¿A quién temeré?
Devocional del 4 de octubre · Salmos 27:1 · 12 min de lectura
1Yahvé es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? Yahvé es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? 2Cuando se acercaron a mí los malignos para devorar mis carnes, mis adversarios y mis enemigos, ellos tropezaron y cayeron. 3Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. 4Una cosa he demandado a Yahvé, esta buscaré: que esté yo en la casa de Yahvé todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Yahvé, y para inquirir en su templo. 5Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto. 6Y ahora levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean; y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas a Yahvé. 7Oye, oh Yahvé, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí, y respóndeme. 8Mi corazón ha dicho de ti: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, oh Yahvé. 9No escondas tu rostro de mí; no apartes con ira a tu siervo. Mi ayuda has sido; no me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. 10Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Yahvé me recogerá. 11Enséñame, oh Yahvé, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos. 12No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. 13Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Yahvé en la tierra de los vivientes. 14Aguarda a Yahvé; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Yahvé.
Contexto
El Salmo 27 lleva el título «De David». El texto no dice en qué momento de su vida fue escrito, y cualquier vínculo con un episodio específico es una hipótesis. El salmo menciona malignos, un ejército acampado y testigos falsos (vv. 2, 3, 12), lo que muestra a alguien bajo amenaza real, tanto física como de acusaciones. David vivió muchas situaciones así, antes y después de ser rey (c. 1000 a. C.).
El salmo tiene dos partes con tonos muy diferentes. En los versículos 1 a 6 predomina la confianza: el Señor es luz, salvación y fortaleza. En los versículos 7 a 14, el tono cambia a súplica: oye, no escondas tu rostro, no me dejes. Algunos estudiosos llegaron a pensar que eran dos salmos unidos. Pero, leídos juntos, muestran algo verdadero: la confianza y el miedo conviven en la misma oración.
Lo que dice el texto
- v. 3: El salmista no niega el peligro: «Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón». La confianza aparece frente a la amenaza, no en su ausencia.
- v. 4: Rodeado de enemigos, su pedido principal no es seguridad, sino presencia: «Una cosa he demandado a Yahvé»: estar en su casa y «contemplar la hermosura de Yahvé».
- v. 8: La iniciativa es de Dios. Él dice primero «Buscad mi rostro», y solo entonces el corazón responde: «Tu rostro buscaré, oh Yahvé». La búsqueda humana responde a una invitación.
Reflexión
El versículo 1 hace dos preguntas: «¿a quién temeré?» y «¿de quién he de atemorizarme?». No son preguntas ingenuas, hechas por alguien que vive sin amenazas. Son preguntas hechas frente a adversarios concretos. El salmista no dice que el peligro no existe. Dice que no tiene la última palabra, porque el Señor es su luz, su salvación y «la fortaleza de mi vida», el lugar adonde uno corre cuando llega el ataque.
Fíjate en que las imágenes del versículo 1 son personales: no es «la luz», sino «mi luz». La respuesta al miedo, en el salmo, no es una técnica ni una frase positiva. Es una persona. Cuando el miedo aprieta, el salmista no intenta convencerse de que todo saldrá bien. Mira quién es Dios. Eso cambia la pregunta. En vez de preguntar qué pasará si viene lo peor, pregunta: ¿quién está conmigo cuando pase?
El versículo 4 sorprende. Con un ejército a la puerta, pide «una cosa», y esa cosa no es la derrota de los enemigos. Es estar cerca de Dios, contemplar su hermosura e inquirir en su templo. El miedo se encoge cuando el corazón encuentra algo mayor que desear. Muchos de nuestros miedos crecen porque el centro de nuestra vida está ocupado por cosas que podemos perder. El salmista descubrió que la presencia de Dios vale más que la propia seguridad.
Pero el salmo no termina en un triunfo fácil. A partir del versículo 7, la voz tiembla: no escondas tu rostro, no me desampares. El versículo 10 habla de un dolor profundo, el abandono del padre y de la madre, y afirma: «Yahvé me recogerá». Si dudas, si tienes miedo aun sabiendo lo que dice la Biblia, este salmo es para ti. La fe y el miedo aparecen lado a lado. La diferencia está en el lugar adonde se lleva el miedo: a Dios, en oración.
El salmo termina con un llamado, no con una garantía de resultado: «Aguarda a Yahvé». Aguardar, aquí, es permanecer confiado mientras la respuesta no llega. Jesús dijo ser la luz del mundo, y que quien lo sigue no camina en la oscuridad (Jn 8:12). Eso no borra todas las amenazas, pero pone luz en el camino. Hoy, ponle nombre a tu miedo delante de Dios y llévalo dentro de la oración de este salmo.
Conexiones
- Juan 8:12 (lectura editorial): Jesús se presenta como la luz del mundo, dando rostro a la confesión de que el Señor es mi luz.
- Romanos 8:31 (lectura editorial): Pablo hace una pregunta parecida a la del salmo: si Dios está a favor de nosotros, ¿quién puede estar en contra?
- Salmos 23:4 (referencia cruzada): Otro salmo atribuido a David afirma la ausencia de miedo en el valle oscuro por la presencia del Señor.
Para aplicar
- Corazón: ¿cuál es el miedo que más ha gobernado tus decisiones esta semana?
- Relaciones: ¿quién cerca de ti tiene miedo y necesitaría tu presencia más que tus consejos?
- Hoy: escribe tu miedo en una frase y, al lado, escribe el versículo 1 del Salmo 27; ora con las dos frases juntas.
Oración
Señor, tú eres mi luz, mi salvación y la fortaleza de mi vida. Tu hermosura es mayor que cualquier amenaza a mi alrededor. Confieso que muchas veces el miedo habla más fuerte que mi fe, y que busco seguridad en todo, menos en tu presencia. No escondas de mí tu rostro. Enséñame tu camino y dame valor para aguardarte mientras la respuesta no llega. En Jesús, la luz del mundo. Amén.
Para memorizar: Salmos 27:1
Paso para hoy: En las próximas 24 horas, cuando aparezca el miedo, detente y repite en voz baja el Salmo 27:1 antes de tomar cualquier decisión.
Para profundizar: lee Salmos 27–28 y conoce a David.