Cercano a los quebrantados
Devocional del 9 de octubre · Salmos 34:18 · 12 min de lectura
11Venid, hijos, oídme; el temor de Yahvé os enseñaré. 12¿Quién es el hombre que desea vida, que anhela muchos días para ver el bien? 13Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. 14Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela. 15Los ojos de Yahvé están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. 16La ira de Yahvé está contra los que hacen mal, para raer de la tierra su memoria. 17Claman los justos, y Yahvé oye, y los libra de todas sus angustias. 18Cercano está Yahvé a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. 19Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Yahvé. 20Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado. 21Matará al malo la maldad, y los que aborrecen al justo serán asolados. 22Yahvé redime el alma de sus siervos, y no serán asolados cuantos en él confían.
Contexto
El Salmo 34 se atribuye a David y está ligado, por su título, a un episodio de 1 Samuel 21: huyendo de Saúl, David buscó refugio entre los filisteos, fue reconocido y, con miedo, fingió estar loco para escapar (1 S 21:10–15). El título llama al rey Abimelec, mientras que 1 Samuel lo llama Aquis; probablemente Abimelec era un título usado por los reyes filisteos. El salmo, por lo tanto, nace de la experiencia de un hombre acorralado, humillado y con miedo.
En hebreo, el Salmo 34 es un acróstico: los versículos siguen, por lo general, el orden del alfabeto. La primera parte es alabanza y testimonio (vv. 1–10); la segunda es enseñanza, como un maestro que llama a sus alumnos: «Venid, hijos, oídme» (v. 11). El versículo 18 está en esta parte de enseñanza. No es un desahogo aislado; es una lección que David aprendió en carne propia y quiere transmitir: el sufrimiento del justo es real, pero no es abandono.
Lo que dice el texto
- v. 15: «Los ojos de Yahvé están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos». El texto habla de atención: Dios ve y escucha.
- v. 18: El texto no dice que Dios impida que el corazón se quebrante; dice que «Cercano está Yahvé a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu».
- v. 19: «Muchas son las aflicciones del justo» desmonta la idea de que quien es fiel no sufre. La promesa es de liberación, no de ausencia de aflicción.
Reflexión
Existe una idea muy difundida de que, cuando sufrimos, Dios está lejos, o de que el dolor es señal de que hicimos algo mal. El Salmo 34 afirma lo contrario, y con la autoridad de quien tocó fondo. David había fingido locura para salvar su vida, dejando que la saliva le corriera por la barba delante de extranjeros (1 S 21:13). De esa humillación salió enseñando: «Cercano está Yahvé a los quebrantados de corazón».
El versículo 19 tiene una honestidad poco común: «Muchas son las aflicciones del justo». No pocas; muchas. La Biblia no vende una fe sin heridas. Lo que dice es que, en esas aflicciones, Dios no se aleja. La palabra «quebrantados» describe algo partido, agrietado. Y los «contritos de espíritu» son, literalmente, los aplastados. Son imágenes de quien ya no tiene fuerzas para levantarse solo. Es justamente ahí donde el texto pone a Dios: cerca.
Hay un contraste interesante en el propio salmo. El corazón puede estar quebrantado (v. 18), pero poco después el texto dice: «Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado» (v. 20). En hebreo, es el mismo verbo de quebrar. Es como si el salmista dijera: puede haber algo partido en ti, pero hay algo más profundo que Dios guarda. El Evangelio de Juan, al narrar la crucifixión, cuenta que los soldados no le quebraron las piernas a Jesús y dice que eso cumplió la Escritura (Jn 19:36), en una cita que hace eco de este versículo y de la regla del cordero de la Pascua (Éx 12:46). Aquel que tuvo el corazón quebrantado en la cruz es el mismo que hoy se acerca a los quebrantados.
Estar cerca no significa resolverlo todo de inmediato. A veces la cercanía de Dios no se siente como alivio, sino como fuerza para atravesar un día más. El salmo termina con una palabra firme: «no serán asolados cuantos en él confían» (v. 22); el verbo hebreo habla de ser declarado culpable. Quien está herido a veces carga culpa, vergüenza o miedo de estar siendo castigado. El texto responde: quien se refugia en el Señor no está bajo condenación.
Si hoy estás quebrantado, no necesitas recomponerte antes de orar. Dios no espera que te arregles para acercarse. Clama tal como estás, como los justos del versículo 17. Y si conoces a alguien quebrantado, recuerda que una de las formas más comunes en que Dios muestra su cercanía es por medio de personas que se quedan cerca, escuchan y no apresuran el dolor del otro.
Conexiones
- Juan 19:36 (explícito en el texto): Juan cita la promesa de que ningún hueso sería quebrantado (v. 20), junto con la regla del cordero pascual, al narrar la muerte de Jesús.
- Isaías 57:15 (referencia cruzada): El Dios alto y santo habita también con el contrito y humilde de espíritu.
- 2 Corintios 1:3-4 (referencia cruzada): El Dios de toda consolación consuela a los afligidos para que ellos también consuelen a otros.
Para aplicar
- Corazón: ¿dónde he interpretado mi dolor como señal de que Dios está lejos?
- Relaciones: ¿quién a mi alrededor tiene el espíritu abatido y necesita presencia, no consejos?
- Hoy: ora el versículo 18 diciendo el nombre de tu dolor y envía un mensaje sencillo a alguien que está sufriendo, diciéndole que estás cerca.
Oración
Señor, tus ojos están sobre los justos y tus oídos atentos a su clamor. Tú no te alejas de quien está herido; tú te acercas. Confieso que, en el dolor, muchas veces pensé que estabas lejos, o que tenía que parecer fuerte para llegar a ti. Aquí estoy tal como estoy, con el corazón quebrantado y el espíritu abatido. Quédate cerca de mí, líbrame conforme a tu voluntad y guarda lo más profundo que hay en mí. Hazme también presencia para quien sufre a mi lado. En el nombre de Jesús. Amén.
Para memorizar: Salmos 34:18
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, haz una visita, una llamada o envía un mensaje a alguien que esté pasando por un duelo o una crisis, solo para estar presente.
Para profundizar: lee 1 Samuel 21–22 y conoce a David.