Para esta hora
Devocional del 1 de octubre · Ester 4:14 · 13 min de lectura
1Luego que supo Mardoqueo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y ceniza, y se fue por medio de la ciudad clamando con grande y amargo clamor. 2Y vino hasta delante de la puerta del rey; pues no era lícito pasar adentro de la puerta del rey con vestido de cilicio. 3Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos gran luto, y ayuno, y lloro, y lamentación; cilicio y ceniza era la cama de muchos. 4Y vinieron las doncellas de Ester y sus eunucos, y se lo dijeron. Entonces la reina tuvo gran dolor, y envió vestidos para hacer vestir a Mardoqueo, y quitarle el cilicio; mas él no los admitió. 5Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos del rey, que él había puesto al servicio de ella, y lo mandó a Mardoqueo, con orden de saber qué era aquello, y por qué. 6Salió, pues, Hatac a ver a Mardoqueo, a la plaza de la ciudad que estaba delante de la puerta del rey. 7Y Mardoqueo le declaró todo lo que le había acontecido, y la suma de la plata que Amán había prometido pesar en los tesoros del rey a cuenta de los judíos, para destruirlos. 8Diole también la copia del decreto que había sido dado en Susa para que fuesen destruidos, a fin de que la mostrase a Ester y se lo declarase, y le encargase que fuese al rey a suplicarle y a pedir delante de él por su pueblo. 9Vino Hatac y contó a Ester las palabras de Mardoqueo. 10Entonces Ester habló a Hatac, y le mandó decir a Mardoqueo: 11«Todos los siervos del rey y el pueblo de las provincias del rey saben que para cualquier hombre o mujer que entra al rey en el patio interior sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: que muera; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, para que viva. Y yo no he sido llamada para entrar al rey estos treinta días». 12Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester. 13Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: «No pienses en tu ánimo que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. 14Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?». 15Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: 16«Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca». 17Entonces Mardoqueo se fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester.
Contexto
El libro de Ester transcurre en Susa, una de las capitales del Imperio persa, durante el reinado de Asuero, generalmente identificado con Jerjes I (c. 486–465 a. C.). Muchos judíos no volvieron del exilio y vivían dispersos por las provincias persas. Ester, una joven judía criada por su primo Mardoqueo, llegó a ser reina sin revelar su origen. En el capítulo 3, Amán, alto funcionario del rey, consigue un decreto para destruir a todos los judíos del imperio en un solo día.
El capítulo 4 comienza con el luto: Mardoqueo vestido de cilicio y ceniza, y judíos ayunando en todas las provincias. Ester, aislada en el palacio, se entera por medio de sus siervos. Toda la conversación entre los dos ocurre por medio de un mensajero, Hatac. Un detalle llama la atención: el nombre de Dios no aparece en ningún momento en el libro de Ester. Aun así, el capítulo gira en torno a la providencia, el ayuno y el valor.
Lo que dice el texto
- v. 4: La primera reacción de Ester es enviar vestidos para reemplazar el cilicio de Mardoqueo, «mas él no los admitió». Él rechaza un alivio que esconde el problema.
- v. 11: Ester explica el riesgo real: para quien entra al rey sin ser llamado, «una sola ley hay respecto a él: que muera», y a ella no la habían llamado desde hacía treinta días.
- v. 14: Mardoqueo afirma que la liberación vendrá «de alguna otra parte», pero habla del papel de Ester con humildad: «¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?».
Reflexión
Ester no se presenta como heroína desde el principio. Su primera reacción es comprensible: mandarle vestidos nuevos a Mardoqueo. Resolver la apariencia del problema, traer un poco de normalidad. Él los rechaza. Hay dolores que no deben cubrirse demasiado rápido, y hay situaciones en que el consuelo ofrecido es, en realidad, una forma de no mirar. Mardoqueo le envía a Ester la copia del decreto. Antes de actuar, ella necesita ver la realidad tal como es.
El miedo de Ester es real, y el texto no la critica por eso. La ley del palacio era clara, y el rey no la había llamado desde hacía un mes. La respuesta de Mardoqueo es dura: estar en la casa del rey no la haría escapar (v. 13). La posición que ella recibió no era un privilegio para protegerse, sino un lugar de responsabilidad. Eso vale para cualquier lugar de influencia, grande o pequeño: un cargo, un salón de clases, una familia, un grupo de amigos.
Fíjate en la forma exacta de la frase famosa. Mardoqueo tiene certeza de una cosa y duda sobre otra. Tiene certeza de que la liberación vendrá, aunque sea de otra parte, probablemente porque confía en la fidelidad de Dios a su pueblo, aunque no diga su nombre. Pero sobre Ester dice «quién sabe». No es promesa de éxito ni garantía de que todo saldrá bien. Es una invitación a considerar que el lugar donde ella está puede tener un sentido mayor que ella misma. Esa humildad nos protege de convertir la propia vida en un guion heroico.
La respuesta de Ester es hermosa por su orden. Primero, pide que el pueblo ayune por ella y ayuna junto con sus doncellas. No enfrenta al rey sola ni por impulso. Después, decide: «si perezco, que perezca». No es fatalismo, es entrega. Acepta el riesgo sin saber el resultado. El valor bíblico muchas veces es eso: hacer lo correcto después de buscar a Dios en comunidad, sin tener la garantía del final.
Muchos cristianos, a lo largo de la historia, vieron en Ester una sombra de Cristo, alguien que arriesga la vida para interceder por su pueblo. Es una lectura tradicional, no algo que el Nuevo Testamento afirme sobre Ester. Pero el contraste ayuda: Ester entró sin ser llamada; en Jesús, somos invitados a acercarnos al trono con confianza (Heb 4:16). Tal vez no estés en un palacio. Pero estás en algún lugar, al lado de alguien. La pregunta de Mardoqueo sigue valiendo para ti.
Conexiones
- Ester 3:8-11 (referencia cruzada): Muestra el decreto de Amán que vuelve urgente el pedido de Mardoqueo y decisiva la posición de Ester.
- Hebreos 4:16 (lectura editorial): En contraste con Ester, que arriesgó la vida para entrar, en Cristo somos invitados a acercarnos al trono de la gracia.
- Génesis 50:20 (lectura editorial): Como en la historia de José, Dios actúa por medio de posiciones y decisiones humanas, sin anular la responsabilidad de ellas.
Para aplicar
- Corazón: ¿en qué situación has usado tu posición más para protegerte que para servir?
- Relaciones: ¿quién está cerca de ti, sufriendo en silencio, y depende de alguien con tu voz o tu acceso?
- Hoy: antes de una conversación difícil o de una decisión valiente, pide a una o dos personas de confianza que oren contigo.
Oración
Señor, tú gobiernas la historia aun cuando tu nombre parece ausente de ella. Tú cuidas de tu pueblo y no dependes de mí para cumplir tus propósitos. Confieso que muchas veces prefiero la comodidad del palacio y el silencio seguro. Perdona mi miedo a perder lo que tengo. Dame ojos para ver el dolor a mi alrededor, humildad para orar con otros y valor para actuar donde me pusiste. En Jesús, que se acercó por mí. Amén.
Para memorizar: Ester 4:14
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, identifica una situación en la que tu voz puede ayudar a alguien vulnerable y da un paso concreto, después de orar.
Para profundizar: lee Ester 3–5 y conoce a Ester.