Deléitate en el Señor
Devocional del 5 de octubre · Salmos 37:4 · 12 min de lectura
1No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. 2Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. 3Confía en Yahvé, y haz el bien; habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. 4Deléitate asimismo en Yahvé, y él te concederá las peticiones de tu corazón. 5Encomienda a Yahvé tu camino, y confía en él; y él hará. 6Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. 7Guarda silencio ante Yahvé, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades. 8Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo. 9Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Yahvé, ellos heredarán la tierra. 10Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí. 11Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz.
Contexto
El Salmo 37 se atribuye a David y pertenece al grupo de los salmos sapienciales: no es un grito de auxilio, sino la enseñanza de alguien mayor («Joven fui, y he envejecido», v. 25) para quien está perdiendo la paz al ver prosperar el mal. En hebreo, el salmo es un acróstico: las estrofas comienzan, por lo general, con las letras del alfabeto en orden. Es un recurso para memorizar y también una manera de decir que el tema se trató de principio a fin.
El problema de fondo es antiguo y actual: ¿por qué a quien engaña, explota y miente parece irle bien, mientras que quien intenta ser recto pasa apuros? El salmista no niega la injusticia ni manda fingir que todo está bien. Cambia la dirección de la mirada. En lugar de fijar los ojos en el éxito del impío, pasajero como la hierba (v. 2), invita a fijar el corazón en el Señor. El versículo 4 está en medio de todo esto, rodeado de verbos: confía, haz el bien, encomienda, guarda silencio, espera.
Lo que dice el texto
- v. 1: El salmo comienza con una orden que toca las emociones: «No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad». El primer problema que trata es la envidia, no la falta de bienes.
- v. 4: El deleite viene antes de la promesa. El texto no dice que Dios nos dará lo que queremos para que entonces nos alegremos en él; dice primero «Deléitate asimismo en Yahvé», y solo después habla de las peticiones del corazón.
- v. 7: «Guarda silencio ante Yahvé, y espera en él» muestra que el deleite convive con la espera. No se promete ningún plazo, y el enojo se nombra de nuevo como peligro en el versículo siguiente (v. 8).
Reflexión
Es fácil leer el versículo 4 como un contrato: yo me alegro en Dios y, a cambio, él me entrega la lista de mis sueños. Pero fíjate en el lugar donde aparece el versículo. No está en un salmo sobre logros; está en un salmo sobre la envidia. El lector original miraba al vecino deshonesto que prosperaba y sentía que el corazón le hervía. A ese corazón irritado el salmista le dice: «Deléitate asimismo en Yahvé, y él te concederá las peticiones de tu corazón».
La palabra hebrea traducida por «Deléitate» lleva la idea de un placer delicado, de algo que se saborea con calma, casi como un manjar. No es el placer de quien usa a alguien para llegar a otra cosa, sino el de quien encuentra en Dios mismo lo que de verdad satisface. Y aquí está el punto que lo cambia todo: cuando Dios se convierte en el placer del corazón, los deseos de ese corazón empiezan a cambiar de dirección. Quien se deleita en el Señor empieza a desear lo que el Señor ama: justicia, paz, su presencia. Por eso la promesa no es un cheque en blanco; es la descripción de lo que sucede cuando el deseo y el Dador se encuentran.
Esto no significa que nuestros deseos comunes no importen. Dios no desprecia el anhelo de tener trabajo, casa, familia y salud. Pero el salmo pone esos deseos en orden. Más adelante dice: «Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores» (v. 16). Quien aprendió a deleitarse en Dios puede vivir con poco sin amargura y con mucho sin idolatría. La envidia pierde fuerza, porque ya no necesitamos lo que el otro tiene para sentirnos completos.
Quizá estás en medio de una espera que duele. El salmo no promete cuándo ni cómo. Dice «Guarda silencio ante Yahvé, y espera en él» (v. 7), porque sabe que la espera es real. Jesús retomó el lenguaje de este salmo en el Sermón del Monte, al decir que los mansos heredarán la tierra (Mt 5:5; compáralo con el v. 11). Y él mismo lo vivió: no buscó el camino rápido del éxito, encomendó su camino al Padre y fue exaltado después de la cruz. En Cristo vemos que el deleite en Dios no es una huida del dolor, sino una confianza que atraviesa el dolor.
Entonces, la pregunta de hoy no es solo qué quiero que Dios me dé, sino en qué he encontrado placer. Si la respuesta está solo en los regalos, es hora de volver al Dador. No con esfuerzo para producir un sentimiento, sino con práctica: leer la Escritura, dar gracias, obedecer en cosas pequeñas, dejar de compararte. Los sentimientos suelen venir detrás de los pasos.
Conexiones
- Mateo 5:5 (referencia cruzada): Jesús retoma casi literalmente el v. 11: los mansos heredarán la tierra.
- Filipenses 4:11-12 (referencia cruzada): Pablo aprendió a vivir contento con poco o con mucho, la misma libertad del v. 16.
- Salmos 16:11 (referencia cruzada): En la presencia de Dios hay plenitud de gozo: el deleite tiene a Dios mismo como objeto.
Para aplicar
- Corazón: ¿en qué he encontrado placer de verdad esta semana, y qué revela eso sobre lo que amo?
- Relaciones: ¿de quién he sentido envidia, y cómo puedo bendecir a esa persona en lugar de compararme?
- Hoy: antes de pedir cualquier cosa en oración, agradece a Dios por tres cosas sobre quién es él, y no sobre lo que te ha dado.
Oración
Señor, tú eres bueno y fiel, y nada de lo que existe es más hermoso que tú. Confieso que muchas veces me irrito con la vida de los demás y comparo lo que tengo con lo que ellos tienen. Confieso también que he buscado más tus regalos que tu presencia. Te encomiendo mi camino y mis deseos, incluso los que todavía no entiendo. Enséñame a deleitarme en ti. Cambia lo que quiero, para que quiera lo que tú amas, y dame paciencia para esperar en ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Para memorizar: Salmos 37:4
Paso para hoy: Cuando te venga un pensamiento de comparación o envidia en las próximas 24 horas, cámbialo por una frase de gratitud a Dios, en voz baja o por escrito.
Para profundizar: lee Salmos 37 y conoce a Alegría.