Gustad y ved
Devocional del 10 de octubre · Salmos 34:8 · 12 min de lectura
1Bendeciré a Yahvé en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. 2En Yahvé se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán. 3Engrandeced a Yahvé conmigo, y exaltemos a una su nombre. 4Busqué a Yahvé, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. 5Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. 6Este pobre clamó, y le oyó Yahvé, y lo libró de todas sus angustias. 7El ángel de Yahvé acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. 8Gustad, y ved que es bueno Yahvé; dichoso el hombre que confía en él. 9Temed a Yahvé, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. 10Los leoncillos necesitan y tienen hambre; pero los que buscan a Yahvé no tendrán falta de ningún bien.
Contexto
El Salmo 34 se atribuye a David y, por su título, se relaciona con el día en que huyó de Saúl a Gat, ciudad filistea, y, al ser reconocido, fingió estar loco para escapar (1 S 21:10–15). El título llama al rey Abimelec, y 1 Samuel lo llama Aquis; probablemente Abimelec era un título usado por los reyes filisteos. No fue un momento de gloria. David salió de allí vivo, pero humillado y con las manos vacías.
Aun así, el salmo comienza con alabanza: «Bendeciré a Yahvé en todo tiempo» (v. 1). La primera mitad (vv. 1–10) es un testimonio público. David cuenta lo que vivió («Busqué a Yahvé, y él me oyó», v. 4) e invita a otros a entrar en la misma experiencia («Engrandeced a Yahvé conmigo», v. 3). El versículo 8 es el centro de esa invitación. Siglos después, el apóstol Pedro usaría este lenguaje para hablar de los cristianos que ya han gustado que el Señor es bueno (1 P 2:3).
Lo que dice el texto
- v. 4: «Busqué a Yahvé, y él me oyó, y me libró de todos mis temores». La invitación a gustar nace de una experiencia concreta, contada en primera persona.
- v. 6: «Este pobre clamó, y le oyó Yahvé» muestra quién está hablando: no un héroe exitoso, sino alguien sin recursos que dependió de Dios.
- v. 8: Gustar y ver van juntos, y el versículo termina diciendo quién experimenta esta bondad: «dichoso el hombre que confía en él».
Reflexión
«Gustad, y ved que es bueno Yahvé». La invitación de David usa un lenguaje del cuerpo: el paladar y los ojos. No dice analicen y concluyan, ni crean porque yo lo dije. Dice: prueben. Es lo que se hace en la mesa cuando alguien nos ofrece algo que no conocemos. La explicación ayuda, pero solo quien prueba conoce el sabor.
Hay un detalle curioso en el hebreo. La palabra traducida por «Gustad» viene de la misma raíz que una expresión del título, traducida allí con la idea de fingir locura y que significa, literalmente, algo como cambiar el propio juicio, el discernimiento. Muchos comentaristas notan este juego: el hombre que tuvo que fingir haber perdido el juicio delante de un rey humano descubrió, al refugiarse en Dios, una nueva manera de discernir. La bondad de Dios no se percibe a la distancia; la reconoce quien se acerca.
Esto es importante para quien duda. La fe bíblica no les teme a las preguntas; ante la tumba vacía, el ángel llamó a las mujeres a venir y ver el lugar donde habían puesto a Jesús (Mt 28:6). Pero hay cosas que solo se conocen por dentro. Nadie conoce de verdad una amistad solo leyendo sobre ella. El salmo invita a dar un paso: buscar, clamar, refugiarse. Y observa que el testimonio de David es humilde. Se llama a sí mismo «Este pobre» (v. 6). Gustar la bondad de Dios no es privilegio de gente fuerte; es lo que le sucede a quien clama porque ya no tiene a quién acudir.
Pero presta atención al versículo 10: «los que buscan a Yahvé no tendrán falta de ningún bien». Esto no es una promesa de abundancia material. El mismo salmo dice, más adelante, que muchas son las aflicciones del justo (v. 19). El bien aquí es lo que Dios considera bueno para quien le teme, y Dios mismo es el mayor de esos bienes. Jesús dijo que él es el pan de vida (Jn 6:35). En la lectura cristiana, gustar que el Señor es bueno es, al final, conocerlo a él.
¿Cómo gustar hoy? No con un experimento para poner a prueba a Dios, como quien exige una señal, sino con pasos de confianza: leer un pasaje de la Escritura con atención, orar con honestidad, obedecer en un punto concreto, dar gracias por algo pequeño. David comenzó diciendo que bendeciría a Yahvé «en todo tiempo». La gratitud entrena los ojos para ver la bondad que ya está presente, incluso en los días en que es más difícil verla.
Conexiones
- 1 Pedro 2:2-3 (explícito en el texto): Pedro retoma el lenguaje del v. 8 al hablar de los que ya han gustado que el Señor es bueno.
- Juan 6:35 (lectura editorial): Jesús se presenta como el pan de vida: la bondad de Dios que se gusta en una persona.
- Mateo 28:6 (lectura editorial): La invitación a ver con los propios ojos se repite ante la tumba vacía.
Para aplicar
- Corazón: ¿conozco la bondad de Dios más por haber oído hablar de ella o por experiencia propia?
- Relaciones: ¿con quién puedo compartir, con sencillez, algo que Dios hizo por mí, como hizo David en el v. 4?
- Hoy: anota por la noche tres señales concretas de la bondad de Dios que percibiste a lo largo del día.
Oración
Señor, tú eres bueno, y tu bondad no depende de mi humor ni de mis circunstancias. Bendigo tu nombre. Confieso que muchas veces hablo de ti como quien solo te conoce de oídas, y que me refugio en otras cosas antes de refugiarme en ti. Hoy quiero gustar y ver. Abre mis ojos para ver tu bondad en las cosas pequeñas, enséñame a buscarte con sinceridad y dame valor para contar a otros lo que has hecho por mí. En el nombre de Jesús. Amén.
Para memorizar: Salmos 34:8
Paso para hoy: Hoy, antes de dormir, escribe tres momentos en los que percibiste la bondad de Dios y dale gracias por ellos en oración.
Para profundizar: lee Salmos 34 y conoce a Gratitud.