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Devocional

El Señor peleará por ustedes

Devocional del 25 de septiembre · Éxodo 14:14 · 13 min de lectura

10Cuando el faraón se acercó, los hijos de Israel alzaron los ojos y vieron que los egipcios marchaban tras ellos, y se llenaron de gran temor. Entonces los hijos de Israel clamaron a Yahvé, 11y le dijeron a Moisés: “¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto? ¿Por qué nos has hecho esto, sacándonos de Egipto? 12¿No es esto lo que te decíamos en Egipto: ‘Déjanos en paz, para que sirvamos a los egipcios’? Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto”. 13Moisés dijo al pueblo: «No temáis. Estad firmes y ved la salvación que Yahvé obrará hoy a favor vuestro; porque a los egipcios que habéis visto hoy, nunca más los volveréis a ver. 14Yahvé peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos». 15Yahvé dijo a Moisés: «¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. 16Y tú, levanta tu vara, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por en medio del mar en seco. 17He aquí que yo endureceré el corazón de los egipcios, y ellos entrarán tras vosotros. Y me glorificaré en el faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería. 18Y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando me haya glorificado en el faraón, en sus carros y en su caballería.» 19El ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se apartó y se puso detrás de ellos; y la columna de nube se apartó de delante de ellos y se colocó a sus espaldas, 20poniéndose entre el campamento de Egipto y el campamento de Israel. Para unos era nube y tinieblas, mientras que para los otros alumbraba la noche; de modo que en toda la noche no se acercaron los unos a los otros. 21Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahvé hizo retirar el mar mediante un fuerte viento del este que sopló toda la noche, y secó el mar, y las aguas se dividieron. 22Los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda. 23Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos hasta la mitad del mar: todos los caballos del faraón, sus carros y su caballería. 24Y aconteció a la vigilia de la mañana, que Yahvé miró hacia el ejército de los egipcios desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército egipcio. 25Atascó las ruedas de sus carros, de modo que avanzaban con pesadez. Entonces los egipcios dijeron: «¡Huyamos de delante de Israel, porque Yahvé pelea por ellos contra los egipcios!»
Éxodo 14:10–25 · SBLM

Contexto

Israel acababa de salir de Egipto después de generaciones de esclavitud y de las plagas que culminaron en la Pascua (Éx 12). La fecha del éxodo es debatida por los estudiosos, probablemente entre los siglos XV y XIII a. C. Sorprendentemente, Dios manda al pueblo dar la vuelta y acampar junto al mar (v. 2), en una posición que, a los ojos del faraón, parecía un error de ruta: «El desierto los ha encerrado» (v. 3).

El faraón se arrepiente de haber liberado la mano de obra esclava y sale con «seiscientos carros escogidos» (v. 7). Los carros de guerra eran la tecnología militar más temida de la época; un pueblo a pie, con niños y rebaños, no tenía ninguna oportunidad. De un lado, el ejército; del otro, el mar. Es en ese callejón sin salida donde Israel clama, se desespera y oye las palabras de Moisés. El capítulo deja claro que Dios llevó al pueblo allí a propósito, para que Egipto supiera que él es el Señor (v. 4).

Lo que dice el texto

Reflexión

Hay momentos en que todas las salidas parecen cerradas. Detrás, algo que te persigue: una deuda, un vicio, una culpa, una amenaza real. Delante, un mar que no sabes cómo cruzar. Israel estaba exactamente ahí, y la primera reacción fue humana y comprensible: miedo, gritos, acusación. El texto no lo esconde. El pueblo llega a decir que prefería volver a la esclavitud. El miedo tiene ese poder de hacer que la prisión antigua parezca un lugar cómodo.

La respuesta de Moisés es sorprendente. No dice: luchen con valentía. Dice: «Estad firmes y ved la salvación que Yahvé obrará». Y completa: «Yahvé peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos». El verbo hebreo detrás de estar quietos tiene el sentido de guardar silencio. No se trata de pereza, sino de dejar de agitarse, de dejar de intentar salvarse a uno mismo por medio del pánico. Es lo opuesto del pueblo que, un versículo antes, gritaba contra Moisés.

Pero el versículo siguiente equilibra la escena, y suele olvidarse. Dios dice a Moisés: «¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha.» La quietud interior no sustituye la obediencia exterior. El pueblo no abrió el mar, no derrotó carros, no controló el viento. Pero tuvo que caminar por el fondo del mar, entre muros de agua, durante la noche. Dios hace lo que solo él puede hacer; nosotros damos el paso que él manda dar. Confiar es dejar de luchar con las armas del miedo y empezar a andar en la dirección que Dios indicó.

Observa también el v. 19: el ángel de Dios y la columna de nube, que iban delante, pasan detrás del pueblo, entre Israel y el ejército. Dios se coloca exactamente en el punto de la amenaza. Hasta los egipcios reconocen, en el v. 25, que «Yahvé pelea por ellos». Siglos después, Pablo recuerda esa travesía como parte de la historia de la iglesia (1 Co 10:1-2): el pueblo de Dios es un pueblo que pasó por las aguas y fue liberado por otro.

Los cristianos ven en esto un retrato de lo que hizo Jesús: enfrentó a los enemigos que nosotros no podíamos vencer, el pecado y la muerte, y abrió camino donde no lo había. Eso no significa que toda lucha desaparecerá mañana. Significa que tu salvación no depende de la fuerza de tu brazo. Hoy, tal vez tu paso sea pequeño: dejar de reaccionar con pánico, orar con honestidad y hacer lo siguiente que es correcto. Lo demás está en las manos de quien abre mares.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: En esta lucha que enfrento, ¿qué parte es mi responsabilidad obedecer, y qué parte solo Dios puede resolver?

Oración

Señor, tú eres el Dios que abre camino en el mar y se coloca entre tu pueblo y el enemigo. No hay ejército demasiado grande para ti. Confieso que, cuando me siento acorralado, grito, acuso y a veces deseo volver a lo que me tenía atado. Aquieta mi corazón agitado. Hoy te entrego esta lucha que no logro vencer, y te pido valor para dar el paso que tú me mandas dar, aun sin ver el otro lado. En el nombre de Jesús, Amén.

Para memorizar: Éxodo 14:14
Paso para hoy: Hoy, cuando la ansiedad apriete, detente un minuto en silencio, lee Éxodo 14:14 en voz alta y haz la próxima tarea concreta que esté a tu alcance.

Para profundizar: lee Éxodo 12–14 y conoce a El cruce del Mar Rojo.

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