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Devocional

Él tiene cuidado de ti

Devocional del 17 de noviembre · 1 Pedro 5:7 · 12 min de lectura

1Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: 2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 5Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: «Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes». 6Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; 7echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 8Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. 10Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 11A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
1 Pedro 5:1–11 · SBLM

Contexto

La primera carta de Pedro fue escrita para cristianos esparcidos por varias provincias de Asia Menor, en la actual Turquía (1:1). Por lo que sabemos, no enfrentaban una persecución oficial en todo el imperio, pero sufrían hostilidad en el día a día: calumnias, exclusión, desconfianza de los vecinos por haber dejado las antiguas costumbres. La carta se atribuye tradicionalmente al apóstol Pedro y fue escrita probablemente desde Roma, llamada en clave “Babilonia” (v. 13), alrededor de los años 60 d. C.

El capítulo 5 es la parte final de la carta. Pedro habla primero a los ancianos, los líderes de las comunidades, pidiéndoles que pastoreen sin codicia y sin autoritarismo (v. 1–4). Después pide humildad a todos, citando Proverbios 3:34. Solo entonces llega la invitación a echar las preocupaciones sobre Dios, seguida enseguida de una advertencia sobre el diablo. La ansiedad aquí no se trata en el vacío: aparece en medio de la vida comunitaria, del sufrimiento real y de la lucha espiritual.

Lo que dice el texto

Reflexión

El versículo 7 suele circular solo, en tarjetas y estampas. Pero en el texto viene pegado al versículo anterior. Pedro dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios”, y continúa, sin punto final, con el pedido de echar sobre él la ansiedad. En griego, el verbo “echar” está en una forma que depende del “humillaos”. En otras palabras: entregarle la ansiedad a Dios es una forma concreta de humildad. Y sostenerlo todo solo, por más que parezca responsabilidad, puede ser una forma disfrazada de orgullo.

La palabra “echar” es fuerte. En el Nuevo Testamento aparece solo una vez más, en Lucas 19:35, cuando los discípulos echan sus mantos sobre el pollino en el que Jesús iba a montar. Es un gesto físico, de quitarse algo de encima y ponerlo sobre otro. No es un suspiro vago; es una transferencia. Y Pedro da el motivo: “porque él tiene cuidado de vosotros”. La razón para entregar no es una técnica para calmar la mente, sino el carácter de quien recibe. Puedes poner el peso sobre Dios porque a Él le importas.

Fíjate también en lo que viene justo después: “Sed sobrios, y velad” (v. 8). Entregar la ansiedad no es desconectarse de la realidad. Quien echa sus preocupaciones sobre Dios sigue atento, trabaja, resiste al mal, cuida de los demás. La diferencia es que ya no carga el mundo sobre la espalda. Hay un tipo de preocupación que dice: todo depende de mí. Y hay una vigilancia serena que dice: yo hago mi parte, y Dios gobierna el resto.

El texto también es honesto sobre el sufrimiento. Pedro recuerda que hermanos en todo el mundo pasan por los mismos dolores (v. 9) y habla de un tiempo de sufrimiento antes de la restauración (v. 10). No hay promesa de que los problemas desaparezcan cuando oramos. La promesa es de cuidado, de gracia y de un Dios que termina lo que empezó. Quien enfrenta una ansiedad intensa no necesita oír que le falta fe; a veces, cuidarse incluye buscar ayuda de personas y de profesionales, y eso también puede ser una forma de echar el peso.

Pedro sabía de qué hablaba. Fue él quien se hundió en el mar al mirar el viento, y fue él quien negó a Jesús tres veces por miedo. Y fue a él a quien el Resucitado buscó, preguntándole si lo amaba. Pedro experimentó que el Príncipe de los pastores (v. 4) cuida de ovejas frágiles. Hoy, dile a Dios el nombre exacto de lo que pesa sobre ti. No una lista genérica, sino la cosa concreta. Y devuélvesela a Él.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: Describe con honestidad la preocupación que más ha ocupado tu mente. ¿Qué temes que suceda? Después escribe qué significa, en este caso específico, creer que Dios tiene cuidado de ti.

Oración

Dios de toda gracia, tú eres poderoso y, al mismo tiempo, cuidas de mí. Tu mano es fuerte y sostiene lo que yo no logro sostener. Confieso que muchas veces intento cargarlo todo solo, como si el futuro dependiera solo de mí, y eso me ha cansado y me ha alejado de ti. Me humillo ante ti ahora y echo sobre ti esta preocupación que conozco por su nombre. Dame sobriedad para hacer mi parte y paz para dejar contigo el resto. En el nombre de Jesús, Amén.

Para memorizar: 1 Pedro 5:7
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, cada vez que vuelva la misma preocupación, di en voz baja: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

Para profundizar: lee 1 Pedro 4–5 y conoce a Simón Pedro.

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