Lazos de amor
Una enseñanza para tiempos difíciles · Oseas 11:1–4
1“Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. 2Cuanto más los llamaban, más se alejaban de ellos; ofrecían sacrificios a los baales, y quemaban incienso a las imágenes talladas. 3Con todo, yo enseñé a andar a Efraín. Los tomé por sus brazos, pero no comprendieron que yo los sanaba. 4Los atraje con cuerdas humanas, con lazos de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y me incliné hacia él y le di de comer.
Contexto
Oseas profetizó en el reino del norte, Israel, también llamado Efraín, poco antes de su caída ante Asiria, en el siglo VIII a. C. En buena parte del libro, Dios habla como un esposo traicionado. En este capítulo la imagen cambia: Dios habla como padre o madre de un hijo que se alejó. Recuerda la infancia de ese hijo, el cuidado que tuvo con él y el dolor de verlo irse.
Lo que enseña la Biblia
Dios describe gestos de quien cría a un niño: enseñar a andar, tomar en brazos, sanar, inclinarse para darle de comer. Y lamenta: «no comprendieron que yo los sanaba». Padres y madres de hijos alejados, de la fe, de la familia o de ambas, conocen ese dolor: recordar todo lo que se hizo y ver al hijo seguir otro rumbo. Dios conoce ese sufrimiento por dentro.
Fíjate en el modo en que Dios atrae: «con cuerdas humanas, con lazos de amor». No con cadenas, chantaje ni humillación. Los hijos adultos toman decisiones reales, y nadie es traído de vuelta a la fuerza. La presión, el sermón en cada conversación y las amenazas suelen aumentar la distancia. Lo que atrae es un amor que sigue disponible, respeta la libertad y no se rinde.
Pocos versículos después, Dios exclama: «¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín?». El texto no promete que todo hijo volverá, ni cuándo. Pero muestra que el corazón de Dios no se rinde, e invita a padres y madres a mantener abierto el suyo. Mientras tanto, ora, mantén un contacto respetuoso, cuida de ti y de tus otros hijos, y recuerda: no eres el único responsable de la decisión de otra persona.
En la práctica
Envía al hijo o a la hija que se alejó un mensaje corto, sin reclamos ni sermón, diciendo que lo amas y que la puerta está abierta.
Para conversar
Si alguien de nuestra familia volviera hoy después de mucho tiempo lejos, ¿cómo nos gustaría que fuera recibido?
Oración
Padre, tú conoces al hijo que está lejos de mí y de ti. Guarda su vida dondequiera que esté. Quita de mi corazón la amargura y las ganas de tener la razón. Mantén abierta la puerta de nuestra casa y dame paciencia para esperar. Amén.