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Familia · para los abuelos

La fe que comenzó en la abuela

Una enseñanza para los abuelos · 2 Timoteo 1:3–5

3Doy gracias a Dios, a quien sirvo como mis antepasados, con una conciencia pura. Cuán incesante es mi recuerdo de ti en mis súplicas, noche y día, 4anhelando verte, recordando tus lágrimas, para llenarme de alegría; 5trayendo a la memoria la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice y, estoy persuadido, también en ti.
2 Timoteo 1:3–5 · SBLM

Contexto

Pablo escribe esta carta preso en Roma, cerca del fin de su vida, al joven Timoteo, que cuidaba de la iglesia en Éfeso. Hechos 16:1 cuenta que Timoteo era hijo de una judía creyente y de padre griego; no hay señal de que el padre compartiera la fe. Al recordar las lágrimas y la fe sincera del discípulo, Pablo retrocede dos generaciones: antes de Eunice, la madre, estuvo Loida, la abuela.

Lo que enseña la Biblia

Pablo dice que la fe «habitó primero en tu abuela Loida». El verbo es de casa: la fe vivió allí, hizo morada, antes de pasar a otros. Loida no aparece predicando ni viajando. Aparece como alguien cuya fe era sincera, sin fingimiento, al punto de ser recordada décadas después por un apóstol. La fe sincera es la que se ve de cerca, en la cocina, en la enfermedad, con el dinero justo, y sigue de pie.

Timoteo creció en un hogar donde solo la madre creía. Eso consuela a muchas familias hoy: cuando solo uno de los padres tiene fe, o ninguno, una abuela o un abuelo puede ser puente. La tarea no es sustituir a los padres ni presionar a los nietos, sino ofrecer, con respeto a la autoridad de los padres, una fe visible, que ora, cuenta historias y acoge.

Fíjate también en la palabra «primero». La fe de Loida no garantizó la de Timoteo; Pablo dice estar persuadido de que habita también en él. Cada generación necesita creer por sí misma. El papel de los abuelos es sembrar y orar, no controlar el resultado. La cosecha le pertenece a Dios.

En la práctica

Escribe a mano, en una tarjeta, un breve testimonio de cómo Dios obró en tu vida y entrégaselo a un nieto para que lo guarde.

Para conversar

¿Quién fue la primera persona de nuestra familia en mostrar una fe de verdad, y qué hacía que nos marcó?

Oración

Padre, gracias por quienes creyeron antes que yo. Dame una fe sincera, sin fingimiento, que mis nietos puedan ver de cerca. Líbrame de presionar y de controlar; enséñame a sembrar, orar y esperar. Que la fe que habita en mí encuentre morada también en ellos. Amén.

Conoce también: Timoteo.

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