Uno por uno, por su nombre
Una enseñanza para los padres · Job 1:1–5
1Hubo un varón en tierra de Uz, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. 2Y le nacieron siete hijos y tres hijas. 3Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísimos criados; de modo que aquel varón era el más grande de todos los orientales. 4E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. 5Y acontecía que, habiendo pasado turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: «Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán renunciado a Dios en sus corazones». De esta manera hacía Job todos los días.
Contexto
El libro de Job presenta a un hombre rico y temeroso de Dios de la tierra de Uz, fuera de Israel, en un escenario que recuerda la época de los patriarcas. Antes de narrar las pérdidas terribles que sufriría, el autor muestra una costumbre de la familia: los hijos adultos, cada uno en su casa, hacían banquetes e invitaban a sus hermanas. Job no vigilaba las fiestas, pero ofrecía sacrificios por ellos, una práctica anterior al templo.
Lo que enseña la Biblia
Los hijos de Job eran adultos. Tenían casa, agenda y fiestas propias. Job no aparece invadiendo su vida. Lo que hace es otra cosa: «se levantaba de mañana» y presentaba a cada uno delante de Dios, «conforme al número de todos ellos». Uno por uno, por su nombre.
El motivo es realista: «Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán renunciado a Dios en sus corazones». Job sabía que no veía el corazón de sus hijos. Los padres tampoco lo ven. No sabemos lo que pasa en el cuarto cerrado, en la pantalla del celular, en la cabeza de un adolescente o en la vida de un hijo que ya se fue de casa. Eso no es motivo para desesperarse ni para una vigilancia obsesiva, sino para orar.
El texto cierra con una nota: «De esta manera hacía Job todos los días». No era una reacción a una crisis; era rutina. Y el resto del libro muestra que la oración no es un seguro contra el sufrimiento: la familia de Job pasó por dolores inmensos. Orar por los hijos no compra garantías. Entrega a Dios lo que está fuera de nuestro alcance y mantiene nuestro corazón vuelto hacia ellos. Y en Cristo tenemos un Mediador que intercede por nosotros y por ellos.
En la práctica
Haz una lista con el nombre de cada hijo y una petición específica para cada uno. Ora con ella temprano, antes de tomar el celular, durante siete días.
Para conversar
¿Qué petición te gustaría que yo presentara a Dios por ti esta semana?
Oración
Señor, traigo delante de ti a cada uno de mis hijos, por su nombre. Tú ves su corazón, que yo no veo. Guárdalos donde yo no puedo ir y dame la constancia de Job para orar aun cuando todo parece bien. Amén.
Conoce también: Job.