Daniel en el foso de los leones · fiel todos los días
Historia bíblica para contar en familia · Daniel 6:10–23 · edades 4–12 · 10 min
La historia
Daniel había sido llevado de Jerusalén a Babilonia cuando todavía era joven. Ahora ya era un hombre anciano, que trabajaba para el rey Darío. Era uno de los tres principales jefes del reino, y el rey pensaba ponerlo por encima de todos, porque había en él un espíritu excelente. Pero algunos jefes sintieron envidia y buscaron algún error para acusarlo. No encontraron nada. La Biblia dice: «él era fiel. No se halló en él ningún error ni falta».
Entonces tuvieron una idea. Se dijeron entre sí: la única manera de atrapar a Daniel es por la ley de su Dios. Fueron al rey y lo convencieron de firmar un decreto: durante treinta días, nadie podría hacer peticiones a ningún dios ni hombre, solo al rey. Quien desobedeciera sería echado al foso de los leones. Y, según la ley de los medos y los persas, un decreto firmado ya no podía cambiarse. Darío lo firmó.
Daniel se enteró. ¿Y qué hizo? Fue a su casa, donde las ventanas de su cámara estaban abiertas hacia Jerusalén, se arrodilló tres veces al día, oró y dio gracias a su Dios, «como solía hacerlo antes». No hizo un espectáculo, ni se escondió. Simplemente siguió haciendo lo que siempre hacía. Su fidelidad se había construido día tras día.
Sus enemigos lo encontraron orando y corrieron al rey. El rey se puso muy triste, porque apreciaba a Daniel, y trató de salvarlo hasta la puesta del sol. Pero los hombres le recordaron: la ley no puede cambiarse. Entonces Daniel fue echado al foso de los leones. Antes, el rey le dijo: «Que tu Dios, a quien sirves continuamente, él te libre». Pusieron una piedra sobre la boca del foso, sellada con el anillo del rey.
Esa noche fue larga en el palacio. El rey no comió, no quiso música, y el sueño huyó de él. Imagina al rey dando vueltas en la cama, mientras allá abajo, en la oscuridad del foso, Daniel estaba con los leones.
Muy temprano, el rey se levantó y fue corriendo al foso. Llamó con voz angustiada: «Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú sirves continuamente, ¿te ha podido librar de los leones?». Silencio. Y entonces, desde adentro, llegó la voz de Daniel: «¡Oh rey, vive para siempre!». Y contó: «Mi Dios envió a su ángel, el cual cerró la boca de los leones para que no me hiciesen daño».
El rey se alegró en gran manera y mandó sacar a Daniel del foso. No se halló en él ninguna lesión, y la Biblia explica por qué: «porque había confiado en su Dios». Después, Darío escribió a todos los pueblos del reino diciendo que el Dios de Daniel es el Dios viviente, que libra y rescata. La fidelidad silenciosa de un hombre de oración hizo que un imperio entero oyera hablar del Dios verdadero.
10Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como solía hacerlo antes. 11Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios. 12Se acercaron luego y hablaron delante del rey acerca del edicto real: «¿No has firmado un edicto de que cualquier hombre que haga una petición a cualquier dios u hombre dentro de treinta días, excepto a ti, oh rey, sea arrojado al foso de los leones?». El rey respondió y dijo: «El asunto es verdad, conforme a la ley de los medos y de los persas, la cual no puede ser abrogada». 13Entonces respondieron y dijeron delante del rey: «Ese Daniel, que es de los hijos de la cautividad de Judá, no te ha respetado, oh rey, ni al edicto que has firmado, sino que hace su petición tres veces al día». 14Cuando el rey oyó estas palabras, se afligió en gran manera, y se propuso librar a Daniel; y hasta la puesta del sol se esforzó por rescatarlo. 15Entonces aquellos hombres se juntaron ante el rey y le dijeron: «Sabe, oh rey, que es ley de los medos y de los persas que ningún decreto o estatuto que el rey establezca puede ser revocado». 16Entonces el rey ordenó, y trajeron a Daniel y lo arrojaron al foso de los leones. El rey habló y dijo a Daniel: «Que tu Dios, a quien sirves continuamente, él te libre». 17Trajeron una piedra y la pusieron sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus nobles, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. 18Luego el rey se fue a su palacio y pasó la noche en ayuno. No le trajeron instrumentos de música, y se le fue el sueño. 19El rey se levantó muy de mañana, al rayar el alba, y fue apresuradamente al foso de los leones. 20Y acercándose al foso, llamó a voces a Daniel con voz triste. El rey habló y dijo a Daniel: «Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú sirves continuamente, ¿te ha podido librar de los leones?». 21Entonces Daniel respondió al rey: «¡Oh rey, vive para siempre! 22Mi Dios envió a su ángel, el cual cerró la boca de los leones para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he cometido ningún agravio». 23Entonces el rey se alegró en gran manera por él, y mandó sacar a Daniel del foso. Sacaron, pues, a Daniel del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios.
Lo que dice la Biblia
- v. 10: Daniel ora y da gracias tres veces al día «como solía hacerlo antes», aun sabiendo del decreto.
- v. 16: hasta el rey lo reconoce: «Que tu Dios, a quien sirves continuamente, él te libre».
- v. 22–23: Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones, y Daniel salió sin ninguna lesión «porque había confiado en su Dios».
Lo que aprendemos
La valentía de Daniel en la crisis nació de un hábito construido en los días comunes: orar y dar gracias, tres veces al día. Fue honesto en el trabajo y fiel a Dios sin arrogancia, y siguió respetando al rey. Dios lo libró de los leones, pero la Biblia también habla de fieles que sufrieron y no fueron librados en esta vida (Hebreos 11:35–38); Dios nunca abandona a los suyos. Daniel, inocente y condenado, y luego sacado del foso sellado, apunta a Jesús, que salió vivo del sepulcro sellado.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Qué hacía Daniel tres veces al día?
- ¿Quién cerró la boca de los leones?
Para niños
- ¿Por qué Daniel no dejó de orar, aun con el decreto?
- El rey apreciaba a Daniel y aun así no pudo salvarlo. ¿Quién sí pudo?
Para adolescentes
- Daniel no se escondió ni hizo un espectáculo. ¿Cómo ser fiel a Dios sin arrogancia en la escuela o en las redes?
- Sus enemigos no encontraron ninguna falta en el trabajo de Daniel. ¿Qué diferencia hace eso en el testimonio de alguien?
Para adultos
- ¿Qué hábito diario de oración puede construir nuestra familia antes de que llegue la crisis?
- ¿Cómo hablar con los niños sobre fieles que sufren, sin prometer que nada malo va a pasar?
Actividad
Elijan tres momentos fijos del día, como el desayuno, la vuelta de la escuela y la hora de dormir, para una oración de una frase. Hagan un cartel con tres ventanas dibujadas y marquen con una pegatina o una raya cada vez que la familia ore junta esta semana.
Para memorizar: Daniel 6:22
Oración
Dios viviente, tú cerraste la boca de los leones y cuidaste de Daniel. Enséñanos a orar todos los días, en los días buenos y en los difíciles. Danos valentía para serte fieles, con humildad y respeto. Amén.