El padre que corre
Una enseñanza para los padres · Lucas 15:20–24
20“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21Y el hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo’. 22“Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado’. Y comenzaron a regocijarse.
Contexto
Los fariseos y los escribas murmuraban porque Jesús comía con cobradores de impuestos y pecadores (Lucas 15:1–2). Él responde con tres parábolas sobre cosas perdidas. En la tercera, el hijo menor pide la herencia con el padre todavía vivo, un gesto que sonaba a desearle la muerte, lo gasta todo en una tierra lejana y termina cuidando cerdos. En aquella cultura, que un patriarca corriera en público solía verse como algo indigno.
Lo que enseña la Biblia
El padre no fue tras el hijo cuando se marchó. Lo dejó ir. Pero el v. 20 muestra que nunca dejó de mirar el camino: «cuando aún estaba lejos, lo vio su padre». Muchos padres viven esta etapa: un hijo que se alejó de la fe, de la iglesia, a veces de la propia casa. No siempre es posible traerlo de vuelta a la fuerza. Pero sí es posible mantener la puerta abierta y la luz encendida.
Cuando el hijo aparece, el padre corre, lo abraza y lo besa antes de oír el discurso ensayado. El muchacho apenas dice que no es digno, y el padre ya pide vestido, anillo y calzado: señales de hijo, no de empleado. La gracia llega antes de la prueba del cambio. Eso no es aprobar lo que hizo; es declarar que el vínculo es mayor que la caída.
Esta parábola es, ante todo, sobre Dios, y eso consuela a los padres: existe un Padre que ama a tu hijo más que tú. Mientras esperas, mantén el contacto sin convertir cada conversación en un sermón, ora y cuida de tu propia alma. Y recuerda al hermano mayor (vv. 25–32): los hijos que se quedaron también necesitan oír que son amados.
En la práctica
Si hay un hijo lejos, envíale esta semana un mensaje sin reproches ni consejos, solo para decirle que pensaste en él y que la puerta está abierta. Si no lo hay, agradece a cada hijo por algo concreto.
Para conversar
¿Qué hace que alguien sienta que puede volver a casa después de equivocarse?
Oración
Padre que corres al encuentro de los perdidos, sostén mi esperanza por los hijos que están lejos. Guárdalos dondequiera que estén. Dame ojos atentos al camino, brazos abiertos y una boca más lenta para juzgar. Que encuentren en mí un reflejo de tu abrazo. Amén.
Conoce también: El Hijo Pródigo.