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Historia para contar

Desayuno en la playa · Jesús resucitado restaura a Pedro

Historia bíblica para contar en familia · Juan 21:1–19 · edades 5–12 · 10 min

La historia

¡Jesús había muerto en la cruz y había resucitado! Los discípulos ya lo habían visto vivo. Ahora estaban de vuelta en Galilea, junto al mar de Tiberíades. Pero Pedro cargaba un peso en el corazón: la noche en que arrestaron a Jesús, había negado tres veces que lo conocía, cerca de una fogata. Un día, Pedro les dijo a sus amigos: «Voy a pescar». Y seis de ellos fueron con él.

Subieron a la barca y pasaron toda la noche echando la red. Chof... nada. Chof... nada. ¡Ni un pececito! Cuando empezaba a amanecer, había un hombre de pie en la playa. Los discípulos no sabían que era Jesús. El hombre les gritó: «Hijos, ¿tenéis algo de comer?» Y ellos, desanimados: «No».

El hombre les dijo que echaran la red a la derecha de la barca. Parecía un consejo tonto, pero la echaron. Y de repente... ¡la red quedó tan llena que no podían sacarla! ¿Les recordaba algo? Años antes, Jesús había hecho un milagro muy parecido el día en que llamó a Pedro para que lo siguiera. El discípulo al que Jesús amaba entendió primero y le dijo a Pedro: «¡Es el Señor!»

Pedro no esperó a que la barca llegara. Se puso la ropa y, ¡chof!, se arrojó al mar y fue hasta la playa. Los demás vinieron en la barquita, arrastrando la red llena. Cuando pisaron la arena, sintieron un olorcito rico: había unas brasas encendidas, con pescado asándose y pan. ¡El Señor resucitado estaba preparando el desayuno para sus amigos!

Jesús pidió que trajeran algunos de los peces. Pedro sacó la red: ¡ciento cincuenta y tres peces grandes, y la red no se rompió! Entonces Jesús dijo: «¡Venid a desayunar!» Tomó el pan y se lo dio, y lo mismo hizo con el pescado. Nadie se atrevió a preguntarle quién era. Todos lo sabían: era el Señor.

Después de comer, Jesús miró a Pedro. Otra vez unas brasas, como aquella noche. Y Jesús le preguntó: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?» Pedro dijo que sí. Jesús volvió a preguntar. Y preguntó una tercera vez. Muchos lectores de la Biblia notan aquí un eco: tres preguntas, como las tres veces en que Pedro dijo que no lo conocía. Pedro se afligió y respondió: «Señor, tú lo sabes todo. Sabes que te tengo afecto».

Con cada respuesta, Jesús le daba una misión: «Apacienta mis corderos». Cuida mis ovejas. Jesús no le echó en cara a Pedro lo que había hecho. No le dijo: fallaste, estás fuera. Lo recibió de vuelta, volvió a confiar en él y le dio la tarea de cuidar a las personas que él amaba. Y terminó con una invitación: «Sígueme».

1Después de estas cosas, Jesús se reveló de nuevo a los discípulos en el mar de Tiberias. Se reveló así. 2Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado Dídimo, Natanael, de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 3Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Le dijeron: «Nosotros también vamos contigo». Inmediatamente salieron y entraron en la barca. Aquella noche no pescaron nada. 4Pero cuando ya se hizo de día, Jesús se paró en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5Entonces Jesús les dijo: «Hijos, ¿tenéis algo de comer?» Le respondieron: «No». 6Les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis pesca». Así pues, la echaron, y entonces no pudieron sacarla por la multitud de peces. 7Aquel discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «¡Es el Señor!» Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se puso la ropa (pues estaba desnudo) y se arrojó al mar. 8Pero los demás discípulos venían en la barca pequeña (pues no estaban lejos de la tierra, sino a unos doscientos codos), arrastrando la red llena de peces. 9Cuando salieron a tierra, vieron allí un fuego de brasas, con peces y panes puestos sobre él. 10Jesús les dijo: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». 11Simón Pedro subió y sacó la red a tierra, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. A pesar de ser tantos, la red no se rompió. 12Jesús les dijo: «¡Venid a desayunar!» Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. 13Entonces Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, y el pescado también. 14Esta es la tercera vez que Jesús se revela a sus discípulos después de haber resucitado. 15Cuando hubieron desayunado, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?» Le dijo: «Sí, Señor; tú sabes que te tengo afecto». Le dijo: «Apacienta mis corderos». 16Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?» Le dijo: «Sí, Señor; tú sabes que te tengo afecto». Le dijo: «Cuida mis ovejas». 17Le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Jonás, ¿me tienes afecto?» Pedro se afligió porque le preguntó por tercera vez: ‘¿Me tienes afecto?’. Él le dijo: «Señor, tú lo sabes todo. Sabes que te tengo afecto». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. 18De cierto te digo que cuando eras joven te vestías solo y andabas por donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus manos, y otro te vestirá y te llevará donde no quieras». 19Y dijo esto, dando a entender con qué clase de muerte glorificaría a Dios. Cuando hubo dicho esto, le dijo: «Sígueme».
Juan 21:1–19 · SBLM

Lo que dice la Biblia

Lo que aprendemos

Jesús resucitado no es un fantasma lejano: enciende el fuego, asa el pescado, sirve el pan y llama a sus amigos a la mesa. Pedro había fallado feo, pero Jesús no lo descartó. Con tres preguntas y tres misiones, lo restauró, es decir, lo volvió a poner de pie. Así trata Jesús a quien cae: con verdad y con cariño, y después le dice otra vez: sígueme. Ningún fracaso es mayor que el amor del Señor que venció a la muerte.

Preguntas para conversar

Para los pequeños

Para niños

Para adolescentes

Para adultos

Actividad

Desayuno en la playa: preparen juntos un desayuno sencillo (pan, tostadas, fruta, lo que haya en casa) y cómanlo sentados en el piso sobre una toalla, como en una playa. En el centro, armen una fogata de mentira con tubos de papel higiénico y papel rojo o amarillo. Durante el desayuno, cada uno completa la frase: Jesús, te amo porque... y recibe una pequeña misión de cuidado para el día, como servir el jugo, ayudar a ordenar o darle un abrazo a alguien.

Para memorizar: Juan 21:17

Oración

Señor Jesús, gracias porque estás vivo y nos preparas la mesa. Cuando fallemos, ayúdanos a correr hacia ti, como Pedro. Tú lo sabes todo; tú sabes que te amamos. Enséñanos a cuidar de tus ovejas. En el nombre de Jesús, amén.

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