años.
Muchos siglos después, Jesús recordó esta historia. Dijo que no fue Moisés quien dio el pan del cielo, sino que el Padre da el verdadero pan del cielo. Y añadió: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre». El maná alimentaba el cuerpo por un día y se acababa. Jesús da una vida que nunca se acaba.
2Toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto; 3y los hijos de Israel les decían: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahvé en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos! Porque nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.» 4Entonces Yahvé dijo a Moisés: “He aquí que yo haré llover pan del cielo para vosotros; y el pueblo saldrá a recoger diariamente la porción de cada día, para que yo los pruebe, si andan en mi ley o no. 5Pero en el sexto día prepararán lo que traigan, y será el doble de lo que recogen cada día.” 6Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: “Al atardecer sabréis que Yahvé os ha sacado de la tierra de Egipto. 7Y por la mañana veréis la gloria de Yahvé, porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Yahvé. Pues, ¿qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros?” 8Y Moisés añadió: «Esto sucederá cuando Yahvé os dé carne para comer por la tarde, y pan por la mañana hasta saciaros; porque Yahvé oye las murmuraciones que proferís contra él. ¿Qué somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Yahvé». 9Moisés le dijo a Aarón: “Di a toda la congregación de los hijos de Israel: ‘Acercaos a la presencia de Yahvé, porque él ha oído vuestras murmuraciones’”. 10Y mientras Aarón hablaba a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí que la gloria de Yahvé apareció en la nube. 11Yahvé habló a Moisés diciendo: 12“He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales diciendo: ‘Al atardecer comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan. Y sabréis que yo soy Yahvé, vuestro Dios’”. 13Al atardecer, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. 14Cuando la capa de rocío se evaporó, he aquí que sobre la superficie del desierto había una cosa menuda y redonda, menuda como la escarcha sobre la tierra. 15Al verlo, los hijos de Israel se dijeron unos a otros: «¿Qué es esto?» Porque no sabían qué era. Y Moisés les dijo: “Es el pan que Yahvé os da para comer. 16Esto es lo que Yahvé ha mandado: ‘Recoged de él cada uno según lo que pueda comer; tomaréis un gomer por cabeza, según el número de las personas que cada uno tenga en su tienda’”. 17Los hijos de Israel lo hicieron así, y recogieron unos más, y otros menos. 18Y cuando lo medían por gomer, al que había recogido mucho no le sobraba, ni le faltaba al que había recogido poco. Cada uno recogió conforme a lo que había de comer. 19Y Moisés les dijo: «Que nadie deje nada de ello para mañana». 20Pero no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron parte de ello para la mañana, y crio gusanos y apestaba; y Moisés se enojó contra ellos. 21Lo recogían mañana tras mañana, cada uno según lo que habría de comer; y cuando el sol calentaba, se derretía.
Lo que dice la Biblia
- v. 4: el Señor promete hacer llover pan del cielo, y el pueblo debía recoger la porción de cada día.
- v. 15: el pueblo pregunta qué es aquello, y Moisés responde que es el pan que el Señor les ha dado para comer.
- v. 18: al que recogió mucho no le sobró, y al que recogió poco no le faltó.
Lo que aprendemos
Dios respondió a la queja del pueblo con pan y le enseñó a confiar en él un día a la vez, sin acumular por miedo. La conexión con Jesús es explícita: en Juan 6:32–35, Jesús dice que el Padre da el verdadero pan del cielo y declara: «Yo soy el pan de vida». El maná sostenía el cuerpo y se acababa; Jesús da vida eterna (Juan 6:49–51). Ver en el maná recogido cada mañana una invitación a buscar a Jesús todos los días es una lectura cristiana tradicional, y muy práctica para nuestra casa.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿A qué sabía el maná?
- ¿Quién mandó el pan del cielo para el pueblo?
Para niños
- ¿Por qué el maná guardado se echaba a perder, menos el día de sábado?
- Jesús dijo que él es el pan de vida. ¿Por qué necesitamos a Jesús todos los días, así como necesitamos comida?
Para adolescentes
- El pueblo se quejó y Dios respondió con pan. ¿Qué muestra eso sobre cómo trata Dios a quien se queja? ¿Quiere decir que quejarse no tiene nada de malo?
Para adultos
- ¿En qué área intentas acumular seguridad, como quien guarda maná, en lugar de confiar en Dios para el día de hoy?
Actividad
Lluvia de maná: esparzan palomitas de maíz o cereal de maíz sobre una sábana limpia en el piso de la sala. Cada uno tiene un tazoncito y treinta segundos para recoger. Después, midan con una taza y repartan hasta que todos tengan la misma cantidad, como en el versículo 18. Mientras comen, lean juntos Juan 6:35.
Para memorizar: Juan 6:35
Oración
Padre del cielo, gracias por el pan de cada día y por cuidar de cada uno en nuestra casa. Perdónanos cuando nos quejamos. Gracias por Jesús, el pan de vida. Enséñanos a buscarte todos los días. En el nombre de Jesús, amén.