Jesús lava los pies · el mayor se inclina para servir
Historia bíblica para contar en familia · Juan 13:1–15 · edades 4–12 · 10 min
La historia
Era la noche antes de la Pascua, la gran fiesta en que el pueblo de Dios recordaba cómo había sido liberado de Egipto. Jesús estaba cenando con sus doce discípulos. Él sabía que había llegado su hora: dentro de poco iba a pasar de este mundo al Padre. Y Juan cuenta algo hermoso sobre aquella noche: Jesús había amado a los suyos, y los amó hasta el fin.
En aquel tiempo, la gente andaba en sandalias por caminos de tierra, y los pies llegaban llenos de polvo. Lavar los pies de quien llegaba era trabajo de sirvientes, el oficio más humilde de la casa. Pero aquella noche fue Jesús quien se levantó de la mesa.
Jesús sabía muy bien quién era. Sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, que había venido de Dios y volvía a Dios. ¿Y qué hizo con esas manos? Se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura, echó agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de los discípulos, uno por uno, secándolos con la toalla. Escucha el ruidito del agua en el lebrillo. Mira al Maestro agachado en el suelo.
Cuando le llegó el turno a Pedro, no se aguantó: «Señor, ¿me lavas los pies?» Jesús le respondió con calma: «No sabes lo que hago ahora, pero lo entenderás después». Pedro, terco, dijo: «¡Nunca me lavarás los pies!» Y Jesús: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Pedro cambió enseguida: «Señor, no sólo mis pies, sino también mis manos y mi cabeza».
Jesús explicó que quien ya se ha bañado solo necesita lavarse los pies. Y dijo algo triste: no todos allí estaban limpios. Él sabía que Judas lo iba a traicionar. Aun así, Judas todavía estaba en aquella mesa cuando Jesús tomó el lebrillo y la toalla.
Cuando terminó, Jesús se volvió a poner el manto, se sentó y preguntó: «¿Sabéis lo que os he hecho?» Ellos lo llamaban Maestro y Señor, y tenían razón. Entonces Jesús dijo: «Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis lo que yo he hecho con vosotros».
La lección no era solo sobre agua y toalla. Era sobre una manera nueva de ser grande: el mayor se inclina para cuidar del otro. Los discípulos todavía no lo entendían todo aquella noche. Lo entenderían después, tras la cruz y la resurrección: Jesús había hecho por ellos algo mucho más grande que lavar pies polvorientos.
1Antes de la fiesta de la Pascua, Jesús, sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2Durante la cena, habiendo metido ya el diablo en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, para que lo traicionara, 3Jesús, sabiendo que el Padre había entregado todas las cosas en sus manos, y que venía de Dios y se iba a Dios, 4se levantó de la cena y se despojó de sus vestidos exteriores. Tomó una toalla y se la puso alrededor de la cintura. 5Luego echó agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a enjugarlos con la toalla que le envolvía. 6Luego se acercó a Simón Pedro. Le dijo: «Señor, ¿me lavas los pies?» 7Jesús le contestó: «No sabes lo que hago ahora, pero lo entenderás después». 8Pedro le dijo: «¡Nunca me lavarás los pies!» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». 9Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo mis pies, sino también mis manos y mi cabeza». 10Jesús le dijo: «Alguien que se ha bañado sólo necesita que le laven los pies, pero está completamente limpio. Vosotros estáis limpios, pero no todos». 11Porque conocía al que lo iba a traicionar; por eso dijo: «No estáis todos limpios». 12Así que, después de lavarles los pies, volver a ponerse la ropa exterior y sentarse de nuevo, les dijo: “¿Sabéis lo que os he hecho? 13Me llamáis ‘Maestro’ y ‘Señor’. Lo decís con razón, porque así soy. 14Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. 15Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis lo que yo he hecho con vosotros.
Lo que dice la Biblia
- v. 1: Jesús había amado a los suyos que estaban en el mundo, y los amó hasta el fin.
- v. 5: Jesús mismo echó agua en el lebrillo, lavó los pies de los discípulos y los secó.
- v. 14: Si el Señor y el Maestro les lavó los pies, ellos también deben lavarse los pies unos a otros.
Lo que aprendemos
Jesús sabía que tenía todas las cosas en sus manos, y usó ese poder para servir. Eso pone de cabeza la idea de que ser importante es ser servido. Pedro también nos enseña que a veces cuesta dejar que Jesús nos cuide: primero recibimos su amor, después aprendemos a servir. En casa, servir no es tarea de una sola persona; es el camino de Jesús para grandes y pequeños. Y servir no es aceptar malos tratos: es amor libre, nunca humillación.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Qué usó Jesús para lavar los pies de sus amigos?
- ¿Quién te cuida en casa? ¿Cómo puedes cuidar tú a alguien hoy?
Para niños
- ¿Por qué Pedro no quería que Jesús le lavara los pies?
- ¿Qué tarea de la casa que a nadie le gusta hacer podrías hacer tú por alguien esta semana, sin que nadie te lo pida?
Para adolescentes
- Jesús sirvió en una mesa donde estaba quien lo iba a traicionar. ¿Qué dice eso sobre servir a quien no lo merece? ¿Y cuál es la diferencia entre servir y dejar que alguien abuse de ti?
Para adultos
- En nuestra casa, ¿el servicio está bien repartido o pesa sobre una sola persona? ¿Qué cambio concreto haríamos esta semana para servir como Jesús?
Actividad
Lavatorio de pies en familia: un recipiente con agua tibia y una toalla. Uno de los adultos comienza lavando y secando los pies (o las manos, si alguien lo prefiere) de cada hijo; después, quien quiera lava los de otra persona. Nadie está obligado. Al final, cada uno dice una manera de servir a alguien de la casa mañana.
Para memorizar: Juan 13:15
Oración
Señor Jesús, tú tenías todo el poder y escogiste servir. Enseña a nuestra familia a inclinarse para cuidarse unos a otros, sin orgullo y sin cobrar nada. Ayúdanos a recibir tu amor primero. Amén.