El Señor proveerá
Devocional del 23 de septiembre · Génesis 22:14 · 13 min de lectura
1Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: «¡Abraham!» Y él respondió: «Aquí estoy». 2Y le dijo: «Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré». 3Y Abraham se levantó muy de mañana, ensilló su asno, y tomó consigo a dos de sus mozos y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho. 4Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno; el muchacho y yo iremos hasta allí, adoraremos, y volveremos a vosotros». 6Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo; y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y fueron ambos juntos. 7Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: «¿Padre mío?» Y él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». Y él dijo: «He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?» 8Y respondió Abraham: «Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío». E iban juntos. 9Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, compuso la leña, ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11Entonces el ángel de Yahvé le dio voces desde el cielo, y dijo: «¡Abraham, Abraham!» Y él respondió: «Aquí estoy». 12Y dijo: «No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo». 13Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar «Yahvé proveerá». Por tanto se dice hoy: «En el monte de Yahvé será provisto». 15Y llamó el ángel de Yahvé a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16y dijo: «Por mí mismo he jurado, dice Yahvé, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado a tu hijo, tu único hijo, 17de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto has obedecido a mi voz».
Contexto
Abraham ya es anciano cuando ocurre este episodio. Décadas antes, Dios lo había llamado a dejar su tierra con una promesa: de él vendría una descendencia numerosa, y por medio de ella serían benditas todas las naciones (Gn 12:1-3). La espera fue larga. Isaac nació cuando Abraham y Sara ya no tenían ninguna esperanza humana, y el nombre del niño, ligado a la risa, recordaba lo imposible que Dios había hecho. Ahora toda la promesa colgaba de la vida de un único hijo.
Es en ese punto que el texto avisa, ya en el v. 1, que «probó Dios a Abraham». El lector sabe desde el principio que se trata de una prueba; Abraham no lo sabe. Algunos pueblos vecinos de Israel llegaban a sacrificar a sus hijos a sus dioses, práctica que la Ley después condena con dureza (Lv 18:21), y la narración termina mostrando que el Dios de Abraham no la quiere. Moriah se asocia más tarde con el monte donde Salomón construyó el templo en Jerusalén (2 Cr 3:1), un vínculo que da aún más peso al nombre que Abraham le dio al lugar.
Lo que dice el texto
- v. 5: Antes de subir, Abraham dice a sus mozos: «el muchacho y yo iremos hasta allí, adoraremos, y volveremos a vosotros». Habla en plural, aun sin saber cómo eso sería posible.
- v. 8: Ante la pregunta de Isaac, Abraham responde: «Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío». Y el narrador lo repite: iban juntos.
- v. 13-14: El carnero es ofrecido «en lugar de su hijo», y el lugar recibe el nombre «Yahvé proveerá». El nombre celebra lo que Dios hizo, no la valentía de Abraham.
Reflexión
Este es uno de los textos más difíciles de la Biblia, y es honesto decirlo. Un padre camina tres días hacia un monte llevando al hijo que ama, la leña y el cuchillo. El narrador no describe lo que Abraham sentía; registra gestos: se levantó muy de mañana, cortó la leña, se puso en camino. El silencio pesa. Quien ha esperado un diagnóstico, una sentencia o una respuesta que no llegaba conoce algo de ese camino, en el que se sigue andando sin saber cómo terminará la historia.
La palabra que atraviesa el capítulo es ver. El nombre que Abraham da al lugar viene del verbo hebreo ra'ah, que significa ver; por eso se dice que, literalmente, el nombre podría leerse como el Señor verá. En el v. 4, Abraham alza los ojos y ve el lugar de lejos. En el v. 8, dice que Dios proveerá, es decir, verá, el cordero. En el v. 13, alza los ojos otra vez y ve el carnero trabado en el zarzal. Proveer, aquí, es ver de antemano y cuidar de lo que se ha visto. Abraham no vio la solución en el camino; solo la vio cuando llegó al lugar.
Fíjate en que el texto no promete que Dios siempre evitará nuestro dolor. Promete algo más sólido: Dios no es indiferente, y es él quien provee el sacrificio. El carnero muere en lugar de Isaac, y el hijo baja del monte vivo porque otro ocupó su lugar. Desde los primeros siglos, muchos cristianos han leído esta escena como una sombra de Jesús. Es una lectura tradicional, no una afirmación explícita del Nuevo Testamento sobre Génesis 22; aun así, Pablo habla de un Padre que no perdonó a su propio Hijo (Ro 8:32), y Juan el Bautista llama a Jesús el Cordero de Dios (Jn 1:29). La pregunta de Isaac, dónde está el cordero, encuentra allí una respuesta que él no podía imaginar.
Hebreos 11:17-19 dice que Abraham pensó que Dios era poderoso aun para levantar a Isaac de entre los muertos. Eso fue lo que sostuvo el «volveremos» del v. 5. La fe de Abraham no era ausencia de miedo; era la convicción de que Dios cumpliría lo que había prometido, aun cuando él no lograba ver de qué manera.
Tal vez estés subiendo tu propio monte, con la leña a cuestas y preguntas sin respuesta. Este texto no garantiza el desenlace que deseas. Pero te invita a poner delante de Dios aquello que más amas y más temes perder, confiando en que él ve el camino entero. El Dios que proveyó el carnero proveyó el Cordero. Puedes dar el próximo paso sabiendo que no caminas solo, ni sin ser visto.
Conexiones
- Hebreos 11:17-19 (explícito en el texto): El Nuevo Testamento cita este episodio y explica la fe de Abraham como confianza en que Dios podía resucitar a Isaac.
- Romanos 8:32 (referencia cruzada): Pablo describe al Padre que no perdonó a su propio Hijo, un lenguaje que hace eco del «no me rehusaste a tu hijo» de Génesis 22.
- Juan 1:29 (lectura editorial): La pregunta de Isaac por el cordero encuentra, en la lectura cristiana tradicional, respuesta en Jesús, presentado como el Cordero de Dios.
Para aplicar
- Corazón: ¿qué es lo que más miedo tengo de perder, y qué revela eso sobre dónde está mi seguridad?
- Relaciones: ¿quién cerca de mí está subiendo un monte difícil y necesita oír que no camina solo?
- Hoy: escribe en un papel la necesidad que más te pesa y ora entregándosela a Dios por su nombre.
Oración
Señor, tú eres el Dios que ve. Nada de lo que cargo escapa a tus ojos, y fuiste tú quien proveyó el Cordero en mi lugar. Confieso que muchas veces me aferro con fuerza a lo que amo, como si mi vida dependiera de ello, y desconfío de tu cuidado cuando no veo el camino. Hoy pongo en tus manos la necesidad que más me pesa. Dame fe para caminar aun sin ver el final, y ojos para reconocer tu provisión cuando llegue. En el nombre de Jesús, Amén.
Para memorizar: Génesis 22:14
Paso para hoy: Antes de dormir, anota una provisión de Dios que solo reconociste después de pasar por ella y dale gracias por ella en oración.
Para profundizar: lee Génesis 21–22 y conoce a El sacrificio de Isaac.