Proteger y soltar
Una enseñanza para las madres · Éxodo 2:2–9
2La mujer concibió y dio a luz un hijo. Al ver que era un buen niño, lo escondió durante tres meses. 3Cuando ya no pudo esconderlo, tomó una arquilla de papiro para él, y la cubrió con asfalto y brea. Puso al niño en ella y la depositó en los juncos de la orilla del río. 4Su hermana se quedó lejos, para ver qué se hacía con él. 5La hija del faraón bajó a bañarse en el río. Sus doncellas se paseaban por la orilla del río. Vio la arquilla entre los juncos y envió a su criada a buscarla. 6La abrió y vio al niño, y he aquí que el niño lloraba. Se compadeció de él y dijo: «Este es uno de los hijos de los hebreos». 7Entonces su hermana dijo a la hija del faraón: «¿Debo ir a llamar a una nodriza de las mujeres hebreas para que te amamante al niño?» 8La hija del faraón le dijo: «Ve». La joven fue y llamó a la madre del niño. 9La hija del faraón le dijo: «Llévate a este niño y cuídalo por mí, y te daré tu salario». La mujer tomó al niño y lo amamantó.
Contexto
En Egipto, el faraón esclavizó a los hebreos y ordenó que todo niño recién nacido fuera echado al río Nilo (Éxodo 1:22). La madre de Moisés, llamada Jocabed en Éxodo 6:20, era de la tribu de Leví. Hebreos 11:23 cuenta que los padres escondieron al niño por la fe, sin temer la orden del rey. La palabra hebrea para la cesta es la misma que se usa para el arca de Noé.
Lo que enseña la Biblia
La madre de Moisés protege hasta donde puede: esconde al bebé durante tres meses. Después, «cuando ya no pudo esconderlo», no se rinde; cambia la forma de cuidar. Prepara una cesta con sus propias manos, la cubre con asfalto y brea y la pone en el río, el mismo río que era la amenaza. Hace todo lo que está a su alcance y entrega el resto a Dios.
Toda madre atraviesa este paso muchas veces: el primer día de escuela, el primer celular, el primer viaje solo, la universidad lejos. Proteger a un bebé es esconderlo; proteger a un adolescente es preparar la cesta: formar criterios, conversar sobre los riesgos, acordar límites para las pantallas e internet, y luego soltar poco a poco. El control total no es posible ni sano.
Y mira cómo sigue la historia: la hermana observa de lejos, una princesa extranjera siente compasión, y la propia madre termina recibiendo un pago por amamantar a su hijo. Dios actúa por medio de una red de personas que ella no eligió. Soltar no es abandonar; es confiar en que Dios sigue cuidando más allá de las orillas del río que la madre alcanza a ver.
En la práctica
Elige un área en la que tu hijo esté listo para un poco más de autonomía. Conversen sobre los riesgos, acuerden reglas claras y den ese paso esta semana.
Para conversar
¿En qué área te gustaría tener más libertad, y qué mostraría que estás listo para ella?
Oración
Señor, quiero proteger a mis hijos de todo, y no puedo. Enséñame a preparar la cesta con cuidado y a soltarlos en el momento justo, confiando en que tú ves lo que yo no veo. Pon personas buenas en las orillas de su camino. Amén.
Conoce también: Moisés.