Nada nos separará
Devocional del 14 de noviembre · Romanos 8:38 · 13 min de lectura
28Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su propósito. 29Porque a los que conoció de antemano, también los predestinó a ser conformes a la imagen de su Hijo, para que fuera el primogénito entre muchos hermanos. 30A los que predestinó, también los llamó. A los que llamó, también los justificó. A los que justificó, también los glorificó. 31¿Qué diremos, pues, de estas cosas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién puede estar en contra? 32El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos también con él todas las cosas? 33¿Quién podría acusar a los elegidos de Dios? Es Dios quien justifica. 34¿Quién es el que condena? Es Cristo que murió, más aún, que resucitó de entre los muertos, que está a la derecha de Dios, que también intercede por nosotros. 35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Podrá la opresión, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? 36Como está escrito, «Por tu causa nos matan todo el día. Fuimos contados como ovejas para el matadero». 37No, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potencias, 39ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Contexto
Pablo escribió la carta a los Romanos probablemente alrededor del 57 d. C., desde Corinto, antes de llevar una ofrenda a Jerusalén. Todavía no conocía personalmente a la iglesia de Roma, formada por cristianos de origen judío y gentil. En los capítulos anteriores explicó cómo Dios justifica al pecador por la fe en Cristo. El capítulo 8 empieza con «no hay condenación» (v. 1) y habla del Espíritu que nos hace hijos de Dios (v. 14–16).
Los versículos 31 a 39 cierran ese argumento como si fuera un tribunal. Pablo hace preguntas una tras otra: ¿quién puede estar en contra? ¿Quién podría acusar? ¿Quién condena? ¿Quién nos separará? A cada pregunta, la respuesta es Cristo: murió, resucitó e intercede por nosotros (v. 34). Pablo no escribe desde un lugar cómodo. Él mismo pasó por cárceles, azotes, naufragios y hambre. La lista del versículo 35 no es teoría; es su biografía.
Lo que dice el texto
- v. 35: La pregunta «¿Quién nos separará del amor de Cristo?» va seguida de una lista de sufrimientos reales: opresión, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada.
- v. 37: «No, en todas estas cosas somos más que vencedores». La victoria sucede «en todas estas cosas», no lejos de ellas.
- v. 38–39: La lista final lo cubre todo: la muerte y la vida, lo presente y lo futuro, la altura y la profundidad, y además «ninguna otra cosa creada». Solo el Creador queda fuera de la lista.
Reflexión
Fíjate en que Pablo no pregunta si vamos a sufrir. Da por hecho que sí. En el versículo 36 cita el Salmo 44, el lamento de un pueblo fiel que estaba siendo masacrado sin entender por qué: «Por tu causa nos matan todo el día». Pablo pone ese lamento dentro de su declaración más confiada. La fe cristiana no necesita esconder el dolor para afirmar el amor de Dios. Las dos cosas caben en la misma página.
Eso cambia el sentido de la expresión «más que vencedores». No es una promesa de que la tribulación pasará sin tocarnos. Es la afirmación de que, dentro de la tribulación, esta no tiene poder para cortar el vínculo con Cristo. Del mismo modo, cuando el versículo 32 dice que Dios nos dará «todas las cosas», el contexto no es de bienes materiales, sino de todo lo necesario para ser conformes a la imagen del Hijo (v. 29). El mayor regalo ya fue dado: el Hijo mismo.
Los versículos 38 y 39 forman una lista que parece querer agotar el universo. La muerte y la vida cubren toda la existencia. Los ángeles y los principados cubren los poderes espirituales. Lo presente y lo futuro cubren todo el tiempo. La altura y la profundidad cubren todo el espacio. Y, para no dejar ningún resquicio, Pablo añade: «ni ninguna otra cosa creada». Eso te incluye a ti. Ni tus fracasos, ni tu miedo, ni tu duda tienen fuerza para deshacer un amor que no empezó en ti.
Aquí está el punto decisivo: el amor que Pablo describe es el «amor de Dios que está en Cristo Jesús». No depende de nuestra capacidad de sostenernos de Dios, sino del hecho de que Dios nos sostiene en Cristo. Por eso Pablo puede decir «estoy convencido». Su convicción no viene de un sentimiento estable, sino de hechos: Cristo murió, resucitó y ahora intercede (v. 34).
Tal vez hoy te sientes lejos de Dios. Sentir distancia es real y no hay que negarlo. Pero este texto te invita a poner el sentimiento debajo de un hecho mayor. Lee la lista del versículo 35 y añade lo que te está pesando. Después lee de nuevo los versículos 38 y 39. Lo que hayas escrito ya está incluido en la lista de las cosas que no pueden separarte. No es negar el dolor; es saber quién te sostiene mientras dura.
Conexiones
- Salmos 44:22 (explícito en el texto): Pablo cita ese lamento en el v. 36, mostrando que el sufrimiento de los fieles no contradice el amor de Dios.
- 2 Corintios 11:23-27 (referencia cruzada): Pablo describe los sufrimientos que vivió, que hacen eco de la lista del v. 35.
- Juan 10:28-29 (referencia cruzada): Jesús afirma que nadie arrebatará sus ovejas de su mano ni de la mano del Padre.
Para aplicar
- Corazón: ¿qué he considerado más fuerte que el amor de Dios: mi pasado, mi miedo o mi duda?
- Relaciones: ¿quién cerca de mí está atravesando una tribulación y necesita oír que no está solo?
- Hoy: escribe en un papel lo que te ha hecho dudar del amor de Dios y, al lado, copia los versículos 38 y 39.
Oración
Padre, tú no perdonaste a tu propio Hijo, sino que lo entregaste por nosotros, y en él tu amor es firme. Confieso que muchas veces mido tu amor por mis circunstancias y mis sentimientos. Confieso que dudo de ti cuando sufro. Gracias porque Cristo murió, resucitó e intercede por mí. Pongo delante de ti lo que pesa en mi corazón hoy. Ayúdame a descansar en tu amor cuando no sienta nada, y usa mi vida para recordar a otros que nada los separa de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
Para memorizar: Romanos 8:38-39
Paso para hoy: Envía un mensaje corto a alguien que está sufriendo, recordándole, con tus propias palabras, que nada puede separarlo del amor de Dios en Cristo.
Para profundizar: lee Romanos 8 y conoce a Amor.