Guardar en el corazón
Una enseñanza para las madres · Lucas 2:48–51
48Al verle, se asombraron; y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? He aquí que tu padre y yo te buscábamos ansiosamente». 49Él les dijo: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debía estar en la casa de mi Padre?» 50Ellos no entendían lo que les decía. 51Bajó con ellos y llegó a Nazaret. Se sometió a ellos, y su madre guardaba todas estas palabras en su corazón.
Contexto
Cada año, José y María iban a Jerusalén para la Pascua, en caravana con parientes. A los doce años, cerca de la edad en que un muchacho judío empezaba a asumir la Ley, Jesús se queda en el templo sin avisar. Los padres solo se dan cuenta después de un día de viaje y tardan tres días en encontrarlo, sentado entre los maestros, escuchando y preguntando. Es la única escena de la adolescencia de Jesús en los Evangelios.
Lo que enseña la Biblia
María no esconde lo que siente: «tu padre y yo te buscábamos ansiosamente». La Biblia no presenta a una madre serena todo el tiempo. Ella conoce la angustia de buscar a un hijo y no encontrarlo, y se lo dice con franqueza. Las madres pueden ser honestas con sus hijos sobre el miedo y la preocupación.
La respuesta de Jesús apunta a algo mayor: él tenía un Padre y una misión. Y el v. 50 consuela: «Ellos no entendían lo que les decía». Ni siquiera los padres de Jesús lo entendieron todo. Cuando un adolescente empieza a pensar por su cuenta y a tener una vida interior que la madre no alcanza, eso no es necesariamente rebeldía; puede ser crecimiento.
El v. 51 junta dos cosas: Jesús vuelve y se sujeta a ellos, y «su madre guardaba todas estas palabras en su corazón». Guardar no es tragarse el dolor ni renunciar a entender. Es llevar las preguntas sin respuesta delante de Dios, esperar y observar cómo él actúa con el tiempo. María ya lo hacía desde el nacimiento (2:19). Años después, estaría al pie de la cruz, todavía guardando.
En la práctica
Ten un cuaderno o una nota en el celular y, una vez por semana, anota algo que tu hijo dijo o hizo que no entendiste o que quieres recordar. Entrégaselo a Dios en oración.
Para conversar
¿Hay algo que te gustaría que mamá entendiera mejor de ti hoy?
Oración
Señor, hay cosas en mis hijos que no entiendo. Enséñame a guardar en el corazón, como María, sin desesperación y sin rendirme. Dame paciencia para esperar tu tiempo y franqueza para hablarles con amor. Amén.
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