David y el gigante · la batalla es del Señor
Historia bíblica para contar en familia · 1 Samuel 17:32–50 · edades 4–12 · 10 min
La historia
En el valle de Ela, dos ejércitos estaban acampados en dos montes, uno frente al otro. De un lado, los filisteos. Del otro, Israel y el rey Saúl. Y todos los días, por la mañana y por la tarde, un guerrero enorme bajaba del lado filisteo: Goliat, de Gat, de casi tres metros de altura, con casco y coraza de bronce y una lanza pesadísima. Gritaba desafiando a Israel a enviar a alguien para pelear. Durante cuarenta días nadie fue. Saúl y todo el ejército estaban aterrados.
David era el hijo menor de Isaí, un pastor de ovejas. Un día, su padre lo mandó a llevar grano, panes y quesos a sus hermanos que estaban en la guerra. Cuando llegó, David oyó gritar a Goliat y vio huir a los soldados. Se indignó y preguntó: «¿quién es este filisteo incircunciso para que desafíe a los escuadrones del Dios viviente?». Su hermano mayor, Eliab, se enojó con él. Pero las palabras de David llegaron al rey.
Delante de Saúl, David dijo: «No desmaye el corazón de nadie a causa de él; tu siervo irá y peleará con este filisteo». Saúl miró a aquel muchacho y le respondió que era solo un joven, y Goliat era un guerrero desde su juventud.
Entonces David contó lo que hacía en el campo. Cuando un león o un oso se llevaba una oveja del rebaño, él salía tras él, rescataba la oveja de su boca y lo enfrentaba. Y concluyó: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». Saúl respondió: «Ve, y el Señor sea contigo».
Saúl vistió a David con su propia ropa de guerra: túnica militar, casco de bronce y coraza. David se ciñó la espada e intentó andar, pero apenas podía moverse. Entonces dijo: «Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué». Y se lo quitó todo. Tomó su cayado, escogió cinco piedras lisas del arroyo, las guardó en su bolsa de pastor y, con la honda en la mano, fue al encuentro del gigante.
Goliat se acercó, con su escudero delante, y miró a David con desprecio, porque era solo un joven pelirrojo y de buen parecer. Se burló: «¿Soy yo un perro para que vengas a mí con palos?». Pero David respondió: «Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los Ejércitos». Y dijo que todos sabrían que el Señor no salva con espada ni con lanza, «porque del Señor es la batalla».
Goliat avanzó. Y David, en lugar de huir, corrió rápido hacia él. Metió la mano en la bolsa, sacó una piedra, giró la honda y la lanzó. La piedra le dio al gigante en la frente y se le clavó, y Goliat cayó de bruces en el suelo. La Biblia lo resume: «Así venció David al filisteo con honda y piedra», sin ninguna espada en la mano. El ejército que temblaba de miedo vio que Dios no depende del tamaño de nadie.
32Dijo David a Saúl: «No desmaye el corazón de nadie a causa de él; tu siervo irá y peleará con este filisteo». 33Saúl dijo a David: «No podrás tú ir contra aquel filisteo para pelear con él; porque tú eres un muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud». 34David respondió a Saúl: «Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, 35salía yo tras él, lo hería y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, le echaba mano de la quijada, lo hería y lo mataba. 36Fuese león o fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado a los escuadrones del Dios viviente». 37Añadió David: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». Y Saúl dijo a David: «Ve, y el Señor sea contigo». 38Saúl vistió a David con sus propias ropas; puso sobre su cabeza un casco de bronce y le armó con una cota de malla. 39Ciñó David su espada sobre sus vestidos y probó a andar, porque no estaba acostumbrado. Y dijo David a Saúl: «Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué». Entonces David se quitó aquellas cosas. 40Tomó su cayado en su mano, escogió cinco piedras lisas del arroyo y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y con su honda en su mano se fue hacia el filisteo. 41El filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. 42Cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, rubio y de hermoso parecer. 43Dijo el filisteo a David: «¿Soy yo un perro para que vengas a mí con palos?». Y maldijo a David por sus dioses. 44Dijo luego el filisteo a David: «Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo». 45Entonces dijo David al filisteo: «Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los Ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. 46El Señor te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré y te cortaré la cabeza; y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las fieras de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. 47Y sabrá toda esta congregación que el Señor no salva con espada y lanza; porque del Señor es la batalla, y él os entregará en nuestras manos». 48Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. 49Metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, la tiró con la honda e hirió al filisteo en la frente; la piedra quedó clavada en su frente, y cayó de bruces en tierra. 50Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.
Lo que dice la Biblia
- v. 37: David confía en el Señor porque recuerda cómo Dios ya lo libró del león y del oso.
- v. 45: «Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los Ejércitos».
- v. 47 y 50: «del Señor es la batalla», y David vence sin espada en la mano.
Lo que aprendemos
El centro de la historia no es la fuerza de David, sino la honra de Dios: David se indigna porque están desafiando al Dios viviente. Su valentía nace del recuerdo de lo que Dios ya hizo en el día a día del pastoreo. David tampoco fingió ser quien no era: rechazó la armadura que no le quedaba. Más tarde, Jesús, el descendiente de David, enfrentó solo al mayor enemigo, el pecado y la muerte, y venció en lugar de su pueblo. La batalla es del Señor.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Cuántas piedras tomó David del arroyo?
- ¿Quién ayudó a David a vencer?
Para niños
- ¿Por qué David se quitó la armadura del rey?
- ¿De qué se acordó David para tener valentía?
Para adolescentes
- David se indignó porque desafiaban al Dios viviente. ¿Qué te indigna a ti, y tiene eso que ver con Dios?
- ¿Qué armadura prestada intentas ponerte para parecer fuerte, aunque no combine con quien Dios te hizo?
Para adultos
- ¿Qué leones y osos ya venció Dios en nuestra historia que necesitamos recordar frente al gigante de ahora?
- ¿Dónde hemos confiado más en la espada y la lanza, en nuestros recursos, que en el Señor?
Actividad
Hagan una bolita de papel arrugado para cada persona, como las piedras lisas de David. En cada una, escriban algo que Dios ya hizo por la familia. Después, pongan un blanco de papel en la pared y apunten, diciendo en cada acierto: ¡La batalla es del Señor!
Para memorizar: 1 Samuel 17:45
Oración
Señor de los Ejércitos, tú cuidaste de David en el campo y en el valle. Cuando tengamos miedo, recuérdanos lo que ya hiciste por nosotros. Danos una valentía que venga de ti, y no de nuestra fuerza. Amén.