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Devocional

Él no te abandonará

Devocional del 5 de noviembre · Deuteronomio 31:6 · 12 min de lectura

1Moisés fue y dijo estas palabras a todo Israel. 2Les dijo: “Hoy tengo ciento veinte años. Ya no puedo salir ni entrar. Yahvé me ha dicho: ‘No pasarás este Jordán’. 3El propio Señor, tu Dios, pasará delante de ti. Destruirá a estas naciones delante de ti, y tú las desposeerás. Josué pasará delante de ti, como ha dicho el Señor. 4El Señor hará con ellos lo que hizo con Sijón y con Og, los reyes de los amorreos, y con su tierra, cuando los destruyó. 5El Señor los entregará delante de ti, y tú harás con ellos todo lo que te he mandado. 6Sé fuerte y valiente. No les tengas miedo ni temor, porque el mismo Yahvé, tu Dios, es quien va contigo. Él no te fallará ni te abandonará”. 7Moisés llamó a Josué y le dijo a la vista de todo Israel: «Esfuérzate y sé valiente, porque irás con este pueblo a la tierra que Yahvé ha jurado a sus padres que les daría, y la harás heredar. 8El mismo Yahvé es quien va delante de ustedes. Él estará con ustedes. No te fallará ni te abandonará. No tengas miedo. No te desanimes». 9Moisés escribió esta ley y la entregó a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca de la alianza de Yahvé, y a todos los ancianos de Israel. 10Moisés les ordenó diciendo: «Al final de cada siete años, en el tiempo establecido del año de la liberación, en la fiesta de las cabañas, 11cuando todo Israel haya venido a presentarse ante Yahvé vuestro Dios en el lugar que él elija, leerás esta ley ante todo Israel en su audiencia. 12Reúne al pueblo, a los hombres, a las mujeres y a los niños, y a los extranjeros que estén dentro de tus puertas, para que oigan, aprendan, teman a Yahvé vuestro Dios y observen para cumplir todas las palabras de esta ley, 13y para que sus hijos, que no han sabido, oigan y aprendan a temer a Yahvé vuestro Dios, mientras vivas en la tierra donde pasas el Jordán para poseerla.»
Deuteronomio 31:1–13 · SBLM

Contexto

Deuteronomio reúne los últimos discursos de Moisés en las llanuras de Moab, al este del río Jordán, probablemente a finales del siglo XV o en el siglo XIII a. C., según la fecha que se adopte para el Éxodo. El pueblo pasó cuarenta años en el desierto. La tierra prometida está a la vista, al otro lado del río. Moisés tiene ciento veinte años y sabe que no va a cruzar (v. 2). El capítulo 31 es una despedida y un traspaso de liderazgo.

Para quienes escuchaban, el miedo era concreto. Había pueblos fuertes y ciudades fortificadas al otro lado. El texto habla de guerra y conquista, algo que incomoda al lector moderno y que hay que leer dentro de aquel momento único de la historia de Israel, y no como modelo para hoy. El punto del versículo 6 es otro: el líder que los acompañó durante cuarenta años iba a salir de escena. La pregunta en el aire era sencilla y angustiante: ¿quién va con nosotros ahora?

Lo que dice el texto

Reflexión

Existe un tipo de miedo que aparece cuando alguien importante se va. Un padre que muere, un mentor que se muda, un pastor que deja la iglesia, un matrimonio que termina. Israel conocía ese miedo aquel día. Moisés había sido la voz de Dios para ellos durante cuarenta años. Ahora decía, con todas las letras, que no cruzaría el Jordán. Es justo en ese vacío donde se pronuncia el versículo 6.

Lo que llama la atención es que Moisés no intenta volverse indispensable. Podría haber dicho: sin mí se van a perder. En cambio, señala más allá de sí mismo: «el mismo Yahvé, tu Dios, es quien va contigo». La presencia de Dios no dependía de la presencia de Moisés. El valor que él pide no es un rasgo de personalidad, como si los fuertes fueran los que tienen menos miedo. El texto manda no tener miedo y, en la misma frase, da la razón: alguien va con ellos.

Ahora lee los versículos 16 a 18 del mismo capítulo. Dios le dice a Moisés que ese pueblo sería infiel, iría tras otros dioses y rompería el pacto. Es decir, la promesa de que Dios no los abandonaría fue dada a personas que Él sabía que iban a fallar. El texto también es honesto sobre las consecuencias: habría días en que Dios escondería su rostro por causa del pecado de ellos (v. 17-18). La promesa no es una licencia para la desobediencia. Pero muestra que la fidelidad de Dios no comenzó con la fidelidad del pueblo.

Esta promesa no se quedó atrapada en el Jordán. La carta a los Hebreos retoma estas palabras y las aplica a los cristianos, en un contexto en el que el tema es el contentamiento y la tentación del amor al dinero (Heb 13:5). El autor entiende que el Dios que acompañó a Israel es el mismo que acompaña a la iglesia. Y Jesús, al despedirse de sus discípulos, prometió estar con ellos todos los días (Mt 28:20). La presencia que Moisés anunció llegó hasta nosotros en Cristo.

Eso no significa que la travesía será fácil ni que no habrá batallas. Israel todavía tendría que cruzar un río y enfrentar pueblos más fuertes. La promesa no elimina el camino; garantiza compañía en el camino. Por eso, tal vez la pregunta de hoy no sea si tienes suficiente valor, sino si estás mirando a quien va delante de ti. La valentía bíblica nace cuando los ojos dejan el tamaño del problema y se vuelven hacia la presencia de Dios.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: Escribe sobre una travesía que tienes por delante. ¿De qué tienes miedo exactamente? ¿Qué cambia si tienes la certeza de que no vas solo?

Oración

Señor, tú eres el Dios que va delante de tu pueblo y que no abandona a los suyos. Te adoro porque tu fidelidad no depende de la mía. Confieso que muchas veces pongo mi seguridad en personas, en lugares y en planes, y siento miedo cuando cambian. Confieso también que me desanimo ante el tamaño de las cosas. Hoy te entrego la travesía que tengo por delante. Dame un valor que venga de tu presencia y no de mi fuerza. Camina conmigo y enséñame a confiar. En el nombre de Jesús, Amén.

Para memorizar: Deuteronomio 31:6
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, identifica una decisión que el miedo está frenando y da el primer paso práctico, pequeño y concreto, hacia ella.

Para profundizar: lee Deuteronomio 31–34 y conoce a Josué.

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