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Familia · para los hijos

La merienda del muchacho

Una enseñanza para los hijos · Juan 6:8–13

8Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9«Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué son éstos entre tantos?» 10Jesús dijo: «Haced que la gente se siente». Había mucha hierba en aquel lugar. Así que los hombres se sentaron, en número de unos cinco mil. 11Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban sentados, asimismo de los peces cuanto quisieron. 12Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pierda nada». 13Así que los recogieron y llenaron doce cestas con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los que habían comido.
Juan 6:8–13 · SBLM

Contexto

Una multitud enorme siguió a Jesús hasta un monte cerca del mar de Galilea. Solo de hombres eran unos cinco mil. Ya era tarde y no había comida. Felipe calculó que ni con mucho dinero se compraría pan para todos. Entonces Andrés apareció con una noticia muy pequeña: un muchacho tenía una merienda. El pan de cebada era el pan más barato, comida de gente sencilla.

Lo que enseña la Biblia

Andrés dijo: «pero ¿qué son éstos entre tantos?» Cinco panes pequeños y dos peces para miles de personas parecía un chiste. A veces pensamos así de nosotros mismos: solo soy un niño, lo que tengo es poco, no hace diferencia. Fíjate que la Biblia ni siquiera cuenta el nombre del muchacho. No era famoso ni importante, y aun así entró en la historia porque le confió a Jesús lo que tenía.

Pero Jesús tomó exactamente ese poco. Dio gracias a Dios por la merienda antes incluso de que se multiplicara y después mandó repartirla. Todos comieron cuanto quisieron, y todavía sobraron doce cestas llenas. El milagro empezó cuando un muchacho dejó que su merienda saliera de la mochila y pasara a las manos de Jesús.

Tú también tienes tus cinco panes: un dibujo, un abrazo, una canción, un juguete para prestar, una oración por un amigo enfermo. En las manos de Jesús, lo poco rinde. Y mira el detalle del final: Jesús mandó recoger los trozos para que no se perdiera nada. Para él, hasta las sobras importan. Nada de lo que ofreces con amor se desperdicia.

En la práctica

Esta semana, cada persona de la familia elige un pan para ofrecer: algo pequeño que tiene o sabe hacer, para bendecir a alguien de fuera de casa.

Para conversar

Si hubieras estado en esa multitud con tu merienda, ¿habrías tenido el valor de entregarla? ¿Por qué?

Oración

Jesús, a veces pienso que lo que tengo es demasiado poco. Hoy pongo en tus manos mi tiempo, mis talentos y mis cosas. Usa mi poco para ayudar a alguien. Gracias porque nada de lo que te entrego se pierde. Amén.

Conoce también: La multiplicación de los panes.

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