Escoge hoy
Devocional del 29 de septiembre · Josué 24:15 · 13 min de lectura
13Y os di tierra por la cual no trabajasteis, y ciudades que no edificasteis, en las cuales ahora habitáis; y coméis de viñas y olivares que no plantasteis». 14«Ahora, pues, temed a Yahvé, y servidle con integridad y en verdad; quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto, y servid a Yahvé. 15Y si mal os parece servir a Yahvé, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Yahvé». 16Entonces el pueblo respondió y dijo: «Nunca tal acontezca, que dejemos a Yahvé para servir a otros dioses; 17porque Yahvé nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales delante de nuestros ojos, y nos ha guardado en todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por los cuales pasamos. 18Y Yahvé arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Yahvé, porque él es nuestro Dios». 19Entonces Josué dijo al pueblo: «No podréis servir a Yahvé, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones ni vuestros pecados. 20Si dejareis a Yahvé y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien». 21El pueblo entonces dijo a Josué: «No, sino que a Yahvé serviremos». 22Y Josué respondió al pueblo: «Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Yahvé para servirle». Y ellos respondieron: «Testigos somos». 23«Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Yahvé Dios de Israel». 24Y el pueblo respondió a Josué: «A Yahvé nuestro Dios serviremos, y su voz obedeceremos». 25Entonces Josué concertó un pacto con el pueblo aquel mismo día, y les dio estatutos y ordenanzas en Siquem. 26Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios; y tomando una gran piedra, la levantó allí debajo de la encina que estaba junto al santuario de Yahvé. 27Y dijo Josué a todo el pueblo: «He aquí esta piedra servirá de testigo contra nosotros, porque ella ha oído todas las palabras que Yahvé nos ha hablado; será, pues, testigo contra vosotros, para que no faltéis a vuestro Dios».
Contexto
Josué 24 es el último capítulo del libro y la última asamblea de Josué, ya anciano. Reúne a todas las tribus en Siquem, en el centro de la tierra, probablemente al final del período de la conquista (la fecha exacta se debate, algo entre los siglos XV y XIII a. C.). El lugar no es casual: fue en Siquem donde Abraham recibió la promesa de la tierra (Gn 12:6-7), y es allí donde, al final del capítulo, los huesos de José por fin son sepultados.
El capítulo tiene la forma de una renovación del pacto. Primero, Josué habla en nombre de Dios y recuerda la historia: Taré sirviendo a otros dioses, el llamado de Abraham, Egipto, el mar, el desierto, la conquista. Solo después viene el pedido de respuesta. La pregunta de fondo es decisiva para la generación que entra en una tierra llena de otros cultos: ahora que la promesa se cumplió, ¿a quién va a servir este pueblo?
Lo que dice el texto
- v. 13: Antes de pedir nada, Dios recuerda lo que dio: «tierra por la cual no trabajasteis, y ciudades que no edificasteis». La exigencia viene después del regalo.
- v. 19: Cuando el pueblo promete servir, Josué responde de forma chocante: «No podréis servir a Yahvé, porque él es Dios santo». No acepta una promesa fácil.
- v. 23: El pedido final es concreto: «Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros». Los ídolos no estaban solo en la historia de los antepasados; estaban dentro de las tiendas.
Reflexión
Lee los versículos 2 a 13 y fíjate cuántas veces Dios dice «yo»: yo tomé, yo envié, yo saqué, yo os libré, yo os di. La historia de Israel se cuenta con Dios como sujeto de casi todos los verbos. Solo en el versículo 14 aparece el «Ahora, pues». Ese orden importa. La fe bíblica no comienza con una persona esforzándose para merecer a Dios, sino con Dios actuando primero. La elección que Josué propone es respuesta a una gracia ya recibida, no moneda para comprarla.
Fíjate también en lo que el versículo 15 no ofrece: la opción de no servir a nadie. Las alternativas son los dioses del pasado, «al otro lado del río», los dioses de la cultura alrededor, «de los amorreos en cuya tierra habitáis», o el Señor. Todo ser humano sirve a algo. Hoy los nombres cambiaron: dinero, aprobación, seguridad, rendimiento, la propia comodidad. La pregunta de Josué sigue vigente porque nadie vive neutral. Elegir no elegir también es una elección.
Después viene la parte que suele olvidarse. El pueblo responde con entusiasmo, y Josué dice que no pueden servir a un Dios santo. No es desprecio, es honestidad pastoral. Él sabe que las promesas entusiastas se deshacen, y el libro de Jueces muestra que, después de la generación de Josué, se levantó otra generación que no conocía al Señor (Jue 2:10). El versículo 31 lo confirma: Israel sirvió a Dios mientras vivieron los que habían visto sus obras. La fe no pasa automáticamente de padres a hijos; cada generación tiene que elegir.
Por eso el versículo 23 baja a tierra: hay dioses ajenos «que están entre vosotros». No basta con declarar lealtad; hay que sacar algo de la casa. Para ti, eso puede ser un hábito, un gasto escondido, una aplicación, un rencor que gobierna tus reacciones. Josué habla de su casa, «yo y mi casa», y eso no significa controlar la fe de nadie. Significa que él decide el rumbo de lo que depende de él y lo asume en público, delante de todos.
Josué y Jesús tienen el mismo nombre en hebreo, que significa algo como «el Señor salva». La carta a los Hebreos recuerda que el reposo que Josué dio al pueblo no fue el reposo final (Heb 4:8). Josué levantó una piedra como testigo contra el pueblo (v. 27); Jesús tomó sobre sí el fracaso de quienes no logran cumplir sus promesas. Si ya fallaste en esta elección, la invitación no terminó. Se sigue haciendo hoy, y sigue siendo respuesta a la gracia que llega primero.
Conexiones
- Jueces 2:10 (referencia cruzada): Muestra la generación siguiente que no conoció al Señor, confirmando que la fe no es una herencia automática.
- Hebreos 4:8 (explícito en el texto): El Nuevo Testamento menciona a Josué y dice que el reposo que él dio apuntaba a un reposo mayor.
- Mateo 6:24 (lectura editorial): Jesús retoma la misma lógica de Josué: nadie puede servir a dos señores.
Para aplicar
- Corazón: ¿qué «dios» de la cultura que te rodea ha estado recibiendo tu tiempo, tu ansiedad y tu obediencia sin que te des cuenta?
- Relaciones: ¿cómo vería tu casa (familia, compañeros de casa, amigos cercanos), en la práctica, que elegiste servir al Señor?
- Hoy: identifica una cosa concreta en medio de tu casa que le disputa el lugar a Dios y da un paso para quitarla.
Oración
Señor, tú actuaste primero. Sacaste a tu pueblo de la esclavitud, le diste tierra y ciudades que no edificó, y en Jesús me diste lo que yo nunca podría conquistar. Confieso que mis promesas son frágiles y que todavía guardo ídolos en medio de mi casa. No quiero servirte solo con palabras bonitas. Dame valor para quitar lo que ocupa tu lugar y para inclinar mi corazón a ti. Que yo y mi casa te sirvamos con sinceridad, hoy y mañana. Amén.
Para memorizar: Josué 24:15
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, quita o limita una cosa específica que ha ocupado el lugar de Dios en tu rutina y cuéntale esa decisión a alguien de tu casa.
Para profundizar: lee Josué 23–24 y conoce a Josué.