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Devocional

Toda la Escritura

Devocional del 9 de noviembre · 2 Timoteo 3:16 · 13 min de lectura

1Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. 2Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita. 6Porque de estos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias, 7que siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. 8Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también estos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. 9Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos. 10Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, 11persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. 12Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; 13mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. 14Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
2 Timoteo 3:1–17 · SBLM

Contexto

2 Timoteo es, probablemente, la última carta de Pablo. Está preso en Roma, hacia el 64 a 67 d. C., y sabe que el final está cerca (2 Ti 4:6). Le escribe a Timoteo, su hijo en la fe, que dirigía la iglesia en Éfeso. Es una carta personal, llena de nostalgia y urgencia. Timoteo era joven, parece haber sido tímido, y enfrentaba a falsos maestros dentro de la iglesia.

El capítulo 3 empieza describiendo los últimos días como tiempos peligrosos, marcados por personas amadoras de sí mismas y del dinero, con apariencia de piedad pero sin su eficacia (v. 1-5). Para el Nuevo Testamento, los últimos días ya comenzaron con la venida de Cristo. Ante ese panorama, Pablo no ofrece una estrategia nueva. Le manda a Timoteo persistir en lo que aprendió (v. 14) y le señala las Escrituras que conocía desde la niñez.

Lo que dice el texto

Reflexión

La expresión «inspirada por Dios» traduce una sola palabra griega que, al pie de la letra, significa soplada por Dios, y que Pablo probablemente acuñó o hizo conocida. Recuerda el momento en que Dios sopló aliento de vida en el ser humano (Gn 2:7). Así como el soplo de Dios dio vida al polvo, el soplo de Dios está detrás de las palabras de las Escrituras. Pablo no está diciendo que la Biblia sea inspiradora en el sentido de bonita o emocionante. Está diciendo que su origen último es Dios.

Cuando Pablo escribió esto, la Escritura que Timoteo conocía desde niño era principalmente lo que llamamos Antiguo Testamento, enseñado por su abuela Loida y por su madre Eunice (2 Ti 1:5). A lo largo de los siglos, la iglesia reconoció que los escritos de los apóstoles pertenecen a esa misma categoría. El punto central, sin embargo, es que Pablo, al borde de la muerte y rodeado de engañadores, no señala una experiencia nueva ni a un maestro carismático. Señala un libro antiguo, leído en casa por una abuela y una madre.

Fíjate también en las cuatro utilidades del versículo 16. Enseñar es mostrar el camino. Redargüir es mostrar dónde nos salimos de él. Corregir es ayudar a volver. Instruir en justicia es aprender a caminar de nuevo, día tras día. La Biblia no sirve solo para confirmar lo que ya pensamos. Si nunca nos redarguye ni nos corrige, tal vez estemos leyendo solo las partes que nos agradan.

Y hay una meta: que la persona de Dios sea completa, preparada para toda buena obra (v. 17). La Escritura no fue dada para formar coleccionistas de versículos, sino personas que aman y sirven. El versículo 7 muestra el riesgo: es posible estar siempre aprendiendo sin llegar nunca a la verdad. Jesús dijo algo parecido a los religiosos de su tiempo, que escudriñaban las Escrituras pero no venían a Él para tener vida (Jn 5:39-40). El centro de la Biblia es una persona.

Tal vez la Biblia te parezca difícil, larga o lejana. Eso es común, y no es motivo de vergüenza. La Palabra no suele iluminar todo el horizonte de una vez, sino el siguiente paso. Empieza con poco, con un evangelio, un capítulo por día. Lee despacio, pregunta qué dice el texto antes de preguntar qué te dice a ti, y pídele a Dios valor para obedecer lo que quede claro. Así es como el soplo de Dios empieza a formar a alguien por dentro.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: ¿Cuándo fue la última vez que un texto bíblico te redarguyó o te corrigió de verdad? ¿Qué hiciste con eso?

Oración

Dios, tú has hablado, y tu Palabra es inspirada, soplada por ti. Te alabo porque no nos dejaste a oscuras, sino que nos diste las Escrituras que nos hacen sabios para la salvación en Cristo. Confieso que muchas veces leo poco, leo con prisa o leo solo lo que me agrada, y huyo de lo que me corrige. Abre mis ojos y mi corazón. Que tu Espíritu me enseñe, me redarguya cuando haga falta y me prepare para las buenas obras que preparaste. En el nombre de Jesús, Amén.

Para memorizar: 2 Timoteo 3:16
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, elige un horario fijo y lee un capítulo de Marcos, anotando una acción concreta de obediencia.

Para profundizar: lee 2 Timoteo 1–4 y conoce a Timoteo.

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