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Devocional

Aunque la higuera no florezca

Devocional del 26 de octubre · Habacuc 3:17 · 13 min de lectura

2Yahvé, he oído tu fama; me asombro, Yahvé, de tus obras. Renuévalas en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazlas conocer; en la ira, acuérdate de la misericordia. 3Dios vino de Temán, el Santo desde el monte Parán. Selah. Su gloria cubrió los cielos, y su alabanza llenó la tierra. 4Su esplendor fue como la luz del sol; rayos brillantes salían de su mano, donde se escondía su poder. 5Delante de su rostro iba la peste, y la plaga seguía sus pasos. 6Se detuvo y sacudió la tierra; miró e hizo temblar a las naciones. Los montes antiguos se desmoronaron, los collados eternos se hundieron. Sus caminos son los de siempre. 7Vi las tiendas de Cusán en aflicción; las moradas de la tierra de Madián temblaban. 8¿Te airaste, Yahvé, contra los ríos? ¿Fue tu ira contra los ríos, o tu furor contra el mar, cuando montaste en tus caballos, en tus carros de victoria? 9Descubriste por completo tu arco; las saetas fueron juradas según tu palabra. Selah. Hendiste la tierra con los ríos. 10Te vieron los montes y tuvieron temor; pasó la inundación de las aguas. El abismo dio su voz, y levantó sus manos en lo alto. 11El sol y la luna se detuvieron en su morada; a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu reluciente lanza. 12Con indignación marchaste sobre la tierra; con ira trillaste a las naciones. 13Saliste para la salvación de tu pueblo, para la salvación de tu ungido. Aplastaste la cabeza de la casa del impío, descubriéndola desde el cimiento hasta la roca. Selah. 14Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros, que como torbellino acometieron para dispersarme, regocijándose como si devoraran al pobre en secreto. 15Pisaste el mar con tus caballos, sobre la masa de las grandes aguas. 16Oí, y se conmovieron mis entrañas; al oír tu voz, temblaron mis labios. Entró la carcoma en mis huesos, y en mi lugar me estremecí; porque debo esperar en silencio el día de la angustia, cuando suba contra el pueblo el que lo ha de invadir. 17Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; 18con todo, yo me alegraré en Yahvé, y me gozaré en el Dios de mi salvación. 19Yahvé, el Señor, es mi fortaleza; él hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace caminar. Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerda.
Habacuc 3:2–19 · SBLM

Contexto

El capítulo 3 es una oración hecha para ser cantada. El v. 1 la presenta con una indicación musical, Shigionoth, la palabra Selah aparece tres veces y el final trae una nota para el jefe de los cantores. Probablemente se usaba en el culto. El libro recorre un camino: empieza con queja (cap. 1), pasa por la espera (cap. 2) y termina en cántico (cap. 3). Pero las circunstancias no cambiaron en el camino. La invasión babilónica sigue en el horizonte, y el propio profeta dice que va a esperar el día de la angustia.

Los v. 3-15 recuerdan antiguas manifestaciones de Dios con imágenes del éxodo y de la conquista: Dios que viene de Temán y del monte Parán, las aguas agitadas, el sol y la luna detenidos en el cielo. Después, el v. 17 hace una lista que un agricultor de Judá entendería al instante: higuera, vid, olivo, campos, ovejas y vacas. No se trata de una mala cosecha, sino del colapso de todo lo que sostenía la vida en una sociedad agrícola. En la práctica, la lista describe hambre.

Lo que dice el texto

Reflexión

Hay textos que solo tienen sentido cuando se leen completos. Separado del resto, el v. 17 se vuelve un cuadro bonito en la pared. Leído justo después del v. 16, es otra cosa: quien canta está temblando. Se le conmueven las entrañas, le tiemblan los labios, siente como si la carcoma le entrara en los huesos. No es la alegría de quien no siente nada. Es la alegría de quien lo siente todo y, aun así, elige dónde apoyar los pies.

Fíjate en la lista. No son lujos. Higos, uvas, aceite, grano, rebaño y ganado eran comida, ingreso y futuro. Para una familia de Judá hacia el año 600 a. C., perder eso era pasar hambre. Habacuc no dice que esas pérdidas no importen. Dice otra cosa: aunque desaparezca todo aquello con lo que yo contaba, existe Alguien con quien sigo pudiendo contar. «Me gozaré en el Dios de mi salvación» (v. 18). La alegría tiene una dirección, y esa dirección no depende de la cosecha.

¿Cómo llega hasta ahí? Por la memoria. Antes del v. 17 vienen los v. 3-15, un largo cántico sobre lo que Dios ya hizo: vino de Temán, pisó el mar, abrió camino para su pueblo. Habacuc canta el pasado para poder enfrentar el futuro. Y en el v. 2 pide que Dios renueve sus obras en medio de los tiempos. La fe que canta en la oscuridad no se inventa en el momento; se alimenta de lo que Dios ya hizo y de la confianza de que él sigue siendo el mismo.

El final es una imagen de montaña: «Yahvé, el Señor, es mi fortaleza; él hace mis pies como de ciervas» (v. 19). La cierva anda con firmeza por lugares empinados. El texto no promete que la montaña vaya a desaparecer; promete pies para ella. Para el cristiano, la mayor obra de Dios que hay que recordar es la cruz y la resurrección de Jesús. Pablo, escribiendo preso, dijo haber aprendido a vivir contento en la abundancia o en el hambre, porque Cristo lo fortalecía. Es la misma escuela de Habacuc.

Si estás en una etapa en la que la escasez no es una figura retórica, porque llegó el desempleo, el diagnóstico o el duelo, este texto no te pide que sonrías. Te ofrece palabras. Honestidad para decir que estás temblando. Memoria para recordar lo que Dios ya hizo. Y una decisión para decir, aunque sea en voz baja: con todo. Tal vez hoy tu alegría sea pequeña, una sola frase. Dila de todos modos. Nombra lo que falta, como Habacuc lo nombró, y después de la lista añade esas dos palabras.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: Escribe tu propio aunque: enumera con honestidad lo que falta en tu vida ahora. Después escribe tu con todo, diciendo en qué puedes alegrarte en Dios hoy.

Oración

Señor, tú eres el Dios de mi salvación y mi fortaleza. Lo que hiciste en el pasado muestra quién eres. Confieso que muchas veces mi alegría depende de lo que tengo, y que cuando algo falta me cierro y me olvido de ti. Confieso también el miedo que siento ante lo que todavía puede venir. Pongo delante de ti mi lista de carencias, sin esconder nada. Enséñame a decir con todo. Dame pies firmes para los lugares altos y difíciles, y sostenme en Cristo, que venció la muerte. Amén.

Para memorizar: Habacuc 3:17-18
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, cuando notes algo que falta, detente y di una frase de alabanza a Dios por quién es él, y no por lo que te ha dado.

Para profundizar: lee Habacuc 3 y conoce a Alegría.

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