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Historia para contar

El camino de Emaús · el corazón que arde

Historia bíblica para contar en familia · Lucas 24:13–35 · edades 5–12 · 12 min

La historia

Era el mismo domingo en que las mujeres habían encontrado el sepulcro vacío. Dos discípulos de Jesús caminaban de Jerusalén a una aldea llamada Emaús, a unos once kilómetros de distancia. Uno de ellos se llamaba Cleofas. Por el camino hablaban de todo lo que había pasado. Los pies caminaban, pero el corazón estaba detenido en la tristeza.

Entonces Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban velados para que no lo reconocieran. Él les preguntó: «¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?» Cleofas respondió, casi sin poder creerlo: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no ha sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?»

Y Jesús, que lo sabía todo mejor que nadie, solo preguntó: «¿Qué cosas?» Y dejó que ellos lo contaran. Hablaron de Jesús de Nazaret, un profeta poderoso, que había sido crucificado. Y dijeron una frase llena de dolor: «Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel». Contaron que unas mujeres habían visto ángeles que decían que él estaba vivo, pero a él mismo nadie lo había visto.

Entonces Jesús habló con firmeza: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!» Y, comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó en todas las Escrituras lo que decían de él. Imagínate: la mayor clase de Biblia de la historia, dada por Jesús en persona, en un camino de tierra, con el sol bajando.

Cuando llegaron cerca de la aldea, Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos insistieron: «Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado». Y él entró para quedarse con ellos. Jesús no fuerza la puerta; acepta la invitación.

En la mesa, Jesús tomó el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio. En ese instante se les abrieron los ojos, ¡y lo reconocieron! Y él desapareció de su vista. Los dos se miraron y dijeron: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?»

Ya era de noche, pero no esperaron al día siguiente. Se levantaron en esa misma hora e hicieron todo el camino de vuelta a Jerusalén. Allí encontraron a los once reunidos con otros amigos, que les dijeron: «¡Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón!» Y los dos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

13Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17Y les dijo: «¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?» 18Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no ha sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?» 19Entonces él les dijo: «¿Qué cosas?» Y ellos le dijeron: «De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive. 24Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». 25Entonces él les dijo: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?» 27Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. 28Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. 29Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: «Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado». Entró, pues, a quedarse con ellos. 30Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32Y se decían el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?» 33Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, 34que decían: «¡Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón!» 35Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.
Lucas 24:13–35 · SBLM

Lo que dice la Biblia

Lo que aprendemos

Jesús camina con gente desilusionada, aun cuando no lo reconocemos. Escucha antes de enseñar, preguntando «¿Qué cosas?», y después muestra que toda la Biblia apunta hacia él. La Escritura calienta el corazón; la mesa compartida abre los ojos. Por eso la Biblia leída en el camino y el pan repartido en casa son lugares donde Jesús se da a conocer. Y quien se encuentra con el Resucitado no deja la noticia para mañana: vuelve corriendo a contarla.

Preguntas para conversar

Para los pequeños

Para niños

Para adolescentes

Para adultos

Actividad

Caminata de Emaús: den una vuelta a la manzana (o por la casa) en parejas, y cada uno le cuenta al otro una cosa triste y una cosa buena de la semana. Al volver, siéntense a la mesa, partan un pan juntos, den gracias y que alguien lea Lucas 24:32 en voz alta.

Para memorizar: Lucas 24:32

Oración

Señor Jesús, gracias porque caminas con nosotros aun cuando no te vemos. Quédate con nosotros en nuestra casa. Calienta nuestro corazón cuando leemos tu Palabra y abre nuestros ojos para reconocerte. Amén.

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