porque Ele vive
Inicio › Devocional
Devocional

Yo sé que mi Redentor vive

Devocional del 2 de octubre · Job 19:25 · 14 min de lectura

13“Hizo alejar de mí a mis hermanos, y mis conocidos totalmente se extrañaron de mí. 14Mis parientes se detuvieron, y mis amigos íntimos me olvidaron. 15Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño; forastero fui yo a sus ojos. 16Llamé a mi siervo, y no respondió; con mi propia boca le suplicaba. 17Mi hálito vino a ser extraño a mi mujer, aunque por los hijos de mi propia matriz le rogaba. 18Aun los muchachos me menospreciaron; al levantarme, hablaban contra mí. 19Todos mis íntimos me aborrecieron, y los que yo amaba se volvieron contra mí. 20Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos, y he escapado con la piel de mis dientes. 21“¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí!, porque la mano de Dios me ha tocado. 22¿Por qué me perseguís como Dios, y ni aun de mi carne os saciáis? 23“¡Quién diera ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diera que se fuesen grabando en un libro; 24que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre! 25Yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo; 26y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; 27al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro. “Mis entrañas se consumen dentro de mí.
Job 19:13–27 · SBLM

Contexto

El libro de Job cuenta la historia de un hombre íntegro que pierde sus bienes, sus hijos y su salud. La fecha y el autor del libro son inciertos; la narración se sitúa en un ambiente antiguo, parecido al de los patriarcas. La mayor parte del libro es un largo diálogo poético entre Job y tres amigos, Elifaz, Bildad y Zofar. Los amigos insisten en una idea: quien sufre de esa manera debe haber pecado. Job lo niega y lleva su queja directamente a Dios.

El capítulo 19 es la respuesta de Job al segundo discurso de Bildad (cap. 18), que describió con detalle el terrible destino de los impíos, en una clara alusión a Job. Aquí Job está en su punto más bajo: se siente cercado por Dios, abandonado por su familia y despreciado hasta por los niños. Es justamente en ese punto, y no después de la solución, cuando hace una de las declaraciones de esperanza más conocidas del Antiguo Testamento.

Lo que dice el texto

Reflexión

Antes de llegar al versículo 25, hay que pasar por los anteriores. Job no habla con la calma de quien ya lo entendió todo. Dice que Dios le cerró el camino y le arrancó la esperanza como a un árbol (vv. 8, 10). No sabe lo que el lector sabe desde el capítulo 1. El libro deja esas palabras registradas sin borrarlas. Eso enseña algo precioso a quien sufre: la Biblia tiene espacio para la queja sincera dirigida a Dios. Job no abandona a Dios; lucha con Dios, que es algo muy distinto.

La palabra traducida por Redentor, en hebreo go'el, viene del mundo de la familia. El go'el era el pariente cercano responsable de rescatar a un familiar: volver a comprar la tierra perdida, liberar a un pariente vendido como esclavo, defender a quien no podía defenderse (Lv 25:25; es el papel de Booz en Rut). Ahora mira el contraste: en los versículos 13 a 19, la familia de Job lo abandonó. Cuando los parientes fallan, Job apela a un Pariente que no falla.

El texto hebreo de los versículos 26 y 27 es difícil, y las traducciones varían en los detalles. Pero algunas cosas están claras: Job espera un redentor vivo, que «al fin se levantará sobre el polvo», y espera ver a Dios personalmente, con sus propios ojos, «y no otro». Su esperanza no es una frase de autoayuda. Es la certeza de que alguien va a defender su causa, aunque eso llegue después de la muerte, y de que Dios no lo va a tratar como lo trataron los de su casa.

Job quería que sus palabras quedaran grabadas en la roca. Fueron guardadas en algo más duradero: en las Escrituras, leídas por generaciones de personas que sufren. Él nunca lo supo. Hay dolores que cargas hoy cuyo sentido tal vez no veas en esta vida. El texto no promete explicación ni curación. Promete algo distinto: que existe un Redentor y que él vive.

El Nuevo Testamento no cita Job 19:25 directamente. Pero la lectura cristiana tradicional, desde muy temprano, oyó en este versículo la voz de quien espera a Jesús, el Pariente que se hizo carne, murió y resucitó. La resurrección de Cristo le da un rostro concreto a lo que Job apenas vislumbró (1 Co 15:20). Si hoy no tienes respuestas, puedes tener lo que Job tuvo: una frase a la que aferrarte, dicha en la oscuridad, sin negar el dolor.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: Escribe una queja sincera a Dios sobre algo que no entiendes. Después escribe, justo debajo, lo que sabes de él aun sin entender.

Oración

Dios vivo, tú eres mi Redentor. Cuando los cercanos se alejan, tú no te avergüenzas de ser mi Pariente. Confieso que hay días en que no entiendo lo que pasa y que mi fe parece pequeña. No te escondo mi dolor ni mis preguntas. Te entrego lo que no logro explicar. Sostenme hasta el día en que mis propios ojos te vean, cara a cara. Por Jesús, que resucitó. Amén.

Para memorizar: Job 19:25
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, busca a alguien que está sufriendo y solo escucha, sin explicarle su dolor ni darle consejos apresurados.

Para profundizar: lee Job 19; Job 42 y conoce a Job.

CompartirWhatsApp

Abrir la versión interactiva →