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Devocional

Alegría en su presencia

Devocional del 8 de noviembre · Salmos 16:11 · 12 min de lectura

1Guárdame, oh Dios, porque en ti me refugio. 2Oh alma mía, dijiste a Yahvé: «Tú eres mi Señor. No hay para mí bien fuera de ti». 3Para los santos que están en la tierra, ellos son los excelentes en quienes está toda mi complacencia. 4Se multiplicarán los dolores de los que corren tras otro dios. No ofreceré sus libaciones de sangre, ni tomaré sus nombres en mis labios. 5Yahvé es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. 6Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos; y es hermosa la heredad que me ha tocado. 7Bendeciré a Yahvé, que me aconseja; aun por las noches me enseña mi conciencia. 8A Yahvé he puesto siempre delante de mí; porque él está a mi diestra, no seré conmovido. 9Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi lengua; mi carne también reposará confiadamente. 10Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. 11Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.
Salmos 16:1–11 · SBLM

Contexto

El Salmo 16 se atribuye a David y lleva en el título una palabra hebrea de sentido incierto, que la Santa Biblia Libre para el Mundo simplemente transcribe como Mictam. Es una oración de confianza. Empieza con un pedido de protección (v. 1), pero pronto se convierte en una declaración: fuera de Dios, el salmista no tiene bien alguno (v. 2). No sabemos en qué momento de la vida de David fue escrito.

El lenguaje viene de la vida en Israel. Cuando la tierra fue repartida entre las tribus, se usaron suertes y cuerdas de medir para delimitar las porciones. Los levitas no recibieron tierra, porque el propio Señor era su herencia (Nm 18:20). El salmista usa esa imagen para sí mismo: Dios es su porción. En el Nuevo Testamento, los versículos 8 a 11 fueron citados por Pedro el día de Pentecostés, aplicados a la resurrección de Jesús (Hch 2:25-31).

Lo que dice el texto

Reflexión

Muchos crecimos con una idea torcida de Dios: que estar cerca de Él es sinónimo de peso, obligación y pérdida de alegría. El Salmo 16 dice lo contrario. Termina con una frase audaz: «en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre». Plenitud quiere decir medida llena, sin que falte nada. Para el salmista, la presencia de Dios no le quita la alegría a la vida; es el lugar donde la alegría llega entera.

Pero fíjate de dónde viene esa conclusión. Empieza en el versículo 2, con una confesión que cuesta: fuera de Dios, ningún bien. Es lo contrario de la lógica común, que dice que necesitamos muchas cosas para ser felices. El salmista también hace una elección negativa: no ofrecerá libaciones a otros dioses (v. 4). En sus días, eran ídolos con nombre y altar. Hoy, son cosas que prometen plenitud y entregan dolores multiplicados: aprobación, dinero, control, placer sin límite.

La imagen de las cuerdas de medir en el versículo 6 es especialmente hermosa. Imagina el reparto de la tierra, cada familia recibiendo su porción. Algunos se quedaban con valles fértiles, otros con laderas de piedra. El salmista mira su parte y dice: es deleitosa, es hermosa. No porque sea la más grande, sino porque el Señor es la porción de su herencia y de su copa (v. 5). Quien tiene a Dios como herencia puede mirar su propia vida, con límites y pérdidas, sin sentirse engañado.

El salmo va más allá de esta vida. En el versículo 10, David confía en que Dios no lo dejará en el Seol, el mundo de los muertos. El día de Pentecostés, Pedro citó estos versículos y explicó que David murió y fue sepultado, pero habló como profeta sobre la resurrección del Mesías (Hch 2:29-31). Ese es un cumplimiento explícito en el Nuevo Testamento. Por eso, para el cristiano, la senda de la vida del versículo 11 tiene nombre: Jesús, que venció a la muerte. La alegría en la presencia de Dios no termina en la tumba.

Tal vez hoy tu alegría esté muy atada a lo que tienes o dejaste de tener. El salmo no te pide que desprecies los buenos regalos de la vida, ni promete que todo saldrá bien. Te invita a poner siempre al Señor delante de ti (v. 8), como quien ordena la casa para recibir a un huésped de honor. Empieza con poco: un tiempo sin prisa en su presencia, sin pedidos, solo reconociendo que Él es tu bien.

Conexiones

Para aplicar

Para tu diario: Mira las cuerdas de tu vida hoy: ¿qué es hermoso en la porción que recibiste, aun con sus límites? Escribe al menos tres cosas.

Oración

Yahvé, tú eres mi Señor, y no hay para mí bien fuera de ti. Te alabo porque en tu presencia hay plenitud de gozo y porque en Jesús venciste a la muerte. Confieso que he buscado alegría en otros lugares, y que muchas veces miro mi porción con envidia de la porción de los demás. Hoy elijo ponerte delante de mí. Muéstrame la senda de la vida, enséñame a encontrar en ti mi deleite y guarda mi corazón de otros dioses. En el nombre de Jesús, Amén.

Para memorizar: Salmos 16:11
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, aparta diez minutos para leer el Salmo 16 despacio, en voz alta, y termina dando gracias por una cosa concreta de tu porción.

Para profundizar: lee Salmos 16 y Hechos 2 y conoce a Alegría.

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