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Devocional

Clemente y compasivo

Devocional del 11 de noviembre · Salmos 103:8 · 12 min de lectura

1¡Bendice a Yahvé, alma mía! Y bendiga todo mi ser su santo nombre. 2Bendice a Yahvé, alma mía, y no olvides ninguno de sus beneficios. 3Él es quien perdona todas tus iniquidades, quien sana todas tus dolencias, 4quien rescata tu vida del sepulcro, quien te corona de favores y misericordias, 5quien sacia de bien tus anhelos, de modo que te rejuvenezcas como el águila. 6Yahvé ejecuta obras de justicia, y defiende el derecho de todos los oprimidos. 7Dio a conocer sus caminos a Moisés, y sus proezas a los hijos de Israel. 8Clemente y compasivo es Yahvé, lento para la ira, y grande en misericordia. 9No contenderá para siempre, ni guardará su enojo perpetuamente. 10No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. 11Porque como se alzan los cielos sobre la tierra, así de grande es su misericordia para con los que le temen. 12Tan lejos como está el oriente del occidente, así hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. 13Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece Yahvé de los que le temen. 14Porque él conoce nuestra condición. Se acuerda de que somos polvo.
Salmos 103:1–14 · SBLM

Contexto

El Salmo 103 se atribuye a David y es uno de los himnos de alabanza más conocidos de la Biblia. No nace de una petición, sino de una conversación interior: el salmista le habla a su propia alma y la convoca a bendecir a Dios (v. 1–2). El salmo se va abriendo en círculos: del alma del individuo al pueblo de Israel (v. 7), luego a toda la humanidad frágil (v. 14–16) y, al final, a los ángeles y a todas las obras de Dios (v. 20–22).

El versículo 8 no es una frase nueva. Es una cita casi directa de Éxodo 34:6, cuando Dios se revela a Moisés justo después del episodio del becerro de oro. Allí el pueblo acababa de traicionar el pacto, y aun así Dios se describió a sí mismo como misericordioso, clemente y lleno de amor leal. El versículo 7 apunta exactamente a ese momento al recordar que Dios «Dio a conocer sus caminos a Moisés». La misericordia que se celebra aquí fue revelada en el peor momento del pueblo.

Lo que dice el texto

Reflexión

Cuando alguien nos decepciona muchas veces, la paciencia disminuye. Con Dios, el texto muestra un movimiento distinto. El versículo 8 repite las palabras que Él mismo usó en el Sinaí justo después de que el pueblo fabricara un ídolo y danzara a su alrededor. No fue en un buen día cuando Dios se presentó como misericordioso. Fue el día en que Israel tenía menos derecho a oírlo. David, siglos después, canta esas mismas palabras porque conocía la historia, y probablemente porque conocía la suya.

La palabra «misericordia» del versículo 8 traduce aquí el hebreo jésed, una de las más ricas del Antiguo Testamento. Habla de un amor comprometido, ligado a un pacto, que se mantiene firme cuando la otra parte falla. No es un sentimiento que sube y baja; es fidelidad. Por eso el versículo 10 puede decir: «No nos ha tratado según nuestros pecados». La misericordia no finge que el pecado no existe; decide no devolver con la misma medida.

El salmo usa tres imágenes para darle tamaño a esto. La altura de los cielos sobre la tierra (v. 11). La distancia entre el oriente y el occidente (v. 12), dos puntos que nunca se encuentran. Y un padre que se compadece de sus hijos (v. 13). Si creciste sin un buen padre, tal vez sientas lejana esta imagen. Pero el texto no te pide que imagines a tu padre; define lo que es un padre a partir de Dios: alguien que conoce la debilidad de su hijo y responde con ternura.

Vale la pena ser honestos con el versículo 3, que habla de un Dios que «sana todas tus dolencias». El mismo salmo recuerda, pocas líneas después, que nuestros días son como la hierba (v. 15). David no está prometiendo una vida sin enfermedad, sino alabando a Dios como la fuente de toda sanidad que recibimos, y la Escritura apunta a la restauración completa en la resurrección. El centro del salmo no es lo que Dios nos da, sino quién es Él. En Jesús vemos ese retrato en carne y hueso: el Hijo que se compadecía de las multitudes y que, en la cruz, cargó el pecado que no nos devolvió.

Tal vez empiezas este día con el recuerdo de un fracaso de ayer. El salmo no te manda olvidar lo que hiciste. Te manda no olvidar lo que Dios hizo. Háblale a tu alma, como David: recuérdale quién es Dios. La memoria de sus beneficios es el suelo donde el arrepentimiento deja de ser desesperación y se convierte en un nuevo comienzo.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: Si Dios se acuerda de que eres polvo, ¿qué exigencia sobre ti mismo puedes dejar hoy delante de Él? Escribe sobre eso.

Oración

Señor, tú eres clemente y compasivo, lento para la ira y grande en misericordia. Todo mi ser quiere bendecir tu santo nombre. Confieso que olvido tus beneficios con facilidad y recuerdo mis fallas más que tu fidelidad. Confieso también que trato a los demás con menos paciencia de la que recibo de ti. Gracias porque no me tratas según mis pecados. Enséñame a vivir como hijo que conoce tu cuidado, y a ofrecer a los demás la misma misericordia. En el nombre de Jesús, Amén.

Para memorizar: Salmos 103:8
Paso para hoy: Antes de dormir en las próximas 24 horas, recuerda tres momentos del día en que recibiste algo que no merecías y agradece a Dios por cada uno.

Para profundizar: lee Salmos 103; Éxodo 34:1-9 y conoce a El becerro de oro.

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