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Historia para contar

La cruz · el amor que perdona hasta el fin

Historia bíblica para contar en familia · Lucas 23:33–49 · edades 6–12 · 12 min

La historia

Esta es la parte más triste de la historia de Jesús, y también una de las más importantes. Por eso vamos a contarla con calma y con el corazón abierto. Jesús no había hecho nada malo; el propio gobernador Pilato lo dijo más de una vez. Aun así, mucha gente gritó contra él, y Jesús fue condenado a morir en una cruz, que era el castigo que usaban los romanos en aquel tiempo.

Llevaron a Jesús a un lugar fuera de la ciudad llamado «la Calavera». Un hombre llamado Simón, de Cirene, fue obligado a cargar la cruz detrás de él, y muchas mujeres lo seguían llorando. Allí pusieron a Jesús en la cruz, entre dos malhechores, uno a cada lado.

¿Y sabes cuál fue una de las primeras cosas que Jesús dijo desde allá arriba? No fue una amenaza ni un grito de rabia. Fue una oración: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Oró por las mismas personas que lo estaban lastimando.

Había gente burlándose. Los líderes decían que había salvado a otros y que ahora debía salvarse a sí mismo. Los soldados también se burlaban, y encima de la cruz pusieron un letrero: «ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS». Ellos creían que era un chiste. Pero lo que decían en burla era verdad: él era el Rey, y estaba salvando a otros precisamente por no salvarse a sí mismo.

Uno de los malhechores también insultaba a Jesús. Pero el otro reprendió a su compañero: ellos dos estaban allí por lo que habían hecho, pero Jesús no había hecho nada malo. Entonces se volvió hacia Jesús y le pidió: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino». Jesús le respondió: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso». Aun en la cruz, Jesús estaba abriéndole la puerta a alguien.

Hacia el mediodía el cielo se oscureció, y quedó oscuro hasta las tres de la tarde. En el templo, la gran cortina que separaba el lugar más santo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús clamó a gran voz: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y murió. No murió desesperado: entregó su vida en las manos del Padre.

Un capitán del ejército romano, el centurión, vio todo y dio gloria a Dios, diciendo: «Verdaderamente este hombre era justo». La gente volvió a casa triste, golpeándose el pecho. Los amigos de Jesús y las mujeres que lo seguían desde Galilea se quedaron mirando de lejos. Aquella tarde parecía el fin de todo. Pero nosotros ya sabemos un secreto: esta historia no termina aquí. Al tercer día... eso queda para la próxima historia.

33Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. 35Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: «A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios». 36Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37y diciendo: «Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo». 38Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: «ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS». 39Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: «Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros». 40Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: «¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo». 42Y dijo a Jesús: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino». 43Entonces Jesús le dijo: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso». 44Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y habiendo dicho esto, expiró. 47Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: «Verdaderamente este hombre era justo». 48Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.
Lucas 23:33–49 · SBLM

Lo que dice la Biblia

Lo que aprendemos

La cruz muestra cuánto nos ama Dios y qué serio es el mal. Jesús era inocente y dio su vida por los que hicieron mal. Aun allí, perdonó, acogió a un malhechor arrepentido y confió en el Padre hasta el último suspiro. Nadie está demasiado lejos para decir «acuérdate de mí». Con los niños no necesitamos detalles de dolor; necesitamos la verdad: Jesús dio su vida por amor, y la muerte no tuvo la última palabra.

Preguntas para conversar

Para los pequeños

Para niños

Para adolescentes

Para adultos

Actividad

Armen una pequeña cruz con dos palitos de helado o ramitas atadas con hilo. Cada uno dibuja o escribe en un papelito algo por lo que necesita perdón, o el nombre de alguien a quien necesita perdonar, lo dobla y lo pone al pie de la cruz. Lean juntos Lucas 23:34 y guarden la cruz hasta contar la historia del sepulcro vacío.

Para memorizar: Lucas 23:34

Oración

Señor Jesús, gracias porque diste tu vida por amor a nosotros. Tú perdonaste a quienes te lastimaban; enséñanos a perdonar también. Acuérdate de nosotros y guarda nuestro corazón cerca de ti. Amén.

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