El menor de los hermanos · Dios mira el corazón
Historia bíblica para contar en familia · 1 Samuel 16:1–13 · edades 4–12 · 10 min
La historia
Israel tenía un rey llamado Saúl, pero Saúl había dejado de obedecer a Dios, y el Señor lo desechó como rey. El profeta Samuel quedó muy triste por eso. Entonces Dios le dijo que dejara de lamentarse por Saúl, llenara su cuerno de aceite y fuera a Belén, a la casa de un hombre llamado Jesé, porque había escogido un rey entre sus hijos. ¿Un cuerno de aceite? Era un cuerno de animal que se usaba como botellita de aceite de oliva.
Samuel tenía miedo de que Saúl se enterara, pero Dios le mostró el camino: ofrecería un sacrificio en Belén e invitaría a Jesé y a sus hijos. Cuando Samuel llegó, los ancianos de la ciudad salieron temblando: «¿Vienes en son de paz?» Y él respondió: «Sí, en paz». Sí, venía en paz, y con un secreto guardado dentro de aquel cuerno.
Los hijos de Jesé empezaron a pasar delante de Samuel, uno por uno, como en un desfile. Primero, Eliab: alto, fuerte, guapo. Samuel pensó enseguida: ¡es este! Pero Dios dijo: «No mires a su apariencia ni a lo elevado de su estatura». Y contó el secreto de esta historia: «el hombre mira lo que está ante sus ojos, pero el Señor mira el corazón».
Pasó Abinadab. No era él. Pasó Sama. Tampoco. Uno, dos, tres... siete hijos pasaron delante de Samuel, y Dios no escogió a ninguno. Samuel preguntó: «¿Están aquí todos tus muchachos?» Y Jesé se acordó: todavía falta el menor, que está en el campo cuidando las ovejas. ¡Ni siquiera lo habían invitado a la fiesta!
Samuel dijo que nadie se sentaría a comer hasta que llegara el muchacho. Y todos esperaron. Tic-tac, tic-tac... Hasta que entró un joven rubicundo, de ojos bellos, con olor a campo y a ovejas. Era David. Y el Señor dijo a Samuel: «¡Levántate y úngelo, porque este es!» El menor, el olvidado, el pastorcito: ese era el escogido de Dios.
Entonces Samuel tomó el cuerno de aceite y ungió a David allí mismo, en medio de sus hermanos. Ungir era marcar a alguien con aceite como señal de que Dios lo había apartado para una misión. Y, desde aquel día, el Espíritu del Señor vino con poder sobre David. Por un tiempo todavía volvería con las ovejas, pero Dios ya había empezado algo grande.
Más de mil años después, en Belén, la misma ciudad de David, nació un niño de la familia de David. Los ángeles dijeron a los pastores que él era el Cristo, y Cristo quiere decir Ungido, el Mesías. Jesús también nació pequeño, en un pesebre, lejos de los palacios, y mucha gente miró solo la apariencia y no lo reconoció. Pero un ciego llamado Bartimeo, que no podía ver ninguna apariencia, gritó: «¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!»
1El Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar llorando por Saúl, habiéndolo rechazado yo para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y vete; te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí». 2Samuel respondió: «¿Cómo voy a ir? Si Saúl se entera, me matará». El Señor le dijo: “Lleva contigo una novilla y di: «He venido a ofrecer un sacrificio al Señor». 3Invita a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer; me ungirás a aquel que yo te diga”. 4Samuel hizo lo que el Señor le había mandado y llegó a Belén. Los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro temblando y le preguntaron: «¿Vienes en son de paz?». 5Él respondió: «Sí, en paz. He venido a ofrecer un sacrificio al Señor. Santificaos y venid conmigo al sacrificio». Santificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio. 6Cuando llegaron, vio a Eliab y pensó: «Sin duda, el ungido del Señor está ante él». 7Pero el Señor dijo a Samuel: «No mires a su apariencia ni a lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado; pues Dios no ve como ve el hombre; porque el hombre mira lo que está ante sus ojos, pero el Señor mira el corazón». 8Jesé llamó a Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel, el cual dijo: «Tampoco a este ha elegido el Señor». 9Hizo pasar Jesé a Sama, y Samuel dijo: «Tampoco a este ha elegido el Señor». 10Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a ninguno de estos». 11Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿Están aquí todos tus muchachos?». Él respondió: «Queda aún el más joven, que está pastoreando las ovejas». Samuel dijo a Jesé: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga». 12Mandó, pues, a buscarlo y lo hizo entrar. Era rubicundo, de bellos ojos y de hermosa presencia. Entonces el Señor dijo: «¡Levántate y úngelo, porque este es!». 13Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y desde aquel día en adelante, el Espíritu del Señor vino con poder sobre David. Luego Samuel se levantó y regresó a Ramá.
Lo que dice la Biblia
- v. 7: el Señor dice que el hombre mira lo que está ante sus ojos, pero el Señor mira el corazón.
- v. 11: el hijo menor ni siquiera estaba allí: estaba pastoreando las ovejas.
- v. 13: Samuel unge a David en medio de sus hermanos, y el Espíritu del Señor viene con poder sobre él.
Lo que aprendemos
Dios no escoge como nosotros escogemos: pasó de largo al más alto y llamó al menor, olvidado en el campo, porque mira el corazón. El Nuevo Testamento conecta a David con Jesús de forma explícita: Jesús es llamado hijo de David (Mateo 1:1), nació en la ciudad de David y es el Cristo, es decir, el Ungido (Lucas 2:11). Ver en el pastorcito ungido en Belén un retrato anticipado de Jesús, el Buen Pastor, es una lectura cristiana tradicional. Para Dios, nadie es demasiado pequeño ni está olvidado.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Qué estaba haciendo David cuando lo mandaron a llamar?
- ¿Dios mira la ropa, el tamaño o el corazón?
Para niños
- A David ni siquiera lo invitaron a la fiesta. ¿Alguna vez te has sentido olvidado? ¿Cómo vio Dios a David?
- Jesús también nació en Belén y es llamado Hijo de David. ¿Qué tienen en común Jesús y David?
Para adolescentes
- Vivimos en una cultura de apariencias: fotos, likes, cuerpos. ¿Qué cambia saber que Dios mira el corazón? ¿Es un consuelo, un desafío o las dos cosas?
Para adultos
- ¿Quién en tu familia, en el trabajo o en la iglesia está quedando olvidado en el campo, como David? ¿Cómo puedes invitar a esa persona a la mesa?
Actividad
Desfile de hermanos: pongan en fila siete objetos grandes y vistosos (un frasco decorado, un libro grueso, una botella brillante) y escondan en otro cuarto un objeto pequeño y sencillo con un corazón de papel adentro. Los niños hacen de Samuel: miran cada objeto y repiten: el Señor no ha escogido a este. Después preguntan: ¿son todos? Y corren a buscar el escondido. Terminen leyendo juntos 1 Samuel 16:7.
Para memorizar: 1 Samuel 16:7
Oración
Señor, gracias porque tú miras el corazón. Enséñanos a ver a las personas como tú las ves y a no olvidar a nadie. Gracias por Jesús, el Hijo de David, el Ungido que vino a salvarnos. En el nombre de Jesús, amén.