Amar como Cristo amó
Una enseñanza para los esposos · Efesios 5:25–30
25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
Contexto
Pablo escribe a las iglesias de Asia Menor, donde la ley romana daba al jefe de la casa un poder casi absoluto. El pasaje empieza en el v. 21, con todos sometiéndose unos a otros en el temor de Cristo. Cuando llega a los maridos, Pablo no les entrega derechos: les entrega una cruz. La medida del amor del marido es Cristo, que se dio por la iglesia, y el propio cuerpo, que nadie odia, sino que alimenta y protege.
Lo que enseña la Biblia
Fíjate en lo que Pablo no dice. No manda a los maridos que hagan que su esposa se sujete; no hay ninguna orden para que ellos se lo exijan. El único verbo dirigido a ellos es amar, y el modelo es asombroso: «así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella». En la cultura de la época, ser cabeza significaba tener privilegios. En Cristo, significa ir primero a la cruz. Liderar el hogar es tomar la iniciativa de servir, de pedir perdón, de cargar el peso más pesado.
Los vv. 26 y 27 muestran la meta de ese amor: Cristo se entrega para que la iglesia florezca, para presentarla gloriosa. Todo marido puede preguntarse: ¿mi esposa es más libre, más plena y más parecida a quien Dios la hizo para ser por estar casada conmigo? ¿O está más pequeña, con miedo, apagada? El amor que empequeñece al otro no es el amor de Efesios 5.
En el v. 29, Pablo usa dos verbos concretos: sustentar y cuidar. Es vocabulario de quien alimenta y abriga. Sustentar es ofrecer lo que hace crecer: escucha, tiempo, ánimo para sus dones. Cuidar es proteger del frío: del cansancio solitario, de la crítica pública, de la sobrecarga que nadie ve.
En la práctica
Pregúntale: ¿qué puedo asumir esta semana para que tengas más descanso o espacio para algo que amas? Después hazlo, sin que te lo tengan que recordar.
Para conversar
¿En qué momentos te sentiste más cuidada por mí, y en cuáles sentiste que yo pensaba solo en mí?
Oración
Señor Jesús, tú te entregaste por mí cuando yo no lo merecía. Enséñame a amar a mi esposa con ese mismo amor, que no exige, sino que se da. Quita de mí todo deseo de controlar y dame valor para servir primero. Que ella florezca a mi lado. Amén.