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Familia · para las esposas

Vestida de fuerza y honor

Una enseñanza para las esposas · Proverbios 31:25–31

25Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. 26Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. 27Considera la marcha de su casa, y no come el pan de balde. 28Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: 29«Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas». 30Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Yahvé, esa será alabada. 31Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.
Proverbios 31:25–31 · SBLM

Contexto

Proverbios 31:10–31 es un poema acróstico: cada versículo empieza con una letra del alfabeto hebreo, en orden, como quien dice que esta es la mujer de la A a la Z. El capítulo trae palabras que el rey Lemuel aprendió de su propia madre (v. 1). Es un retrato poético de la sabiduría vivida en el día a día, no una lista de tareas para que una sola mujer la cumpla, y mucho menos en el mismo día.

Lo que enseña la Biblia

Mira primero lo que ella viste: «Fuerza y honor son su vestidura». No es solo una mujer ocupada, es una mujer plena. Negocia, compra un campo, planta una viña, vende ropa, ayuda al pobre, habla con sabiduría. La Biblia celebra el trabajo de la mujer, dentro y fuera de casa, y la llama fuerte. Y ella «se ríe de lo por venir», no porque lo controle todo, sino porque teme a Yahvé.

Muchas mujeres leen este capítulo y se sienten aplastadas: nunca seré así. Pero el poema no es una meta de productividad. Ninguna mujer real hace todo esto al mismo tiempo, y la del poema tiene criadas y familia a su alrededor: nadie puede sola. El centro está en el v. 30: la gracia y la hermosura pasan, el temor del Señor permanece. Temer al Señor no es pavor; es vivir con reverencia y confianza en él.

Fíjate también en el final: el marido y los hijos la elogian en voz alta, y el v. 31 pide que reciba el fruto de sus propias manos. El reconocimiento no es vanidad; es justicia. Y esa dignidad no depende del estado civil ni de tener hijos.

En la práctica

Escribe tres cosas que tus manos han construido en los últimos meses, dentro o fuera de casa, y da gracias a Dios por ellas. Si quieres, lee este pasaje con tu marido y cuéntale lo que escribiste.

Para conversar

¿En qué área de la vida te has reído de lo por venir, y en cuál has vivido con miedo del futuro?

Oración

Señor, gracias por la dignidad que me diste y por el trabajo de mis manos. Líbrame de medir mi valor por la comparación o por la productividad. Vísteme de fuerza y sabiduría, y enséñame a temerte a ti más que a cualquier mirada. Amén.

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