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Devocional

La paz que el mundo no da

Devocional del 6 de noviembre · Juan 14:27 · 13 min de lectura

15Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16Yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consejero, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir, porque no lo ve y no lo conoce. Vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros. 18No os dejaré huérfanos. Vendré a vosotros. 19Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis. Porque yo vivo, vosotros también viviréis. 20En aquel día sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21El que tiene mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama. El que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y me revelaré a él”. 22Judas (no Iscariote) le dijo: «Señor, ¿qué ha pasado para que te reveles a nosotros y no al mundo?» 23Jesús le respondió: “Si un hombre me ama, cumplirá mi palabra. Mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos nuestra morada con él. 24El que no me ama no guarda mis palabras. La palabra que oís no es mía, sino del Padre que me ha enviado. 25“Os he dicho estas cosas mientras vivía con vosotros. 26Pero el Consejero, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho. 27La paz os dejo. Mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. 28Habéis oído que os dije: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os habríais alegrado porque dije: ‘Me voy a mi Padre’, porque el Padre es más grande que yo. 29Ahora os lo he dicho antes de que ocurra, para que, cuando ocurra, creáis. 30Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo y no tiene nada en mí. 31Pero para que el mundo sepa que amo al Padre, y que como el Padre me mandó, así hago yo. Levantaos, vámonos de aquí.
Juan 14:15–31 · SBLM

Contexto

Juan 14 forma parte del largo discurso de despedida de Jesús, pronunciado la noche de la última cena, en Jerusalén, probablemente hacia el año 30 o 33 d. C. Pocas horas antes, Jesús había lavado los pies de los discípulos y anunciado que Judas lo traicionaría y que Pedro lo negaría (Jn 13). El ambiente en la sala es de confusión y tristeza. El capítulo comienza con Jesús diciendo que su corazón no debía turbarse (v. 1).

Los discípulos hacen preguntas que revelan lo perdidos que están: Tomás no conoce el camino (v. 5), Felipe quiere ver al Padre (v. 8), Judas (no Iscariote) no entiende por qué Jesús se revelaría a ellos y no al mundo (v. 22). Jesús responde prometiendo el Espíritu Santo, el Consejero. El versículo 27 viene justo antes de que Jesús anuncie que viene el príncipe de este mundo (v. 30), es decir, horas antes de su arresto.

Lo que dice el texto

Reflexión

Jesús habla de paz en la peor noche posible. Sabe que en pocas horas será arrestado, juzgado y crucificado. Los discípulos no lo saben, pero sienten que algo se está derrumbando. Es en ese momento cuando dice: «La paz os dejo. Mi paz os doy». Si la paz de Jesús dependiera de circunstancias tranquilas, esta sería la hora más extraña para ofrecerla. Y eso es justamente lo que el texto quiere mostrar.

La palabra paz, para un judío del primer siglo, cargaba el peso del hebreo shalom. No era solo ausencia de conflicto, sino integridad, una vida en orden delante de Dios y de los demás. Era también un saludo común, dicho al llegar y al despedirse. Jesús toma esa palabra de todos los días y la llena de un contenido nuevo. La paz que deja es su propia paz: la de quien está en el Padre y el Padre en él (v. 10), la de quien sabe que el príncipe de este mundo no tiene nada en él (v. 30).

¿Cómo da paz el mundo? En general, por intercambio y por distancia. Tenemos paz cuando logramos controlar las variables, cuando el problema desaparece, cuando nos distraemos lo suficiente para no pensar. Es una paz frágil, que se acaba cuando llega la mala noticia. Jesús no promete que la mala noticia no llegará. Los discípulos verían al Maestro ser arrestado esa misma noche. Lo que Él promete es otra cosa: presencia. «No os dejaré huérfanos.» El Consejero estaría con ellos y en ellos (v. 17).

Eso ayuda a entender el final del versículo: «No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo». No es una orden de apagar las emociones. El propio Jesús se conmovió ante la muerte de Lázaro y ante su propia hora (Jn 11:33; 12:27). Es una invitación a no dejar que el miedo tenga la última palabra. La misma noche que parecía el final terminaría, tres días después, con el Resucitado entrando en una sala cerrada y diciendo: paz a vosotros (Jn 20:19).

Tal vez estés buscando paz como la da el mundo: resolviéndolo todo, controlándolo todo, anestesiándolo todo. Jesús ofrece algo diferente, y más sólido, porque no depende de lo que pasa afuera. Esta paz no es un sentimiento que se fabrica. Es una persona que se recibe. Recibirla empieza por algo sencillo: llevarle a Él, con nombre y apellido, aquello que turba tu corazón hoy, y decidir obedecer su palabra aun antes de sentir calma (v. 23).

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: Describe lo que te quita la paz esta semana. Luego escribe qué cambia si Jesús está presente en ese lugar, aunque la situación siga igual por un tiempo.

Oración

Señor Jesús, tú eres el Príncipe de paz, y aun en la noche en que fuiste traicionado hablaste de paz a tus amigos. Te adoro porque tu paz no depende de lo que sucede a mi alrededor. Confieso que he buscado paz en el control, en la distracción y en la huida, y que mi corazón se turba con facilidad. Recibo hoy la paz que dejaste. Que tu Espíritu me recuerde tus palabras y me ayude a obedecer aun con miedo. No me dejes huérfano. En tu nombre, Amén.

Para memorizar: Juan 14:27
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, cuando notes que la ansiedad sube, detente un minuto, respira y repite despacio: mi paz os doy.

Para profundizar: lee Juan 14–17 y conoce a La Última Cena.

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