Jesús llora con sus amigos · y llama a Lázaro para que salga
Historia bíblica para contar en familia · Juan 11:32–44 · edades 4–12 · 12 min
La historia
En Betania, una aldea muy cerca de Jerusalén, vivían tres hermanos que eran amigos de Jesús: Marta, María y Lázaro. La Biblia lo dice con todas las letras: Jesús amaba a los tres. Un día, Lázaro se enfermó gravemente, y las hermanas le mandaron un mensaje: «Señor, he aquí que está enfermo aquel a quien tienes gran afecto». Pero Jesús esperó dos días más antes de salir. Cuando por fin llegó, Lázaro ya llevaba cuatro días en el sepulcro.
La casa estaba llena de gente que había venido a consolar a las hermanas. Marta corrió a encontrarse con Jesús en el camino, y allí él le dijo una de las frases más importantes de toda la Biblia: «Yo soy la resurrección y la vida». Marta respondió con fe: «Sí, Señor. He llegado a creer que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo». Después volvió y llamó a su hermana en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama».
María se levantó rápido y salió. La gente de la casa fue detrás de ella, pensando que iba a llorar al sepulcro. Cuando María vio a Jesús, cayó a sus pies y le dijo la misma frase que había dicho su hermana: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Ella lloraba. Y todos a su alrededor lloraban también.
Ahora presta atención, porque aquí la historia va muy despacio. Jesús vio a María llorando y se conmovió profundamente, con el corazón apretado. Preguntó: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le respondieron: «Señor, ven a ver». Y Jesús lloró. El Hijo de Dios, que sabía lo que iba a hacer un poco después, no le pidió a María que dejara de llorar. Lloró junto con ella. La gente comentaba: «¡Mirad cuánto afecto le tenía!»
El sepulcro era una cueva con una piedra grande en la entrada. Jesús dijo: «Quitad la piedra». Marta, siempre práctica, le advirtió: «Señor, a estas alturas hay un hedor, pues lleva cuatro días muerto». Jesús le respondió: «¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?» Entonces los hombres empujaron la piedra a un lado. Todos contuvieron la respiración.
Jesús levantó los ojos al cielo y le dio gracias al Padre por haberlo escuchado. Después gritó a gran voz: «¡Lázaro, ven afuera!» Silencio. Y entonces, desde lo oscuro de la cueva, apareció alguien moviéndose despacio, con las manos y los pies atados con vendas y el rostro envuelto en un paño. Era Lázaro. ¡Vivo!
Jesús dio una orden más, y esta fue para la gente que estaba alrededor: «Desatadlo y dejadlo ir». Imagina a las hermanas corriendo a soltar las vendas, riendo y llorando al mismo tiempo. Aquel día, muchos de los que habían venido a consolar a María vieron lo que Jesús hizo y creyeron en él.
32Por eso, cuando María llegó a donde estaba Jesús y lo vio, se postró a sus pies, diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». 33Cuando Jesús la vio llorar, y a los judíos que venían con ella, gimió en el espíritu y se turbó, 34y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le dijeron: «Señor, ven a ver». 35Jesús lloró. 36Por eso los judíos decían: «¡Mirad cuánto afecto le tenía!». 37Algunos de ellos decían: «¿No podía este hombre, que abrió los ojos del ciego, evitar que éste muriera?» 38Jesús, gimiendo de nuevo en su interior, llegó al sepulcro. Era una cueva, y una piedra estaba apoyada en ella. 39Jesús dijo: «Quitad la piedra». Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: «Señor, a estas alturas hay un hedor, pues lleva cuatro días muerto». 40Jesús le dijo: «¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?» 41Entonces quitaron la piedra del lugar donde yacía el muerto. Jesús levantó los ojos y dijo: «Padre, te agradezco que me hayas escuchado. 42Sé que siempre me escuchas, pero a causa de la multitud que está alrededor he dicho esto, para que crean que tú me has enviado». 43Cuando hubo dicho esto, gritó a gran voz: «¡Lázaro, ven afuera!» 44El que estaba muerto salió, atado de pies y manos con vendas, y su rostro estaba envuelto con un paño. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo ir».
Lo que dice la Biblia
- v. 33: Jesús vio a María y a los demás llorando y se conmovió profundamente.
- v. 35: Jesús lloró. Antes de actuar, sintió el dolor de sus amigos.
- v. 44: Lázaro salió vivo, todavía atado, y Jesús pidió a los demás que lo desataran.
Lo que aprendemos
Jesús no tiene prisa por sacarnos de la tristeza con frases hechas: llora con los que lloran. Pero tampoco se queda solo en el llanto, porque tiene poder sobre la muerte. Dijo «Yo soy la resurrección y la vida» y lo mostró en Betania, señalando hacia su propia resurrección, que vendría después. En casa podemos hacer las dos cosas: acoger la tristeza de quien perdió a alguien y esperar en Jesús. Y, como los amigos que desataron a Lázaro, estamos llamados a ayudarnos unos a otros a ser libres.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Cómo se sintió Jesús cuando vio a María llorando?
- ¿Qué gritó Jesús delante del sepulcro?
Para niños
- ¿Por qué crees que Jesús lloró, si sabía que iba a traer a Lázaro de vuelta?
- Jesús pidió que la gente le quitara las vendas a Lázaro. ¿Por qué dejó que otros ayudaran?
Para adolescentes
- Marta y María le dijeron a Jesús: si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. ¿Está permitido hablar con Dios con esa sinceridad? ¿Qué muestra la reacción de Jesús?
Para adultos
- Cuando alguien de la familia está sufriendo, ¿somos más rápidos para dar respuestas o para llorar con él? ¿Qué cambiaría si empezáramos por el ven a ver?
Actividad
Las vendas de Lázaro: envuelvan suavemente los brazos y las piernas de un voluntario con papel higiénico o tiras de tela (nunca la cara). Alguien lee Juan 11:44 y, al oír desatadlo, todos ayudan a soltarlo. Después conversen: ¿qué nos tiene atados hoy (miedo, tristeza, resentimiento) y cómo puede la familia ayudar a soltarnos?
Para memorizar: Juan 11:25
Oración
Señor Jesús, gracias porque lloras con nosotros cuando estamos tristes. Tú eres la resurrección y la vida. Cuida a quienes perdieron a alguien que aman y enseña a nuestra familia a ayudarnos unos a otros a ser libres. Amén.