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Historia para contar

Dios proveerá el cordero · la pregunta de Isaac y la respuesta de Dios

Historia bíblica para contar en familia · Génesis 22:1–14 · edades 6–12 · 10 min

La historia

Abraham ya era muy anciano cuando Dios cumplió una promesa antigua: nació Isaac, el hijo tan esperado. ¡Imagina la alegría en aquella tienda! Isaac creció, se hizo un muchacho, y Abraham lo amaba mucho. Un día, Dios llamó: «¡Abraham!» Y él respondió enseguida: «Aquí estoy». Pero lo que Dios le pidió fue lo más difícil que Abraham había oído jamás: llevar a Isaac a la tierra de Moriah y ofrecerlo en holocausto, un sacrificio quemado entero sobre el altar.

Detente un momento aquí. La Biblia avisa desde la primera frase que Dios estaba probando a Abraham, es decir, poniendo su fe a prueba. Quien lee ya sabe algo que Abraham todavía no sabía: Dios no iba a dejar morir a Isaac. Más adelante, en la Ley, Dios diría con todas las letras que aborrece que los pueblos ofrezcan a sus propios hijos a sus dioses (Deuteronomio 12:31). Aun sin entender, Abraham se levantó de madrugada, ensilló el asno, partió la leña y salió con Isaac y dos ayudantes. Clop, clop, clop: tres días de camino.

Al tercer día, Abraham vio el lugar de lejos. Dijo a los ayudantes que esperaran con el asno, porque él y el muchacho irían a adorar y después volverían. Fíjate bien: ¡dijo que los dos volverían! Entonces Abraham puso la leña sobre la espalda de Isaac y llevó en las manos el fuego y el cuchillo. Y los dos siguieron juntos, subiendo el monte, paso a paso, en silencio.

A mitad de la subida, Isaac rompió el silencio: «¿Padre mío?» Y Abraham: «Aquí estoy, hijo mío». Isaac miró la leña, miró el fuego e hizo la pregunta que atraviesa toda la Biblia: «He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?» ¡Qué pregunta! Abraham respondió: «Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío». Proveer quiere decir conseguir, dar exactamente lo que falta.

Arriba, Abraham construyó el altar, acomodó la leña, ató a Isaac y lo puso sobre la leña. El corazón late fuerte... Abraham extendió la mano y tomó el cuchillo. Y entonces, desde el cielo, una voz: «¡Abraham, Abraham!» Era el ángel del Señor: «No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada». ¡Uf! Dios detuvo todo a tiempo. Él nunca quiso la muerte de Isaac; quería mostrarle a Abraham, y a nosotros, quién es el que provee.

Abraham alzó los ojos y vio, justo detrás de él, un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos. ¡Beee! Tomó el carnero y lo ofreció en lugar de su hijo. Isaac bajó de aquel altar vivo y sano. Y Abraham le puso al lugar un nombre nuevo: «Yahvé proveerá». Dios había hecho exactamente lo que Abraham había dicho en el camino: proveyó el sacrificio.

Después de eso, Dios renovó la promesa: por medio de la descendencia de Abraham serían bendecidas todas las naciones de la tierra. Padre e hijo bajaron del monte. Pero la pregunta de Isaac siguió resonando durante siglos: ¿dónde está el cordero? Mucho tiempo después, a orillas del río Jordán, Juan el Bautista vio a Jesús que se acercaba y respondió: «¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!»

1Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: «¡Abraham!» Y él respondió: «Aquí estoy». 2Y le dijo: «Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré». 3Y Abraham se levantó muy de mañana, ensilló su asno, y tomó consigo a dos de sus mozos y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho. 4Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno; el muchacho y yo iremos hasta allí, adoraremos, y volveremos a vosotros». 6Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo; y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y fueron ambos juntos. 7Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: «¿Padre mío?» Y él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». Y él dijo: «He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?» 8Y respondió Abraham: «Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío». E iban juntos. 9Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, compuso la leña, ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11Entonces el ángel de Yahvé le dio voces desde el cielo, y dijo: «¡Abraham, Abraham!» Y él respondió: «Aquí estoy». 12Y dijo: «No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo». 13Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar «Yahvé proveerá». Por tanto se dice hoy: «En el monte de Yahvé será provisto».
Génesis 22:1–14 · SBLM

Lo que dice la Biblia

Lo que aprendemos

Dios no quería la muerte de Isaac: él mismo detuvo la mano de Abraham y proveyó el sacrificio. El Nuevo Testamento dice explícitamente que Abraham ofreció a Isaac por la fe, creyendo que Dios podía incluso resucitar a los muertos, y que en sentido figurado lo recibió de vuelta (Hebreos 11:17–19). Ver en el carnero que muere en lugar del hijo una imagen de Jesús, el Cordero que Dios proveyó (Juan 1:29), es una lectura cristiana tradicional, y muy antigua. La diferencia conmueve: en el monte, Dios le perdonó la vida al hijo de Abraham; en la cruz, no escatimó a su propio Hijo (Romanos 8:32).

Preguntas para conversar

Para los pequeños

Para niños

Para adolescentes

Para adultos

Actividad

Búsqueda del cordero: un adulto esconde por la casa un peluche o una bolita de algodón con orejitas de papel. Los niños cargan un manojo de palitos de brocheta o ramitas (la leña de Isaac) y buscan preguntando en voz alta: ¿dónde está el cordero? Quien lo encuentre lee Génesis 22:8. Para terminar, escriban en un papel y péguenlo en el refrigerador: Jesús es el Cordero que Dios nos dio.

Para memorizar: Génesis 22:8

Oración

Padre, gracias porque tú ves antes que nosotros y provees lo que falta. Gracias por Jesús, el Cordero que tú mismo diste por nosotros. Enséñanos a confiar en ti cuando no entendemos el camino. En el nombre de Jesús, amén.

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