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Devocional

¿Quién como tú, Señor?

Devocional del 26 de septiembre · Éxodo 15:11 · 12 min de lectura

1Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este cántico a Yahvé, y dijeron: “Cantaré a Yahvé, porque ha triunfado gloriosamente. Ha arrojado al mar al caballo y a su jinete. 2Yah es mi fuerza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y yo lo alabaré; el Dios de mi padre, y yo lo exaltaré. 3Yahvé es un guerrero. ¡Yahvé es su nombre! 4Ha arrojado al mar los carros del faraón y su ejército. Sus mejores capitanes se han hundido en el Mar Rojo. 5Los abismos los han cubierto; descendieron a las profundidades como una piedra. 6Tu diestra, oh Yahvé, es majestuosa en poder. Tu diestra, oh Yahvé, hace pedazos al enemigo. 7Con la grandeza de tu majestad, derribas a los que se levantan contra ti. Envías tu furor, y los consume como a hojarasca. 8Al soplo de tu aliento, las aguas se amontonaron; las corrientes se levantaron como un muro; los abismos se cuajaron en el corazón del mar. 9El enemigo dijo: ‘Los perseguiré, los alcanzaré, repartiré el botín. Mi deseo se saciará en ellos. Desenvainaré mi espada, mi mano los destruirá’. 10Soplaste con tu viento, y el mar los cubrió. Se hundieron como plomo en las aguas impetuosas. 11¿Quién como tú, oh Yahvé, entre los dioses? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, temible en proezas, hacedor de maravillas? 12Extendiste tu diestra, y la tierra se los tragó. 13Con tu misericordia has guiado al pueblo que redimiste; con tu poder los has llevado a tu santa morada. 14Los pueblos lo oyeron y temblaron; la angustia se apoderó de los habitantes de Filistea. 15Entonces los jefes de Edom se aterraron; el temblor se apoderó de los valientes de Moab. Todos los habitantes de Canaán se acobardaron. 16Terror y espanto cae sobre ellos; por la grandeza de tu brazo enmudecen como una piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, oh Yahvé, hasta que haya pasado el pueblo que tú adquiriste. 17Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar que preparaste para tu morada, oh Yahvé, en el santuario, oh Señor, que establecieron tus manos. 18¡Yahvé reinará eternamente y para siempre!”
Éxodo 15:1–18 · SBLM

Contexto

Éxodo 15 comienza a la orilla del Mar Rojo, justo después de la travesía. El pueblo que la noche anterior gritaba de miedo ahora canta. Este cántico, conocido como el Cántico de Moisés, es considerado por muchos estudiosos uno de los poemas más antiguos de la Biblia. Lo cantan Moisés y los hijos de Israel (v. 1) y le hace eco María, profetisa y hermana de Aarón, que guía a las mujeres con panderos y danzas (v. 20-21).

El cántico tiene dos partes. La primera mira hacia atrás y celebra lo que Dios hizo en el mar (v. 1-12). La segunda mira hacia adelante y anuncia lo que él hará: guiar al pueblo que redimió hasta su santa morada (v. 13-18). En el mundo antiguo, cada pueblo tenía sus dioses, y Egipto tenía muchos. La pregunta del v. 11, «¿Quién como tú, oh Yahvé, entre los dioses?», es una confesión de que ningún poder se compara con el Dios de Israel.

Lo que dice el texto

Reflexión

Poco después de ver cerrarse el mar, Israel hace algo que parece sencillo, pero es decisivo: le pone nombre a lo que ocurrió. En lugar de solo sentir alivio, el pueblo convierte la experiencia en memoria cantada. Eso importa porque, como muestra el propio capítulo, tres días después estarían murmurando por agua en Mara (v. 22-24). La memoria es frágil. La alabanza es una forma de fijar en el corazón quién es Dios, para que la próxima crisis no borre lo que él ya hizo.

En el centro del cántico hay una pregunta que no espera respuesta: «¿Quién como tú, oh Yahvé, entre los dioses?» Santo, en la Biblia, no significa solo moralmente puro. La palabra hebrea lleva la idea de apartado, diferente, sin comparación. Decir que Dios es santo es decir que él no es una versión más grande de nosotros, ni un recurso para nuestros planes. En Egipto, el faraón era visto como hijo de los dioses, y su ejército era la mayor fuerza de la región. Ante el Dios de Israel, todo eso se hundió «como plomo en las aguas impetuosas» (v. 10).

Pero la santidad de Dios no lo vuelve distante. El v. 13 usa una palabra rica: «misericordia». Traduce la palabra hebrea jésed, que habla de un amor comprometido, fiel al pacto, que no se rinde. El Dios incomparable es el mismo que guía a su pueblo como un pastor. Él redimió, es decir, liberó pagando el precio; el v. 16 habla del «pueblo que tú adquiriste». Ese vocabulario prepara lo que el Nuevo Testamento dirá sobre Jesús, que dio su vida en rescate por muchos.

En el Apocalipsis, Juan ve a los vencedores cantando «el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero» (Ap 15:3). El Nuevo Testamento vincula explícitamente este cántico con la salvación final en Cristo, y la misma pregunta resuena allí: «¿Quién no te temerá, Señor? ¿y glorificará tu nombre?» La alabanza de Éxodo 15 es el comienzo de una canción que solo termina en la eternidad.

Tal vez estés en un tiempo en que alabar parece difícil. El texto no te pide que finjas alegría. Muestra que la alabanza nace de mirar con atención lo que Dios hizo. Para el cristiano, el mayor mar abierto es la cruz y la tumba vacía; empieza por ahí. Después, recuerda una liberación concreta, pequeña o grande, y ponle nombre delante de Dios. Quien aprende a cantar a la orilla del mar está mejor preparado para confiar en el desierto que viene después.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: ¿Cuál fue un mar abierto en mi historia que casi olvidé, y cómo puedo convertirlo en alabanza?

Oración

Señor, no hay nadie como tú. Eres santo, glorioso y fiel en tu misericordia; el mar obedeció a tu voz y los poderosos no resistieron a tu mano. Confieso que olvido deprisa lo que hiciste y me quejo en el primer desierto. Perdona mi memoria corta y mi corazón ingrato. Enséñame a cantar tus obras, a contar a otros lo que he visto y a confiar en ti en el próximo tramo del camino. En el nombre de Jesús, Amén.

Para memorizar: Éxodo 15:11
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, cuéntale a alguien una cosa concreta que Dios hizo por ti, con sencillez y sin exagerar.

Para profundizar: lee Éxodo 14–15 y conoce a El Éxodo.

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