Los que esperan tendrán nuevas fuerzas
Devocional del 18 de octubre · Isaías 40:31 · 12 min de lectura
21¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿No os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde los cimientos de la tierra? 22Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. 23Él convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana. 24Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y el torbellino se los lleva como hojarasca. 25«¿A quién, pues, me haréis semejante o me compararéis?», dice el Santo. 26Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca a su ejército por número; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio. 27¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: «Mi camino está oculto a Yahvé, y de mi Dios pasó mi juicio»? 28¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Yahvé, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. 29Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; 31pero los que esperan en Yahvé tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Contexto
Isaías 40 abre una nueva sección del libro, que llega hasta el capítulo 55. El escenario que se supone es el exilio en Babilonia, probablemente en el siglo VI a. C.: Jerusalén destruida en c. 586 a. C., el templo en ruinas, buena parte del pueblo lejos de casa. Muchos estudiosos atribuyen esta sección a un profeta del exilio que seguía la tradición de Isaías; otros la atribuyen al propio Isaías, del siglo VIII a. C. En cualquier lectura, el texto habla a personas cansadas de esperar.
El capítulo comienza con «Consolad, consolad a mi pueblo» (v. 1) y sigue con una serie de preguntas sobre la grandeza de Dios: quién midió las aguas, quién pesó los montes, a quién se le puede comparar. Todo esto prepara la respuesta a una queja concreta, registrada en el v. 27. El pueblo sentía que Dios no veía su camino. El v. 31, tan citado, es la conclusión de ese argumento, y no una frase suelta de motivación.
Lo que dice el texto
- v. 27: La queja se dice sin rodeos: «Mi camino está oculto a Yahvé». El texto registra la duda del pueblo antes de responderla.
- v. 28: La respuesta comienza por el carácter de Dios: «el Dios eterno es Yahvé, el cual creó los confines de la tierra», y «No desfallece, ni se fatiga con cansancio».
- v. 30–31: Hasta los jóvenes flaquean y caen. Las nuevas fuerzas no se presentan como virtud de los más fuertes, sino como algo dado a «los que esperan en Yahvé».
Reflexión
Hay un cansancio que el sueño no resuelve. Es el cansancio de quien oró, esperó y no vio ningún cambio. Así se sentía el pueblo de Isaías 40. La queja del v. 27 suena casi a acusación: Dios no ve mi camino, y la justicia que se me debe fue dejada de lado. El profeta no reprende la pregunta. La toma en serio y responde con una larga lección sobre quién es Dios.
Fíjate en el orden del argumento. Antes de hablar de las fuerzas del pueblo, el texto habla de la fuerza de Dios. Él extiende los cielos como una cortina, llama a las estrellas por sus nombres y, por la grandeza de su fuerza, «ninguna faltará» (v. 26). Si Dios no pierde una estrella, no ha perdido tu camino. Y él «No desfallece, ni se fatiga con cansancio». Nuestro cansancio es real, pero no es un retrato de Dios. Muchas veces proyectamos en el cielo el agotamiento que sentimos en la tierra.
Luego viene el contraste del v. 30: hasta los jóvenes se fatigan y se cansan. La juventud, el talento y la disciplina tienen límite. La promesa del v. 31 no se hace a los más fuertes, sino a los que esperan en Yahvé. En hebreo, la palabra traducida por esperar lleva la idea de aguardar con expectativa, vuelto hacia alguien. Y el verbo que aquí se traduce por tener nuevas fuerzas tiene el sentido de cambiar, como quien cambia una ropa gastada por otra. Esperar en Dios, entonces, no es quedarse quieto. Es entregar la propia fuerza gastada y recibir fuerza de otra fuente.
Observa también la secuencia final: levantar alas, correr, caminar. Parece una escalera al revés, pero tal vez sea la parte más honesta del versículo. Hay días de volar, y son pocos. Hay días de correr. Y hay muchos días en que la victoria es solo caminar sin fatigarse. La promesa alcanza también ese paso lento y común. No garantiza que la situación cambie mañana, pero afirma que quien espera en Yahvé no camina solo ni únicamente con sus propios recursos.
Los evangelios muestran que la voz del v. 3 preparó el camino de Jesús (Mateo 3:3). En él, el Dios que no se cansa se acercó a los cansados y los llamó a su lado (Mateo 11:28). Si hoy solo puedes caminar, camina con los ojos puestos en él. La espera, vivida así, deja de ser tiempo perdido y se convierte en un lugar de intercambio: tu cansancio por la fuerza que viene del Señor.
Conexiones
- Mateo 3:3 (explícito en el texto): Mateo aplica Isaías 40:3 a Juan el Bautista, que prepara el camino de Jesús.
- Mateo 11:28 (lectura editorial): Jesús invita a los cansados y agobiados a ir a él para recibir descanso.
- 2 Corintios 12:9 (lectura editorial): Pablo aprende que el poder de Cristo se perfecciona en la debilidad, eco del Dios que da esfuerzo al cansado (v. 29).
Para aplicar
- Corazón: ¿en qué área has sentido que tu camino está oculto a Dios?
- Relaciones: ¿quién a tu alrededor está agotado y necesita a alguien que camine a su lado, sin exigencias?
- Hoy: aparta 10 minutos para leer Isaías 40:27-31 en voz alta y entregarle a Dios, por su nombre, una tarea que te pesa.
Oración
Señor, Dios eterno, tú no desfalleces ni te fatigas. Tú llamas a las estrellas por sus nombres y ninguna falta. Te adoro por tu fuerza y por tu cuidado. Confieso que he pensado que mi camino estaba oculto a ti, y que he intentado seguir solo con lo que tengo. Te entrego mi cansancio. Dame esfuerzo cuando esté cansado, y enséñame a esperar en ti con confianza, ya sea para volar, para correr o solo para caminar hoy sin fatigarme. En el nombre de Jesús. Amén.
Para memorizar: Isaías 40:31
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, identifica una tarea que cargas solo, ora por ella y pide ayuda concreta a una persona de confianza.
Para profundizar: lee Isaías 40 y conoce a Isaías.