¡Niña, levántate! · Jesús nunca llega tarde
Historia bíblica para contar en familia · Marcos 5:21–43 · edades 5–12 · 10 min
La historia
Jesús acababa de cruzar el lago en barca, y una multitud enorme ya lo esperaba a la orilla del agua. En medio de toda esa gente, un hombre se abrió paso con prisa. Era Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, el lugar donde el pueblo se reunía para leer las Escrituras y orar. Un hombre importante en la ciudad. Pero aquel día se echó a los pies de Jesús.
Jairo le rogó: «Mi hijita está a punto de morir». Tenía doce años y estaba muy enferma. Le pidió a Jesús que fuera a su casa y pusiera las manos sobre ella, para que quedara sana y viviera. Y Jesús fue con él. Imagina a Jairo caminando rápido, mirando hacia atrás, abriendo paso entre la gente: ¡vamos, vamos!
Pero la multitud apretaba por todos lados, y en el camino hubo una parada. Una mujer que llevaba doce años enferma, y que ya había gastado todo en médicos, tocó por detrás la ropa de Jesús y quedó sana. Jesús se detuvo y preguntó quién lo había tocado. La mujer vino temblando y le contó toda la verdad, y Jesús le dijo con cariño: «Hija, tu fe te ha curado». ¡Qué bueno para ella! Pero... ¿y Jairo?
Mientras Jesús aún hablaba, llegaron personas de la casa de Jairo con la noticia más triste que un padre puede oír: la niña había muerto. Y dijeron: ¿para qué molestar más al Maestro? Detente un instante y siente el silencio de ese momento. Pero Jesús lo oyó y enseguida le dijo a Jairo: «No temas, sólo cree».
Jesús dejó atrás a la multitud y llevó solo a Pedro, Santiago y Juan. Cuando llegaron a la casa, estaba llena de gente llorando a gritos. Jesús dijo: «La niña no está muerta, sino que duerme». ¿Y sabes qué hicieron? Se burlaron de él. Para aquella gente, la muerte era el punto final. Para Jesús, era como un sueño del que él podía despertar a alguien.
Jesús pidió que todos salieran. Se quedaron solo el padre, la madre y los tres discípulos. Entró en el cuarto donde estaba acostada la niña, la tomó de la mano y le dijo, en arameo, la lengua que se hablaba en aquellas casas: «¡Talitha cumi!» Que significa: «Muchacha, te digo, levántate».
¡Y en ese mismo momento la niña se levantó y empezó a caminar! El padre y la madre se quedaron boquiabiertos, llenos de asombro. Y Jesús, con todo cuidado, se acordó de algo muy sencillo: mandó que le dieran algo de comer. El Señor de la vida también se preocupa por el hambre de una niña de doce años.
21Cuando Jesús volvió a pasar en la barca a la otra orilla, se reunió con él una gran multitud; y estaba junto al mar. 22He aquí que vino uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y viéndole, se echó a sus pies 23y le rogó mucho, diciendo: «Mi hijita está a punto de morir. Te ruego que vengas y pongas tus manos sobre ella, para que quede sana y viva». 24Se fue con él, y le seguía una gran multitud que le apretaba por todas partes. 25Una mujer que tenía flujo de sangre desde hacía doce años, 26y que había padecido muchas cosas por parte de muchos médicos, y que había gastado todo lo que tenía, y no mejoraba, sino que empeoraba, 27habiendo oído las cosas que se referían a Jesús, se acercó por detrás de él entre la multitud y tocó sus vestidos. 28Porque decía: «Con sólo tocar sus vestidos, quedaré sana». 29Al instante se le secó el flujo de sangre, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción. 30En seguida, Jesús, percibiendo en sí mismo que el poder había salido de él, se volvió entre la multitud y preguntó: «¿Quién ha tocado mis vestidos?» 31Sus discípulos le dijeron: “Ves que la multitud te aprieta, y dices: ‘¿Quién me ha tocado?’” 32Él miró a su alrededor para ver quién había hecho esto. 33Pero la mujer, temerosa y temblorosa, sabiendo lo que le habían hecho, vino y se postró ante él y le contó toda la verdad. 34Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Ve en paz y queda sana de tu enfermedad». 35Mientras aún hablaba, vino gente de la casa del jefe de la sinagoga, diciendo: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?» 36Pero Jesús, al oír el mensaje pronunciado, dijo inmediatamente al jefe de la sinagoga: «No temas, sólo cree». 37No permitió que nadie le siguiera, sino Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38Llegó a la casa del jefe de la sinagoga, y vio un alboroto, llantos y grandes lamentos. 39Cuando entró, les dijo: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino que duerme». 40Se burlaron de él. Pero él, después de echarlos a todos, tomó al padre de la niña, a su madre y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. 41Tomando a la niña de la mano, le dijo: «¡Talitha cumi!», que significa, interpretándose, «Muchacha, te digo, levántate». 42Inmediatamente la niña se levantó y caminó, pues tenía doce años. Quedaron asombrados con gran asombro. 43Les ordenó estrictamente que nadie lo supiera, y mandó que le dieran algo de comer.
Lo que dice la Biblia
- v. 23: Jairo le ruega a Jesús que ponga las manos sobre su hijita, que estaba a punto de morir.
- v. 36: ante la noticia de la muerte, Jesús le dice a Jairo: «No temas, sólo cree».
- v. 41: Jesús toma a la niña de la mano y le dice: «¡Talitha cumi!», que significa: muchacha, levántate.
Lo que aprendemos
Jesús nunca llega tarde: ni la demora en el camino ni la noticia de la muerte le impidieron actuar. Tiene poder sobre la muerte y trata a la niña con ternura: le toma la mano y pide que le den de comer. Esto no quiere decir que toda persona enferma que amamos será sanada ahora. Jairo vio una señal de lo que Jesús hará al final, cuando resucite a los que son suyos. Por eso, aun ante la pérdida, podemos oír: no temas, sólo cree.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Qué tomó Jesús cuando le habló a la niña?
- ¿Qué mandó Jesús que le dieran a la niña después de levantarse?
Para niños
- La gente se burló de Jesús. ¿Por qué pensaban que ya no había nada que hacer?
- Jesús dijo: no temas, sólo cree. Cuando sientes miedo, ¿qué puedes recordar sobre Jesús?
Para adolescentes
- Jesús se detuvo a cuidar a otra persona mientras la niña empeoraba. ¿Cómo lidiar con la sensación de que Dios se está tardando?
Para adultos
- Si tu familia ya perdió a alguien, ¿cómo contarles esta historia a los niños con honestidad, sin prometer sanidades que Dios no prometió, pero con la esperanza de la resurrección?
Actividad
¡Levántate!: todos se acuestan en el piso muy quietitos, con los ojos cerrados, como si estuvieran durmiendo. Un adulto pasa, toma la mano de cada uno y dice: niña (o niño), te digo, ¡levántate! La persona salta de pie y da una vuelta por la sala. Al final, como Jesús mandó, sirvan una merienda para todos y conversen sobre cómo Jesús cuidó incluso del hambre de la niña.
Para memorizar: Marcos 5:36
Oración
Señor Jesús, tú tienes poder sobre la enfermedad y sobre la muerte, y aun así tomas con cariño la mano de una niña. Cuando tengamos miedo, ayúdanos a creer en ti. Consuela a quien ha perdido a alguien que ama. En el nombre de Jesús, amén.