Pensamientos de paz en el exilio
Devocional del 22 de octubre · Jeremías 29:11 · 13 min de lectura
1Estas son las palabras de la carta que el profeta Jeremías envió desde Jerusalén al resto de los ancianos del cautiverio, a los sacerdotes, a los profetas y a todo el pueblo que Nabucodonosor había llevado cautivo de Jerusalén a Babilonia. 2Esto sucedió después de que el rey Jeconías, la reina madre, los eunucos, los príncipes de Judá y de Jerusalén, los artesanos y los herreros hubieran salido de Jerusalén. 3La carta fue enviada por mano de Elasá, hijo de Safán, y de Gemarías, hijo de Hilcías, a quienes Sedequías, rey de Judá, envió a Babilonia, a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Decía: 4“Yahvé de los Ejércitos, el Dios de Israel, dice a todos los cautivos que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: 5‘Construid casas y habitad en ellas; plantad huertos y comed de su fruto. 6Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos y entregad vuestras hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas. Multiplicaos allí y no disminuyáis. 7Buscad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar y rogad por ella a Yahvé, porque en su paz tendréis vosotros paz’. 8Porque así dice Yahvé de los Ejércitos, el Dios de Israel: ‘No os engañen vuestros profetas que están entre vosotros, ni vuestros adivinos, ni prestéis atención a los sueños que ellos sueñan. 9Porque falsamente os profetizan ellos en mi nombre; yo no los envié’, dice Yahvé. 10Porque así dice Yahvé: ‘Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia, yo os visitaré y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros — dice Yahvé —, pensamientos de paz y no de mal, para daros un porvenir y una esperanza. 12Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os escucharé. 13Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14Y me dejaré hallar de vosotros — dice Yahvé —, y haré volver vuestro cautiverio, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Yahvé; y os haré volver al lugar de donde os hice transportar’.
Contexto
Jeremías 29 es una carta. En c. 597 a. C., Nabucodonosor, rey de Babilonia, llevó al exilio al rey Jeconías, a la reina madre, a los príncipes, a los artesanos y a los herreros de Jerusalén (v. 2). Jeremías se quedó en Jerusalén y envió esta carta a los exiliados por medio de mensajeros del rey Sedequías (v. 3). Unos diez años después, en c. 586 a. C., la propia ciudad sería destruida.
Entre los exiliados circulaban profetas que prometían un regreso rápido (v. 8-9). En el capítulo anterior, Hananías llegó a anunciar el fin del dominio babilónico «dentro de dos años completos» (28:11). La carta de Jeremías dice lo contrario: el exilio sería largo, hasta que se cumplieran «los setenta años de Babilonia» (v. 10). El famoso v. 11 se dice dentro de esa noticia dura. La promesa es real, pero viene con destinatario, plazo e instrucciones.
Lo que dice el texto
- v. 5–7: Antes de la promesa vienen órdenes prácticas: construir casas, plantar huertos, casarse, y «Buscad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar y rogad por ella a Yahvé».
- v. 11: El texto dice «pensamientos de paz y no de mal, para daros un porvenir y una esperanza». El vosotros es plural: la promesa está dirigida al pueblo exiliado como comunidad.
- v. 13: La promesa se completa en un encuentro: «Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón».
Reflexión
Jeremías 29:11 es uno de los versículos más compartidos de la Biblia, muchas veces en tarjetas de graduación y mensajes de ánimo. Merece ese cariño, pero se vuelve aún más fuerte cuando se lee en el lugar donde fue escrito. Sus primeros lectores no estaban comenzando una etapa nueva y prometedora. Estaban lejos de casa, derrotados, en una ciudad extranjera, escuchando a profetas que decían que todo terminaría pronto. Y Jeremías escribe: no va a terminar pronto.
Setenta años significaban que muchos adultos que oyeron la carta morirían en Babilonia. Por lo tanto, el v. 11 no es la promesa de que la dificultad de cada persona se resolverá rápidamente. Es la garantía de que Dios no había abandonado a su pueblo y de que su historia continuaría más allá del exilio. Los pensamientos de Dios son «de paz y no de mal», y el futuro prometido llegaría, pero en el tiempo de Dios y para toda la comunidad. Los libros de Esdras y Daniel muestran a ese pueblo recordando después la palabra de Jeremías (Esdras 1:1; Daniel 9:2).
¿Qué hacer mientras el futuro no llega? La respuesta de los v. 5-7 es sorprendente: vivir. Construir casas, plantar huertos, formar familias. Y más: buscar la paz de la ciudad de los conquistadores y orar por ella, porque «en su paz tendréis vosotros paz». La palabra paz, en hebreo shalom, aparece en la orden del v. 7 y en la promesa del v. 11. Dios pide que su pueblo sea agente de paz en el mismo lugar donde recibe la promesa de paz. La espera no es tiempo muerto; es tiempo de sembrar.
Hay todavía un centro más profundo. Los v. 12-13 muestran que la meta de la promesa no es solo volver a casa, sino volver a Dios: invocar, orar, buscar y hallar. El mayor bien prometido a los exiliados es la presencia del propio Señor, que dice: «me dejaré hallar de vosotros» (v. 14). El Nuevo Testamento llama a los cristianos extranjeros y peregrinos (1 Pedro 2:11), y muchos leen su propia vida a la luz de ese exilio: todavía no estamos en casa, pero ya somos llamados a buscar a Dios y el bien del lugar donde estamos.
Si vives una etapa que parece un exilio, tal vez la pregunta no sea cuándo termina, sino cómo vivir con fidelidad mientras no termina. ¿Dónde puedes plantar algo hoy? ¿Por quién puedes orar, aunque no te guste esa ciudad, ese trabajo o esa situación? La promesa de Jeremías no te pide que niegues el dolor; te pide que busques a Dios de todo corazón dentro de él.
Conexiones
- Esdras 1:1 (explícito en el texto): Esdras dice que el decreto de Ciro cumplió la palabra del Señor dada por boca de Jeremías.
- Daniel 9:2 (explícito en el texto): Daniel entiende, por los libros, los setenta años anunciados por Jeremías y responde con oración.
- 1 Pedro 2:11 (lectura editorial): Pedro llama a los cristianos extranjeros y peregrinos, una condición parecida a la de los exiliados de Jeremías 29.
Para aplicar
- Corazón: ¿has estado esperando que Dios resuelva rápido algo que quizá exija una fidelidad larga?
- Relaciones: ¿por qué persona o lugar difícil puedes orar y buscar el bien, aunque no te guste?
- Hoy: haz un gesto concreto de bien en tu barrio, trabajo o escuela, como ayudar a alguien o cuidar un espacio común.
Oración
Señor de los Ejércitos, tú conoces los pensamientos que tienes acerca de tu pueblo, pensamientos de paz y no de mal. Te adoro porque no abandonaste a los exiliados y no me abandonas a mí. Confieso que muchas veces quiero atajos y presto oído a promesas fáciles, en lugar de ser fiel en el lugar donde estoy. Te entrego esta etapa larga. Enséñame a construir, a plantar y a orar por la paz del lugar donde vivo. Y, sobre todo, quiero buscarte de todo corazón, hasta encontrarte. En el nombre de Jesús. Amén.
Para memorizar: Jeremías 29:11
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, ora por el nombre de una persona o de un lugar difícil de tu rutina y haz allí un gesto concreto de bien.
Para profundizar: lee Jeremías 28–29 y conoce a Jeremías.