El buen samaritano · ¿quién es mi prójimo?
Historia bíblica para contar en familia · Lucas 10:25–37 · edades 5–14 · 10 min
La historia
Un día, un intérprete de la ley, alguien que pasaba la vida estudiando las leyes de Dios, se levantó para poner a prueba a Jesús. Le preguntó: «Maestro, ¿haciendo qué heredaré la vida eterna?» Jesús le devolvió la pregunta: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?»
El hombre sabía la respuesta de memoria: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y con toda la mente, y amar al prójimo como a uno mismo. Jesús le dijo que había respondido bien: haz esto y vivirás. Pero el hombre quería justificarse y preguntó: «¿Y quién es mi prójimo?» Era como preguntar: ¿a quién estoy obligado a amar, y a quién puedo dejar afuera?
Entonces Jesús contó una historia. Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, un camino desierto, lleno de curvas y piedras, donde era fácil esconderse. Y allí cayó en manos de ladrones. Le quitaron todo lo que tenía, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto a la orilla del camino.
Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino, un hombre que servía a Dios en el templo. Vio al herido... y pasó de largo por el otro lado. Después vino un levita, otro ayudante del templo. Llegó al lugar, vio al hombre... y también pasó de largo. El texto no dice por qué. Tal vez miedo, tal vez prisa. Solo dice que vieron y pasaron lejos.
Entonces llegó un samaritano. Para quienes escuchaban a Jesús, esa era la última persona que esperarían como héroe: judíos y samaritanos estaban peleados desde hacía siglos. Pero cuando el samaritano vio al hombre, fue movido a misericordia. Se acercó y vendó sus heridas, echándoles aceite y vino, que eran el remedio de aquel tiempo. Puso al hombre sobre su propio animal, lo llevó a una posada y cuidó de él.
Al día siguiente, antes de partir, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño de la posada. Le pidió que cuidara al herido y prometió pagarle todo lo que gastara de más cuando volviera. El samaritano no conocía a aquel hombre. Ni siquiera sabía su nombre. Aun así, pagó la cuenta.
Entonces Jesús le dio la vuelta a la pregunta: «¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?» El hombre respondió: «El que usó de misericordia con él». Fíjate que ni siquiera dijo la palabra samaritano. Entonces Jesús le dijo: «Ve, y haz tú lo mismo».
25He aquí que un intérprete de la ley se levantó y le puso a prueba, diciendo: «Maestro, ¿haciendo qué heredaré la vida eterna?» 26Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?» 27Él, respondiendo, dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». 28Le dijo: «Has respondido bien; haz esto y vivirás». 29Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» 30Respondiendo Jesús, dijo: “Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35Otro día, al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: ‘Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese’. 36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” 37Él dijo: «El que usó de misericordia con él». Entonces Jesús le dijo: «Ve, y haz tú lo mismo».
Lo que dice la Biblia
- v. 27: la ley lo resume todo en amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo.
- v. 33: el samaritano vio al hombre herido y fue movido a misericordia.
- v. 37: Jesús dijo: «Ve, y haz tú lo mismo».
Lo que aprendemos
El intérprete de la ley quería saber hasta dónde llegaba su obligación. Jesús cambió la pregunta: en lugar de «¿quién es mi prójimo?», preguntó quién actuó como prójimo. El amor que Dios pide no elige a quién lo merece; se acerca a quien está caído, aunque sea un extraño o un adversario. Muchos cristianos, desde los primeros siglos, vieron en el samaritano un retrato de Jesús, que vino hasta nosotros, heridos, y pagó la cuenta. Y la historia termina con una tarea para hoy.
Preguntas para conversar
Para los pequeños
- ¿Qué le pasó al hombre en el camino?
- ¿Qué hizo el samaritano para ayudar?
Para niños
- ¿Por qué crees que el sacerdote y el levita pasaron de largo por el otro lado?
- ¿Quién, en tu escuela o en tu calle, puede estar necesitando a alguien que se detenga y ayude?
Para adolescentes
- Jesús eligió a un samaritano, alguien de un pueblo rival, como héroe de la historia. ¿Quién sería hoy el samaritano para tu grupo de amigos? ¿Qué cambia eso en la historia?
Para adultos
- ¿Qué es lo que más nos hace pasar de largo: miedo, prisa, cansancio o la idea de que no es nuestro problema? ¿Cuál de ellos pesa más en ti ahora?
Actividad
Armen un botiquín de primeros auxilios de juguete, con curitas, algodón y un paño. Alguien de la familia hace de herido y los niños hacen de samaritano: le ponen la curita y llevan al herido hasta el sofá, que será la posada. Después, elijan juntos a una persona real que necesite cuidado esta semana y decidan un gesto concreto: una visita, una notita o una comida.
Para memorizar: Lucas 10:27
Oración
Dios de amor, gracias porque Jesús se acercó a nosotros cuando estábamos caídos. Abre nuestros ojos a quien está sufriendo cerca de nosotros. Danos valor para detenernos, cuidar y ayudar, aunque sea difícil. En el nombre de Jesús, amén.